En agosto de 2025, Laurita Fernández tomó una decisión que marcó un antes y un después en su vida personal. A los 38 años, en pleno auge de su carrera y con la agenda colmada de compromisos como La cena de los tontos, la actriz eligió congelar sus óvulos, priorizando la libertad de decidir cuándo será madre. El tema, aún atravesado por tabúes y silencios en muchos ámbitos, fue abordado por Laurita con la honestidad y apertura que la caracterizan. Finalmente, su testimonio se fue abriendo paso en los medios y recientemente volvió a ser eje de conversación durante una entrevista en Núcleo en Vivo (YouTube), donde relató en primera persona cómo vivió el proceso, desde los temores iniciales hasta la necesidad de compartir la experiencia con otras mujeres.
“Yo estaba inyectándome en el camarín”, contó Laurita, recordando aquellos primeros días en los que mantenía el tema en secreto, casi como si se tratara de algo prohibido. “No decía nada, como si fuese tabú el tema”, admitió. Con la naturalidad de quien ya hizo el trabajo interno, la actriz relató que se animó a investigar, aprovechando que estaba en la “edad ideal” para hacerlo. Pero rápidamente aclaró que no existe una única edad y que todo depende de los estudios y del estado de salud de cada mujer: “Después, obviamente, cualquier mujer lo puede hacer a la edad en que todavía sus óvulos estén en condiciones y, si está todo óptimo, se puede hacer y se puede llevar adelante”.
Laurita describió con detalles la logística y las anécdotas que atravesó durante el tratamiento. “Me metí en el proceso diciendo: ‘Bueno, dale, hagámoslo. Sí, me parece que está bueno congelar óvulos como una reserva’. Esa reserva ovárica, si la puedo tener, la tengo”, reflexionó.

Incluso, recordó un momento complicado en el que debía continuar con su agitada agenda mientras llevaba adelante el proceso y mantener refrigerada la dosis a inyectarse. “El señor del remís se llevó la bolsita a su casa, me la guardó en la heladera todo el evento que era en un lugar descampado y después fue él el que me volvió a llevar a Buenos Aires. Así que un genio, porque me vino a buscar y bueno, me puse la inyección y nos fuimos a Buenos Aires”, relató con humor, describiendo uno de esos pequeños grandes gestos de solidaridad inesperada.
El tratamiento no fue solo físico, sino también emocional y social. Laurita confesó que al principio le costaba contárselo a sus compañeros de teatro, incluso cuando esto impactaba en su rutina diaria: “En una de las últimas funciones previo al proceso, yo ya estaba bastante inflamada, entonces les dije: ‘Chicos, capaz que hoy hago unas mini acrobacias un poquito más tranquilas, me van a ver hacerlas, pero otra versión porque estoy con unos temitas en los ovarios’”. Enseguida contó lo que ocurrió: “Uno de los chicos me dice: ‘Gordi, ¿congelaste óvulos?’. Yo dije... ‘Sí’ y me respondió: ‘Ay, bueno, lo que necesites’. Con eso me dio una contención espectacular y yo me quedé helada. Pensé: ‘Qué boluda, ¿cómo no les conté antes?’’”.
Fue en ese momento cuando Laurita tomó conciencia del proceso que estaba llevando adelante. “Siento que esto puede ayudar a un montón de chicas que no tienen capaz la información, que es un tema que es cero tabú, que la tecnología nos ayuda un montón al día de hoy. Está re bueno si tenés la posibilidad económica de hacerlo, obvio. Y ahí fue cuando decidí contarlo”, explicó.
La decisión de Laurita Fernández, lejos de ser un acto solitario, se convirtió en una herramienta para abrir el diálogo sobre maternidad, tiempos personales y autonomía femenina. Su experiencia, compartida con honestidad y sin dramatismo, ayuda a desmitificar un proceso cada vez más común entre mujeres que, como ella, pueden elegir algún día ser madres sin presiones ni mandatos sociales.




