Domenech, frente a la cámara y en su etapa como futbolista en Riestra

Se juega como se vive. O como se trabaja, podría patentar Sebastián Domenech. Porque así como cual sabueso persigue con obsesión los detalles de los casos policiales en la pantalla de TV, hasta los 25 años cazaba con celo a los delanteros más rudos del Ascenso. Y lo hacía con gusto, afilando los tapones de los botines antes de cada justa.

“Era buen tiempista, anticipaba y era de ir al choque. Me gustaba marcar al 9 de área y no al chiquito, al ligerito, porque para mí eso era una pesadilla. Me encantaba el desafío de la marca personal”, confiesa el periodista de Canal 13 y TN, que abre las puertas de su otro yo.

Domenech fue futbolista, pasó por las canteras de Yupanqui, Banfield y Platense, enfrentó a jugadores luego consagrados como Esteban Cambiasso, Martín Demichelis o Sebastián Battaglia y se reveló como un recio defensor (marcador central o lateral izquierdo) con las casacas de Deportivo Riestra o Lugano. Una vez retirado, cuando el periodista le ganó la pulseada al deportista, incluso se recibió de técnico, en una camada que incluyó a Fernando Gamboa y Marcelo Bravo. Pancho Sá fue el encargado de entregarle el diploma.

Pero las luces le llegaron por otra vía, por el periodismo policial, que abrazó como un trabajo complementario mientras regaba sus sueños en el fútbol y lo terminó apasionando tanto como la pelota.

Sin embargo, el balón sigue picando en la vida de este hincha de Estudiantes con el mismo ruido a cuero que lo hechizó en su infancia. “Cuando dejé el fútbol, me quedó el velorio. Siempre está dando vueltas. En los primeros tiempos, veía en la cancha al Tecla Farias o al Hueso Galletti, contra los que había jugado, y eso me pegaba. Digamos que dejé del todo el fútbol. Después me picó el bichito de nuevo. Hoy de grande, veo los partidos y me encantaría estar ahí”, describe en diálogo con Infobae cómo fue la reconciliación.

Domenech, capitán, ante un jovencísimo Germán Delfino como árbitro

Clase 80, el cronista se inició en el fútbol infantil a los seis años: alternaba entre el baby y la cancha de 11. Uno de sus hermanos jugaba en Yupanqui y él lo acompañaba. “Un día faltó alguien de la categoría y me metieron”, evoca cómo pasó de espectador entusiasma a parte de la cantera. En el último año de Infantiles, recibió una oferta. “Jorge Rodríguez, el formador que descubrió a Juan Román Riquelme, siempre estaba viendo a los jugadores rivales. Y me llamó para cambiar de club. La primera vez dije que no”, relata. Pero la segunda dio el sí y mudó sus ilusiones a Platense, con edad de Prenovena.

En el Marrón estuvo hasta Sexta, cuando pasó a Banfield. En el Taladro permaneció dos años, tuvo como compañeros a Julio Barraza y a Guido Rutili, quien luego edificó una carrera en el Ascenso y se transformó en su gran amigo. En su última temporada en el Taladro, las lesiones no lo ayudaron a tener su chance. “Estuve nueve meses en muletas”, se lamenta por la osteocondritis que no le pavimentó el camino.

En el 99 tuvo un tránsito por All Boys, luego recaló, sin participación oficial, en Tristán Suárez. Hasta que halló su lugar en Deportivo Riestra, que militaba en Primera C, pero en aguas encrespadas. “Se había armado un plantel con mucha gente experimentada, como el Polaco Héctor Balsa (ex Huracán), el Turu (Fernando) Peralta o el Laucha (Héctor) Santillán. Era un seleccionado para la categoría, pero los resultados no se dieron. Y el equipo se empezó a complicar con el descenso”, narra. Con las derrotas, el grupo empezó a perder soldados. Y los juveniles fueron tomando preponderancia, entre ellos, Sebastián Domenech.

“Yo iba al banco, en algún partido me había tocado ser titular, pero después me tocó jugar más”, explica la coyuntura. Hasta que esa evolución sufrió otro tropiezo. “En un partido con Acassuso, me agarré con un rival. Me echaron y me dieron siete fechas. Quedaban dos. Y nos fuimos a la D”, le quita el velo al desenlace.

Domenech, en su tránsito por las Inferiores de Banfield

Para otro jugador, tamaño desencanto pudo haber representado un golpe de nocaut. Pero no para Domenech. “Cumplí la suspensión y volví a jugar en la D. Terminé siendo el capitán del equipo. Estuve en el club hasta el 2005″, exhibe con orgullo esa medalla al tesón.

Mientras tanto, su otra profesión, la de periodista, empezaba a ganar puntos. “Mi viejo era reportero gráfico en el diario Crónica: Pastor Mario Domenech. Había hecho escuela en el género policial. Tenía contactos y conseguía primicias. Y le ofrecieron colaborar con la agencia NA para que aportara información. Él no podía hacerlo, entonces me propuso a mí. Y fui acreditado por la agencia a la sala de periodistas de la Policía Federal. Al mismo tiempo, empecé a estudiar en TEA”, enumera los pasos que dio.

Acostumbrado a lidiar con feroces delanteros, en su nuevo ámbito también se encontró con codos filosos. “Me costó, como en todo, tuve que pagar un derecho de piso. Pero también fue un mundo que me atrapó. Me encantaba moverme, averiguar. En esa época había que hacer mérito para conseguir un parte policial, que venían impresos”, rememora.

Entrevista en TN, la señal en la que terminó trabajando como periodista

A esa altura, todavía anhelaba poder vivir del fútbol, se aferraba a la esperanza, como a los jabonosos delanteros en la pelota quieta. “Soñaba con llegar a un club de la B, con firmar un contrato profesional”, le pone palabras al salto. Mientras, mantenía los oídos bien abiertos ante posibles pruebas en otros clubes y se fajaba como un verdadero gladiador.

“Me acuerdo de un clásico picante con Sacachispas. El técnico, el Tano Messina, me llevó en la semana a la cancha a ver al rival para estudiarlo y me marcó al 9, Alejandro Ayala (autor de casi 180 goles en el Ascenso). Me dijo: ‘Éste va a ser tuyo’”, introduce la historia.

Lo marcaba bien de cerca, entonces me dijo: ‘¿Hasta abajo de la cama me vas a seguir?’. ‘A todos lados’, le respondí. ‘No vas a hacer ni un gol’, agregué. ‘¿Qué apostás?’, me desafió. ‘Una Coca’, le dije. ¿Quién ganó? Hizo un gol, pero de penal, y en el partido de vuelta, jeje. Hace poco me mandó un mensaje, hacía años que no hablábamos, fue lindo", completa la pintura de aquella lucha de titanes.

Hubo otros centroatacantes que se las arreglaron para incomodarlo: “Por ejemplo, Sebastián Neuspiller, de Fénix. Por el físico, era más médico que jugador. Pero se las arreglaba para meter goles”. Domenech también acumuló gritos, que fueron transmitidos en los resúmenes de Ascenso en la pantalla de TN por los que hoy son sus compañeros. Toda una curiosidad.

Con el tiempo, el periodismo le empezó a mostrar otro horizonte. Y el fútbol le fue retaceando las facilidades para no tener que decidir. “En Riestra un técnico planteó cambiar los horarios de los entrenamientos y yo no podía, lo mismo que otros compañeros. Me fui a Lugano y estuve seis meses. Fue estirar la agonía”, detalla.

Domenech es técnico recibido. Aquí, con Pancho Sá, quien le entregó el diploma

“Yo era grande, tenía algunas cosas personales, me atrapó la pasión por el periodismo, me gustaba lo que hacía y me ayudó a dejar el fútbol, al que ya no le podía dedicar la misma energía”, argumenta la determinación. Tenía 25 años.

Luego, pasó a la agencia DyN, la profesión lo empujó a la pantalla y se convirtió en una referencia del género policial en TV. Pero el fútbol sigue dando vueltas en su vida. “Una buena cobertura o una buena nota es como hacer un gol”, apela a la analogía. “Juego todos los miércoles con amigos. Es uno de los mejores momentos de la semana”, califica. Y el Pincha le inyecta la dosis de adrenalina, aunque ahora en el rol del hincha: “Me identifico con la forma de jugar de (Leandro) González Pirez, que es agresivo, aguerrido. O con (Nicolás) Otamendi en la Selección, lo que hizo con Argentina fue una locura”. El defensor que fue sale al cruce con el estilo que lo cinceló. Sí, se juega como se vive. O como se trabaja.

Formación de Riestra de agosto de 2001. Domenech, con la casaca N° 2Domenech, con la 6 de Riestra. Se desarrolló como central y como lateral