
Las desclasificaciones están de máxima actualidad. Pedro Sánchez anunció la publicación de un dosier con todos los informes sobre la entrada masiva en Ceuta hechos entre el 1 de julio y el 1 de agosto, y este miércoles la web de La Moncloa lo lanzó. Hay dudas que no quedan resueltas, principalmente la supuesta implicación de Marruecos y si los avisos previos demostrados eran suficiente para mejorar la preparación ante la llegada de migrantes.
En medio de esta publicación, hay quien se acuerda de asuntos cuyos documentos no han llegado a ver la luz por la Ley de Secretos Oficiales. Este es el caso uno con una relación directa por tener a Marruecos como uno de los protagonistas: la Marcha Verde. Este jueves, el Congreso de los Diputados aprueba la ley de nacionalidad para los saharauis, que perdieron su condición de españoles en 1976, cuando terminó el plazo para solicitar mantenerse como españoles después de la ocupación del Sáhara Occidental por parte de Marruecos.
En 1975, el rey Hassán II lanza la movilización de civiles que acaba provocando la salida de los españoles. Francisco Franco estaba enfermo y cerca de fallecer, lo que hizo que el régimen encontrara como la mejor opción la entrega a Marruecos del territorio entonces controlado por España. Aquel movimiento no fue una sorpresa o una improvisación. Semanas antes la diplomacia movía sus hilos en la sombra. Aunque estas conversaciones y documentos no son públicos, desclasificaciones de Estados Unidos y filtraciones de Wikileaks han desvelado datos de aquellas reuniones.
Conocimiento de Estados Unidos de la Marcha Verde
La crisis de la Marcha Verde aceleró las negociaciones entre España y Marruecos en los últimos días del franquismo, mientras el entonces príncipe Juan Carlos asumía de forma interina las funciones de jefe de Estado por la enfermedad de Franco. Los cables, enviados desde las embajadas estadounidenses en Madrid y Rabat entre el 25 de octubre y el 2 de noviembre de 1975, describen una combinación de presión con personas, negociaciones reservadas y el temor de las autoridades españolas a un enfrentamiento con Marruecos.
El 30 de octubre, un informe desde Rabat, señaló que altos funcionarios españoles esperaban que Estados Unidos interviniera para frenar la marcha impulsada por el rey Hassan II. Así lo comunicó el representante de EEUU en Marruecos, Robert G. Neumann, al Secretario de Estado, Henry Kissinger (y en copia a sus embajadas en Madrid, Argel y la ONU). La embajada estadounidense, sin embargo, evaluó que el monarca marroquí difícilmente abandonaría el plan. “Hassan no se dejará disuadir de seguir adelante con sus planes”, indica un cable de la embajada.
El mismo documento sostuvo que la movilización había superado la capacidad de control político. Según el análisis diplomático, “la marcha ha cristalizado el nacionalismo marroquí latente” y había creado un clima que restringía el margen de maniobra. El cable también advirtió que los participantes sumaban “cientos de miles” y que, una vez concentrados en la frontera, la presión para avanzar aumentaría.

España buscó una negociación directa con Marruecos
Cinco días antes de las conversaciones entre Rabat y Washington, el 25 de octubre, el ministro secretario general del Movimiento en España, José Solís Ruiz, explicó a diplomáticos estadounidenses que el Gobierno español había decidido abrir una vía bilateral ante la posibilidad de un choque en el entonces Sáhara español. Según el cable, el dirigente franquista sostuvo que una multitud civil “de cientos de miles”, una vez movilizada, no podría detenerse con facilidad y podía derivar en “un episodio desastroso” entre las fuerzas españolas y los participantes marroquíes.
Tras reunirse con el rey Hassan II en Rabat, afirmó que España podría abandonar el Sáhara y consideró preferible una fórmula de autonomía bajo soberanía marroquí, según explica el embajador de EEUU en España a Kissinger. Solís también transmitió la preocupación española por una eventual falta de apoyo de Estados Unidos ante un conflicto, postura que Washington negó. En sus conversaciones con el padre del actual monarca Mohamed VI, el delegado elegido por Franco habría recibido la certeza de Hassán II de que el asunto de soberanía marroquí sobre Ceuta y Melilla quedaría suspendido hasta más adelante, comparándolo con Gibraltar como una situación que se tendría que abordar en algún momento.
El 30 de octubre, otro cable indicó que la gravedad del conflicto saharaui era uno de los motivos por los que España no podía permanecer sin un jefe de Estado operativo. Al día siguiente, Juan Carlos I asumió las funciones de forma temporal conforme al artículo 11 de la Ley Orgánica de 1967, mientras Franco permanecía gravemente enfermo. El 2 de noviembre, Juan Carlos viajó al Sáhara para lo que un alto funcionario español describió ante la embajada estadounidense como un “acto de presencia”. España intentó los métodos diplomáticos, pero también advirtió que no negociaría con el “lo tomas o lo dejas” y que, de seguir sin acuerdo, defenderían el Sáhara. Llegaron a diseñar el plan ‘Operación Marabunta’, pero finalmente la presión ganó y España se retiró. El 14 de noviembre firman el acuerdo de Madrid definitivo.



