Ana Márquez
Madrid, 10 sep (EFE).- Convertir el estigma en un manifiesto político es el motor creativo de La Chola Poblete. La artista argentina, que abraza etiquetas como "marrón, sudaca y trans", reivindica en una entrevista con EFE su derecho a ocupar los museos europeos sin pedir permiso y advierte sobre la exotización institucional y los recortes culturales de la extrema derecha.
Poblete (Mendoza, 1989) desembarca esta temporada en Madrid por partida doble. Forma parte de 'Continentes como semillas', la exposición que inaugura este jueves La Casa Encendida, donde su obra urbana dialoga sobre los legados del colonialismo con el flamenco de Niño de Elche y Pedro G. Romero. Además, la Galería Travesía Cuatro acogerá 'Marrón Barroco', su primera muestra individual en España.
Su llegada a las instituciones españolas es el último capítulo de una trayectoria internacional que dio un salto en 2022, cuando su encuentro con la reina Letizia en ARCO puso su obra en el foco mediático español. Dos años después, en 2024, recibió una mención especial del jurado por su trabajo en la Bienal de Venecia.
"He estado acostumbrada a que la mirada del otro necesite identificarme con algo, y entonces aparecen las etiquetas. Lo que he hecho en mi vida y en mi carrera es usar esas formas de encasillar a la inversa", relata a EFE la creadora.
Para ella, reapropiarse del insulto es una estrategia de empoderamiento: "Cuando esperan de mí que sea una víctima, yo me muestro como una diva".
Esa filosofía está incluso en su nombre artístico. 'Chola' es un término utilizado de forma despectiva en su región natal para referirse a mujeres migrantes de Bolivia y Perú que trabajaban en el campo o como empleadas domésticas. Criada en una familia migrante y matriarcal, Poblete adoptó la palabra para homenajearlas.
Al igual que en sus orígenes, la artista encuentra en la exposición de La Casa Encendida un espacio para reivindicar "lo marginal" y aunque inicialmente no veía una conexión directa entre su relato andino y el universo del flamenco de sus compañeros de muestra, pronto encontró un punto en común.
"Se trata de traer la calle hacia un adentro. Son producciones con un trabajo comunitario y popular. Cualquier persona que entra entiende que esto podría estar en la calle y que se trata de ser disruptivo con la idea de lo normado", defiende.
Poblete ha utilizado su propia corporalidad para reescribir una historia del arte andino en la que no se sentía representada y en la que los cuerpos indígenas aparecían a menudo desde una mirada exótica. Sin embargo, confiesa que esa exposición constante resulta agotadora.
Sus nuevas formulaciones artísticas nacen de la necesidad de "resguardarse": "Son pinturas mucho más mecánicas, en donde no hay tanta información personal para no exhibirme tanto. Siento que agoté poner mi cuerpo en la performance y empecé a trabajar con otros medios como la acuarela o el pan", explica.
Pese a ese intento por alejarse del componente autobiográfico, la artista reconoce que le resulta difícil desprenderse de él porque la visceralidad es el motor de su obra y, al final, acaba contando "cosas que quizás no debería, con recortes de diarios íntimos donde hablo del desamor o cito canciones".
El desembarco de la obra de Poblete en las instituciones españolas supone para ella "un antes y un después". En las paredes de La Casa Encendida, asegura, ha podido hacer y decir lo que ha querido "sin ningún filtro". No obstante, mantiene una mirada crítica sobre el circuito artístico y advierte del riesgo de que la inclusión termine convirtiéndose en una forma de exotización.
"Hay un hilo muy fino para saber si las instituciones quieren ser inclusivas o simplemente tienen que convocar a las disidencias por agenda", reflexiona.
Frente a esa posible mirada exotizante desde Europa hacia el arte disidente latinoamericano, la artista responde desde la reapropiación: "Si existe una cuestión de exotizar, quizás nos exotizaremos nosotras mismas y no lo harán los otros. Jugamos con estas etiquetas en clave de arte, ahí está el poder".
Ese poder se enfrenta también al auge de políticas conservadoras. Poblete cuenta que recientemente un proyecto suyo para una gran muestra en Chile fue cancelado porque consideraron que su obra era "como escupir una pared".
Sobre la situación cultural en Argentina bajo el Gobierno de Javier Milei, lamenta los recortes y el cierre de espacios, a quién le dedica una frase en las paredes de La Casa Encendida: "Milei, Take it Easy, no jodas con nosotrxs".
"Mi trabajo nace del 'underground', no me molestaría volver a un lugar independiente y de lucha", subraya.
Aunque reconoce que afronta esa posibilidad desde el "privilegio" que le otorga su actual reconocimiento en el circuito artístico, advierte de que su realidad personal no escapa a la violencia que sufre el colectivo trans.
"Soy una artista trans en el mundo del arte, pero cuando salgo a la calle soy una travesti más, a la gente le da igual la obra. Corro el mismo riesgo que cualquiera de mis compañeras que pasan por momentos horrorosos, porque la discriminación sigue existiendo", sentencia. EFE
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