Dos historias ocurridas con más de una década de diferencia terminaron unidas por un mismo nombre: José Gabriel del Rosario Brochero.
En septiembre de 2000, Nicolás Flores tenía apenas 11 meses cuando sufrió un grave accidente automovilístico que puso su vida en riesgo. Trece años más tarde, en octubre de 2013, Camila Brusotti, de ocho años, ingresó a un hospital de San Juan en estado crítico después de haber sufrido una brutal agresión.
En ambos casos, sus familias comenzaron a rezarle al sacerdote cordobés.
Las posteriores recuperaciones fueron analizadas durante años por la Iglesia Católica y finalmente reconocidas como milagros atribuidos a la intercesión del Cura Brochero.
Esos dos casos resultaron fundamentales para el proceso que llevó primero a su beatificación y luego a su canonización.
En octubre de 2016, el papa Francisco declaró santo a José Gabriel Brochero durante una ceremonia en la Plaza de San Pedro, convirtiéndolo en el primer santo nacido, vivido y fallecido en la Argentina.
Nicolás Flores y el primer milagro atribuido a Brochero
El 28 de septiembre de 2000, Nicolás viajaba junto con su familia rumbo a Mina Clavero, donde tenían previsto pasar el fin de semana.
El bebé tenía 11 meses y acababa de empezar a caminar. Sus padres querían compartir ese momento con sus abuelos.
Durante el viaje, sobre la ruta 34, a la altura de Falda del Cañete, una camioneta que circulaba sin luces se cruzó de carril e impactó contra el auto en el que viajaban Nicolás, sus padres y sus abuelos.
El choque tuvo consecuencias devastadoras.

El abuelo del bebé murió en el lugar y Nicolás sufrió las lesiones de mayor gravedad. También hubo víctimas fatales en el otro vehículo.
Según recordó su mamá, Sandra Violino, después del impacto el niño atravesó varios momentos críticos. Sufrió un primer paro cardíaco mientras recibía asistencia en el lugar y otros durante el traslado y la posterior internación.
Su cuadro era extremadamente delicado.
Los médicos tuvieron que operarlo y le dieron a la familia muy pocas esperanzas de supervivencia.
En medio de esa situación, su padre decidió encomendar la recuperación del bebé al Cura Brochero. La familia colocó además una estampita del sacerdote junto a la cama donde permanecía internado.
Contra los pronósticos iniciales, Nicolás recibió el alta aproximadamente un mes después del accidente.
Su recuperación, sin embargo, recién comenzaba.
El niño inició un largo proceso de rehabilitación y con el tiempo logró continuar su escolaridad. Terminó la primaria y el secundario, aunque le quedaron algunas secuelas motrices y ciertas dificultades vinculadas con el habla.
La relación de su familia con Brochero tenía además una historia previa: antepasados de Sandra habían colaborado con el sacerdote en la construcción de una capilla en la zona de Traslasierra.
Años después, Nicolás contó a TN que nunca se consideró una persona especial por haber sido protagonista del caso que la Iglesia reconoció como el primer milagro atribuido al Cura Gaucho.
Su historia, sin embargo, sería fundamental para el proceso de beatificación.
Camila Brusotti y el segundo milagro
La segunda historia ocurrió en San Juan, en 2013.
El 30 de octubre de ese año, Camila Brusotti, que tenía ocho años, ingresó al hospital en estado gravísimo luego de haber sufrido una golpiza.
Su madre y su padrastro inicialmente dijeron que la nena se había caído de un caballo, pero los profesionales que la atendieron detectaron heridas y hematomas previos. Ante esa situación, realizaron una denuncia.
El estado de Camila era crítico.
Su padre, Javier, recordó que los médicos le comunicaron que la niña tenía apenas entre 48 y 72 horas de vida y que, en el escenario más favorable, podía quedar en estado vegetativo.
Frente a ese pronóstico, la familia comenzó a pedir por su recuperación al Cura Brochero.
También se organizaron cadenas de oración en San Juan.
Pasaron las primeras horas sin que hubiera señales claras de mejoría, pero Camila logró sobrevivir y, tiempo después, recibió el alta hospitalaria.
Su recuperación sorprendió a quienes habían seguido la evolución de su cuadro y posteriormente fue estudiada por la Iglesia dentro del proceso de canonización de Brochero.
Al igual que Nicolás, Camila tuvo que atravesar una extensa rehabilitación.
Con el tiempo pudo retomar sus estudios y continuar con actividades físicas destinadas a recuperar la motricidad afectada por las lesiones sufridas.
Cuando habló con TN, siendo adolescente, aseguró que tampoco se sentía especial por haber sido protagonista de uno de los milagros atribuidos al sacerdote.
Entre sus proyectos estaban continuar estudiando y desarrollar dos de sus grandes intereses: el canto y el baile.
Las condenas por las agresiones contra Camila
La Justicia de San Juan condenó a Alejandra Ríos, madre de Camila, y Pedro Oris, su padrastro, por los hechos vinculados con las agresiones que sufrió la niña.
Inicialmente recibieron penas de seis y nueve años de prisión, respectivamente.
Más adelante, la Corte de Justicia de San Juan revisó esas sentencias y decidió aumentarlas.
La condena contra Ríos pasó a 10 años de prisión, mientras que la pena de Oris fue elevada a 17 años.
En el caso del padrastro, la Justicia consideró delitos vinculados con lesiones gravísimas agravadas y violencia de género, entre otros. También se incorporó la figura de abandono de persona en grado de coautoría.
El padre de Camila contó posteriormente que su hija no había vuelto a tener contacto con su madre y explicó que respetaría la decisión que ella tomara en el futuro sobre ese vínculo.
De Córdoba al Vaticano
Las historias de Nicolás y Camila terminaron unidas también en Roma.
El Cura Brochero había sido beatificado en septiembre de 2013. Tres años más tarde, en octubre de 2016, llegó la canonización.
Los dos jóvenes viajaron junto con sus familias al Vaticano para participar de la ceremonia encabezada por el papa Francisco.
Nicolás recordó que su familia llevó las ofrendas hasta el altar y recibió la bendición del Papa, un momento que describió como profundamente emocionante.
Camila también pudo encontrarse con Francisco.
Durante ese viaje llevó cartas escritas por sus compañeros y se las entregó al pontífice. Según relató su padre, la joven le expresó además un deseo: que ninguna otra persona tuviera que atravesar una experiencia como la que ella había vivido.
Para las dos familias, la ceremonia significó el cierre de un recorrido que había empezado muchos años antes, en circunstancias completamente diferentes.
El Cura Gaucho que se convirtió en santo
José Gabriel del Rosario Brochero nació en Córdoba en 1840 y murió en 1914.
Durante décadas recorrió las Sierras Grandes a caballo y en mula para visitar pobladores, asistir a enfermos y acompañar a comunidades alejadas.
Su trabajo pastoral estuvo acompañado por iniciativas destinadas a mejorar las condiciones de vida y la infraestructura de Traslasierra, una región con la que quedó profundamente identificado.
Con el tiempo comenzó a ser conocido popularmente como el Cura Gaucho.
Más de cien años después de su muerte, las historias de Nicolás Flores y Camila Brusotti fueron determinantes para completar el proceso que llevó a su canonización.
En 2016, Francisco lo declaró santo.
Y las dos personas cuyas recuperaciones fueron reconocidas como milagros estuvieron allí, en Roma, para presenciarlo.




