
La guerra entre Estados Unidos e Irán ya se refleja con fuerza en los surtidores: el precio del diésel en Estados Unidos alcanzó un récord de 5,85 dólares por galón, un salto que amenaza con encarecer desde alimentos hasta paquetes de comercio electrónico, de acuerdo con un despacho de Associated Press. La misma cobertura precisó que el aumento golpea un insumo central para el transporte de carga, la maquinaria agrícola y buena parte de la cadena de abastecimiento, por lo que el impacto podría extenderse más allá de las estaciones de servicio.
La agencia explicó que el encarecimiento no se limita al diésel. También la gasolina regular avanzó hasta 4,15 dólares por galón, frente a los 3,20 dólares de hace un año, tal y como surge de los datos citados de la organización automovilística AAA. Sin embargo, el mayor foco de preocupación está puesto en el combustible que mueve camiones, trenes, barcos y equipos de trabajo vinculados a la producción y distribución de bienes.
El diésel se convirtió en un factor de presión para toda la cadena logística

El reporte de Associated Press remarcó que el diésel es clave para las redes de transporte y reparto, de modo que su encarecimiento tiende a trasladarse a una lista extensa de productos de consumo cotidiano. Esa presión ya empezó a aparecer en recargos adicionales aplicados por compañías de envíos y plataformas de comercio electrónico, mientras analistas advirtieron que el traslado a precios podría profundizarse si la suba se mantiene durante más tiempo.
La cobertura señaló que los alimentos perecederos aparecen entre los rubros más expuestos, ya que requieren transporte frecuente, reposición continua y, en muchos casos, refrigeración. A eso se suma que parte de la producción agropecuaria depende de maquinaria alimentada con diésel, lo que multiplica los puntos de impacto sobre los costos.
David Ortega, profesor de economía y política alimentaria de la Universidad Estatal de Michigan, afirmó ante la agencia que, en una primera etapa, parte de la suba suele absorberse dentro de la cadena comercial por contratos de flete ya firmados o por los márgenes de los minoristas. Pero advirtió que, cuando esos acuerdos se actualizan y aparecen recargos por combustible, una porción mayor de ese aumento termina llegando a las góndolas.
Los alimentos, los envíos y el comercio electrónico aparecen entre los sectores más expuestos
De acuerdo con el despacho, el combustible representa entre el 15% y el 30% del costo total de los alimentos, según datos citados de la Independent Grocers Alliance, una agrupación de supermercados con presencia internacional. Ese peso explica por qué los aumentos del diésel suelen repercutir con rapidez en productos sensibles a la logística, en especial aquellos que deben mantenerse fríos durante el traslado.
Ortega aseguró, en declaraciones recogidas por la agencia, que los artículos refrigerados suelen ser de los primeros en registrar aumentos. La nota añadió que en julio los precios generales de los alimentos en Estados Unidos subieron 2,7% interanual, mientras que los mariscos avanzaron 7% y la fruta fresca trepó 4,9%.
El especialista también aclaró que no todos los movimientos obedecen exclusivamente al combustible: en el caso de la lechuga, mencionó que una caída de la demanda vinculada a un brote de ciclopora contribuyó a moderar los precios.
El impacto ya se siente además en otros servicios. Associated Press indicó que Amazon implementó en abril un recargo temporal de 3,5% por combustible y logística para algunos vendedores externos. A la vez, UPS, FedEx y el Servicio Postal de Estados Unidos incorporaron cargos adicionales sobre ciertos envíos durante la guerra, aludiendo al incremento de los costos energéticos.
Ajesh Kapoor, director ejecutivo y fundador de la firma tecnológica de transporte SemiCab, sostuvo ante la agencia que el sector puede adaptarse a mayores costos de combustible, aunque advirtió que esa capacidad tiene un límite. “El precio del diésel tiene un impacto muy, muy directo sobre todo lo que se mueve por prácticamente cualquier medio”, dijo, en una declaración traducida al español.
La suba del combustible coincide con nuevas tensiones políticas y económicas
La agencia vinculó este nuevo salto con la guerra iniciada a fines de febrero y recordó que, antes del conflicto, el promedio nacional del diésel rondaba 3,76 dólares por galón. Eso implica, siempre según los datos citados, un incremento cercano al 56% desde el inicio de las hostilidades. En paralelo, el petróleo Brent, referencia internacional, cotizaba por encima de 95 dólares por barril, frente a los cerca de 70 dólares previos al estallido bélico.
La nota también recordó que, aunque el registro nominal del diésel marcó un récord, en términos ajustados por inflación hubo antecedentes más altos. Aun así, subrayó que el nivel actual ya genera efectos concretos sobre el costo de vida y alimenta tensiones políticas de cara a las elecciones de medio término en Estados Unidos.
El fenómeno, además, no se limita al mercado estadounidense. La cobertura agregó que varios países de África y Asia, más dependientes de las importaciones de energía desde Medio Oriente, enfrentan subas todavía más pronunciadas. Entre los casos citados figuran Nigeria, Indonesia y Líbano.
En ese contexto, Neil Atkinson, analista energético y miembro del National Center for Energy Analytics, advirtió en una reunión informativa de Lloyd’s List Intelligence que los combustibles refinados se están encareciendo mientras caen las existencias físicas disponibles. “Esto no puede continuar para siempre”, aseguró.



