
El reciente secuestro y asesinato múltiple que sacudió Trujillo expuso nuevamente el “sello criminal” de Los Pulpos, una organización delictiva que simula ser la Policía Nacional del Perú (PNP) para ejecutar secuestros y asesinatos de empresarios mineros.
Según el general PNP Víctor Revoredo, la hipótesis técnica de la Policía Nacional apunta a esta banda criminal como responsable del violento ataque en el corazón de la ciudad, donde el empresario minero Jens Marty Lara Tantaquilla fue secuestrado y cuatro de sus acompañantes ultimados a sangre fría.
De acuerdo con los videos del momento exacto del ataque difundidos en redes sociales, la madrugada del domingo 30 de agosto, Lara Tantaquilla, empresario vinculado a la extracción de oro en la provincia de Pataz, se encontraba a bordo de su Ford Bronco Raptor junto a su pareja, una amiga y dos guardaespaldas en la avenida Húsares de Junín, en pleno centro de Trujillo.
Aproximadamente a las tres de la mañana, una Toyota Hilux blanca, vehículo muy similar a los usados en operaciones policiales, apareció detrás del auto del empresario. De este vehículo descendieron cuatro sujetos armados con fusiles de asalto y portando chalecos del Grupo Especial Contra el Crimen Organizado (GRECCO), simulando un operativo oficial.
Los atacantes apuntaron a Lara Tantaquilla, lo bajaron de su camioneta, le colocaron esposas y lo subieron a la Hilux. Uno de los criminales se quedó con los ocupantes del Bronco Raptor, subió al vehículo y disparó contra las cuatro personas que permanecían dentro, asesinándolas en el acto. Uno de los atacantes intentó huir en la camioneta, pero la abandonó a pocas cuadras de la División de Investigación Criminal (Divincri) de Trujillo.
Un modus operandi
La PNP atribuye el crimen a Los Pulpos por el modus operandi: la simulación de operativos policiales para secuestrar y eliminar a sus objetivos. Este patrón ya se había observado en casos anteriores.

Un antecedente de alto impacto fue el secuestro de Iván Díaz Garrido, ocurrido el 23 de octubre de 2023. El también empresario fue secuestrado por un grupo que se hizo pasar por efectivos policiales, ingresó a su negocio y lo raptó con violencia. Permaneció once días cautivo y fue hallado posteriormente con signos de tortura, tras haberle cercenado dos dedos y parte de las orejas.
Los responsables de ese secuestro —José Córdova, Jackeline Rodríguez, Edward Amaya y Juanita Guibert, esta última señalada como autora intelectual y aún prófuga— recibieron condenas de cadena perpetua.
En el proceso judicial, la declaración del propio Díaz Garrido, el material fílmico, las intervenciones telefónicas y el hallazgo de documentos personales en vehículos usados por los implicados resultaron fundamentales. El abogado de la víctima, Víctor Peralta, destacó la logística y el uso sistemático de uniformes policiales falsos como prueba de la existencia de una red con varios participantes y roles bien definidos.

La minería ilegal
En el actual caso de Trujillo, la investigación policial no descarta la vinculación del secuestro con la disputa territorial por el control del oro en la zona. El general Ricardo Espinoza declaró públicamente que bandas como Los Pulpos y La Jauría se disputan el dominio de la minería ilegal en el norte del país.
La violencia en la región ha escalado y los métodos se han sofisticado, incluyendo el uso de indumentaria policial, lo que dificulta la identificación de los verdaderos autores hasta por parte de los ciudadanos y las propias autoridades.
Expertos en gestión de riesgo criminal advierten sobre la facilidad con la que los delincuentes acceden a uniformes y accesorios policiales en el mercado informal. Además, señalan la existencia de estructuras criminales que superan la capacidad de respuesta del Estado, lo que permite a bandas como Los Pulpos operar con altos niveles de impunidad y violencia.
Sandro Espinoza, especialista en gestión de riesgo criminal, advirtió en diálogo con 24 Horas que el fenómeno delictivo en Trujillo y otras ciudades del país ha evolucionado, permitiendo que bandas como Los Pulpos actúen con niveles de violencia y coordinación alarmantes.

Espinoza explicó que estos grupos criminales logran operar bajo la apariencia de legalidad debido a la facilidad con la que acceden a uniformes y accesorios policiales, los cuales se comercializan libremente en sectores informales, y porque existe una preocupante relación entre elementos corruptos de las fuerzas del orden y las organizaciones criminales.
Agregó que la respuesta estatal frente a esta modalidad criminal resulta insuficiente, ya que las capturas suelen limitarse a los integrantes de menor jerarquía dentro de las bandas, sin afectar su estructura central. “El problema es que ya los delincuentes actúan de manera coordinada con altos mandos de la policía. Es una realidad que nadie quiere aceptar y nadie quiere ver”, afirmó. seguridad nacional y no solo como un problema de seguridad ciudadana.
Investigación en curso
Tras el ataque, el general Ricardo Espinoza reveló que la División de Secuestros de la Policía Nacional ya tenía alertas de un posible secuestro de gran magnitud en Trujillo y había recomendado a los potenciales objetivos que tomaran precauciones.Hasta el momento, el paradero de Jens Marty Lara Tantaquilla permanece desconocido y las diligencias continúan.
El caso pone en evidencia la sofisticación del crimen organizado en el norte del Perú y el riesgo que enfrentan empresarios vinculados a la minería. La reiteración del mismo patrón en casos de alto perfil, como el de Iván Díaz Garrido y el más reciente de Lara Tantaquilla, confirma la consolidación de un modus operandi que utiliza la apariencia policial para ejecutar secuestros y asesinatos, sembrando temor entre la población y dificultando la acción de la justicia.