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Walter, Leonardo y Karina son las tres caras visibles de un conglomerado de empresas que acumula cuatro décadas de expansión. En los últimos tres años salieron del segundo plano por el calibre de las operaciones que lograron controlar. Los tres herederos del patriarca Alfredo Simón aseguran que no tienen vinculos comerciales entre sí, pero el apellido que los une se transformó en el sinómino de la flamante presencia societaria en Rowing SA, la firma que se quedó con el 90 % de AySA junto con Mauricio Filiberti, dueño de Transclor. Fue antes del desembarco familiar en la concesión de la Hidrovía.