Los soviéticos excavaron un canal de 227 kilómetros en 20 meses. Lo hicieron tan rápido que olvidaron un detalle: sus barcos de guerra

En 1931, la Unión Soviética consiguió algo que sobre el papel parecía imposible: abrir una vía navegable de unos 227 kilómetros entre el mar Blanco y el Báltico, y hacerlo en apenas 20 meses. Stalin podía presentar el Belomorkanal como una demostración de que su nuevo Estado era capaz de doblegar incluso la geografía a una velocidad extraordinaria. Solo había un problema: las prisas por terminarlo y las restricciones impuestas a la obra dejaron el canal con apenas unos 3,5 metros de profundidad. 

Un atajo al Ártico. La idea de conectar el Báltico con el mar Blanco llevaba circulando desde mucho tiempo antes, pero su enorme coste había impedido materializarla. Stalin la recuperó dentro del impulso industrializador del primer Plan Quinquenal con una motivación que iba más allá del comercio: disponer de una ruta interior que permitiera trasladar unidades navales hacia el norte sin tener que rodear la península escandinava. 

El recorrido entre Leningrado y el mar Blanco podía acortarse así en miles de kilómetros y quedar, además, dentro del territorio soviético. En 1931 el proyecto dejó de ser una vieja ambición rusa y se convirtió en una orden.

Ella sola mató a 309 enemigos. Luego Stalin la envió a Washington
Ella sola mató a 309 enemigos. Luego Stalin la envió a Washington