São Paulo, 12 sep (EFE).- El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, mide su fuerza en las calles el domingo con una jornada nacional de movilización popular, a tres semanas de unas elecciones cada vez más ajustadas frente al senador Flávio Bolsonaro y marcadas por el escándalo del Banco Master.
"Llamamos a ocupar las calles de todas las ciudades de Brasil". Así ha animado el Partido de los Trabajadores (PT) a su militancia para que organice banderazos, marchas, mesas de debate y otras actividades en apoyo al líder progresista.
Todos los sondeos dan por hecho que las presidenciales se decidirán entre Lula, en busca de un cuarto mandato no consecutivo a sus 80 años, y Flávio Bolsonaro, primogénito del exmandatario ultraderechista Jair Bolsonaro.
La última encuesta de la firma demoscópica Datafolha, divulgada el viernes, dejó al actual jefe de Estado con un 39 % de las intenciones de voto, cuatro puntos más que Bolsonaro hijo, de cara a la primera vuelta de los comicios del 4 de octubre.
Sin embargo, ambos candidatos aparecen empatados técnicamente en una eventual segunda vuelta, que se celebraría el 25 de ese mes.
El aspirante de la extrema derecha viene recortando distancias con respecto a Lula en medio de la guerra abierta en el seno de la Corte Suprema por el 'caso Master', que empezó como un millonario fraude financiero y ha derivado en una grave crisis político-judicial.
El juez instructor André Mendonça, encargado del caso en el Supremo, ha levantado el secreto de sumario de prácticamente todas las piezas relacionadas con Daniel Vorcaro, antiguo dueño del Master y en prisión preventiva desde el pasado 4 de marzo.
La decisión de Mendonça ha dejado al descubierto la proximidad y los negocios del banquero con altas autoridades de Brasilia, entre ellas dos jueces del Supremo, directivos del Banco Central, exministros, dirigentes políticos y el propio Flávio Bolsonaro.
En el Supremo, integrado actualmente por diez jueces con un asiento aún vacante, están bajo sospecha José Antonio Dias Toffoli y Alexandre de Moraes, este último famoso por conducir el juicio que llevó a prisión a Jair Bolsonaro por intento de golpe de Estado.
El próximo martes, el pleno del Supremo tiene previsto analizar si abre una investigación contra De Moraes, quien a su vez busca investigar a Mendonça por supuestas irregularidades en la conducción de la causa.
Flávio Bolsonaro, por su parte, ha intentado en estas últimas semanas de campaña vincular a De Moraes, enemigo declarado de la extrema derecha, con la imagen de Lula.
Sin embargo, el senador se ha visto involucrado en el escándalo después de que el viernes trascendiera que es investigado por corrupción, blanqueo de capitales y evasión de divisas por la presunta financiación irregular de una película sobre la vida de su padre.
Según la Policía Federal, el abanderado del Partido Liberal (PL) pidió una suma millonaria a Vorcaro, que llegó a desembolsar 61 millones de reales (unos 12 millones de dólares / 10 millones de euros) para la producción del largometraje.
Sin embargo, la investigación apunta a que ese dinero fue a parar a un fondo en Estados Unidos ligado a la familia Bolsonaro para su beneficio personal.
En este contexto, Lula intentará explotar las sospechas sobre su principal adversario electoral, mientras pone en valor las cifras económicas de su mandato, con el desempleo en mínimos históricos, la inflación bajo control, pero con una deuda pública creciente tras superar el umbral del 80 % del producto interior bruto (PIB). EFE


