En Sea Lion se identificaron reservorios con buenas características petrofísicas y determinados ensayos alcanzaron alrededor de 5.500 barriles diarios (Imagen Ilustrativa Infobae)

El desarrollo petrolero de Sea Lion, al norte de las Islas Malvinas, vuelve a instalar una cuestión que excede ampliamente a la geología. Allí confluyen recursos hidrocarburíferos, grandes inversiones, expectativas productivas y, necesariamente, la disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido.

Desde el punto de vista estrictamente técnico, hay un dato que ya no está en discusión: después de más de tres décadas de exploración se ha demostrado la existencia de un sistema petrolero activo en la Cuenca de Malvinas Norte y se han identificado varias acumulaciones de hidrocarburos. Pero de allí a concluir que estamos frente a una nueva gran provincia petrolera existe todavía una distancia importante.

Sea Lion es, hasta el momento, el principal exponente de ese potencial. Descubierto en 2010, permitió comprobar una acumulación significativa de petróleo y posteriormente avanzar en su delimitación mediante nuevos pozos y ensayos de producción. Algunos resultados fueron alentadores: se identificaron reservorios con buenas características petrofísicas y determinados ensayos alcanzaron alrededor de 5.500 barriles diarios. Sin embargo, la propia geología de la cuenca obliga a evitar extrapolaciones apresuradas.

Después de más de tres décadas de exploración se ha demostrado la existencia de un sistema petrolero activo en la Cuenca de Malvinas Norte

Los reservorios están asociados a sistemas sedimentarios complejos, con cuerpos arenosos cuya continuidad lateral y conectividad pueden variar significativamente. Esa característica no es secundaria: determina cómo se moverá el petróleo dentro del campo, cuánto podrá recuperarse y qué productividad podrá mantenerse a lo largo de los años.

Existe una diferencia fundamental entre descubrir petróleo, estimar recursos, certificar reservas y producir comercialmente un yacimiento. Sea Lion ha atravesado ya varias de esas etapas, pero todavía no la última.

La decisión final de inversión alcanzada en diciembre de 2025 constituyó un salto relevante. También lo fue la evaluación independiente realizada por Netherland, Sewell & Associates, que a julio de 2026 atribuyó a las primeras fases del desarrollo aproximadamente 314 millones de barriles de reservas 2P brutas, además de volúmenes adicionales clasificados como recursos contingentes.

La cifra es considerable, pero debe ser interpretada correctamente.

Existe una diferencia fundamental entre descubrir petróleo, estimar recursos, certificar reservas y producir comercialmente un yacimiento

Una reserva certificada no equivale a petróleo ya producido ni garantiza que ese volumen vaya a recuperarse exactamente en el futuro. Es la mejor estimación técnico-económica disponible sobre la base de información geológica, sísmica, pozos, modelos de reservorio, hipótesis de recuperación y determinadas condiciones económicas. El verdadero árbitro de esos modelos será la producción.

Y Sea Lion todavía no produce.

El proyecto actualmente liderado por Navitas Petroleum, con Rockhopper Exploration como socio, prevé una primera fase de once pozos vinculados al FPSO Aoka Mizu, con una capacidad cercana a 55.000 barriles diarios. La perforación está prevista para 2027 y el primer petróleo, según el cronograma de las compañías, para 2028. La inversión posterior a la decisión final se estima en aproximadamente USD 1.800 millones hasta alcanzar esa instancia.

A partir de allí aparecen escenarios mucho más ambiciosos.

Las compañías han proyectado desarrollos posteriores que podrían llevar la producción hacia unos 150.000 barriles diarios alrededor de 2030 y, eventualmente, superar los 200.000 barriles diarios. También se analiza una configuración que podría involucrar decenas de pozos adicionales y una segunda unidad flotante con mayor capacidad.

Las compañías han proyectado desarrollos posteriores que podrían llevar la producción hacia unos 150.000 barriles diarios alrededor de 2030

Estas proyecciones permiten comprender la escala que los operadores atribuyen al recurso. Pero no deben confundirse con producción comprometida ni con reservas actualmente comprobadas.

Para que Sea Lion alcance esa dimensión será necesario que la primera fase confirme los modelos geológicos y dinámicos, que los reservorios mantengan la productividad prevista, que puedan incorporarse nuevas acumulaciones, que aparezca financiamiento adicional y que los precios internacionales del petróleo sostengan la economía de las sucesivas etapas.

Algo similar ocurre con la idea de transformar Sea Lion en un hub petrolero para Malvinas Norte.

Conceptualmente tiene sentido. Una vez instalada infraestructura de producción, almacenamiento y exportación, descubrimientos próximos podrían conectarse mediante desarrollos submarinos y compartir instalaciones, reduciendo considerablemente su umbral económico. Es una lógica habitual en las cuencas offshore maduras.

Pero primero Sea Lion deberá demostrar que funciona.

En otras palabras, el riesgo no desapareció: cambió de naturaleza. El riesgo exploratorio es hoy sustancialmente menor que en 1998 o 2010, porque la existencia de petróleo y de un sistema generador está demostrada. Ahora el desafío se encuentra en la conectividad de los reservorios, la recuperación efectiva, la ejecución del desarrollo, los costos y la economía de largo plazo.

La Argentina no reconoce las licencias de exploración y explotación concedidas unilateralmente por las autoridades británicas en las islas

Y existe una incertidumbre adicional, completamente distinta de las anteriores.

Toda esta actividad se desarrolla en un espacio comprendido en la disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido reconocida por las Naciones Unidas. La Argentina no reconoce las licencias de exploración y explotación concedidas unilateralmente por las autoridades británicas en las islas y considera que las actividades realizadas bajo esas autorizaciones carecen de consentimiento argentino.

La presentación en septiembre de 2026 de una denuncia penal por parte del Gobierno argentino contra Navitas Petroleum y otros actores vinculados al proyecto incorporó una nueva dimensión jurídica a un escenario que ya combinaba complejidades técnicas, económicas y geopolíticas.

Por eso resulta necesario separar dos planos.

Analizar la geología, los reservorios o la factibilidad económica de Sea Lion no supone legitimar las licencias bajo las cuales se desarrolla. Del mismo modo, la existencia del conflicto de soberanía no modifica las características físicas del subsuelo. Son dimensiones diferentes de una misma realidad y ambas deben ser consideradas.

Malvinas Norte es, en definitiva, una historia todavía abierta.

El próximo gran examen llegará cuando comience la producción

En 1998 los primeros pozos mostraron indicios de un sistema petrolero. En 2010 Sea Lion confirmó una acumulación significativa. Los pozos posteriores redujeron parte de las incertidumbres. En 2025 llegó la decisión final de inversión y en 2026 una certificación independiente estimó alrededor de 314 millones de barriles de reservas 2P para las primeras fases.

El próximo gran examen llegará cuando comience la producción.

Porque existe una regla particularmente útil en la industria petrolera: los modelos geológicos permiten imaginar el comportamiento de un reservorio; los pozos permiten conocerlo mejor; pero solamente años de producción permiten saber qué yacimiento se tiene realmente.

Sea Lion puede convertirse en un desarrollo petrolero importante del Atlántico Sur. Incluso podría modificar la economía exploratoria de Malvinas Norte. Pero transformar ese potencial en una nueva provincia productiva requerirá todavía comprobar productividad, recuperación, costos y capacidad de expansión.

Hasta entonces, conviene evitar tanto la subestimación como la exageración.

Hay petróleo. Hay reservas certificadas. Hay un proyecto financiado y una decisión de inversión.

Pero la verdadera magnitud de Malvinas Norte todavía está por demostrarse.

La autora es profesora de la Diplomatura en Gestión en Gas y Petróleo de la Universidad Austral