Gonzalo Sánchez
Venecia (Italia), 11 sep (EFE).- Casi 30 años después de volcar sus recuerdos de rehén de la dictadura argentina en 'Garage Olimpo' (1999), el cineasta Marco Bechis ha vuelto a evocar aquellos oscuros tiempos de represión desde el Festival de Venecia con su película 'Ritorno a Buenos Aires' pues, alega, el cine "debe dar testimonio".
"Me interesaba la ficción porque, como también soy superviviente, y no soy el caso de este filme, porque no es mi historia, para mi era fundamental que hubiera una ósmosis entre mi protagonista y mi historia, no tanto como trama pero sí como vivencia", afirma a EFE este director que se considera "italo-chileno-argentino".
Marco Bechis (Santiago de Chile, 1955) tenía solo 20 años cuando fue detenido durante 10 días en el Buenos Aires de 1977 por agentes de la dictadura argentina debido a su "militancia política", según confiesa con acento porteño a su paso por la Mostra veneciana.
"Fui secuestrado por el Ejército, encerrado en un subterráneo en el centro de la ciudad, interrogado y torturado como los demás, pero luego fui liberado porque era italiano y porque mi familia se movió muy bien. Tuve el privilegio de sobrevivir", rememora.
Su padre, trabajador de la Fiat en Sudamérica, tenía contactos que permitieron su rápida liberación. En su caso, reconoce, se conjugaron un "cierto golpe de suerte" y de "privilegio"... pues otros como él "nunca aparecieron".
Su liberación derivó en su expulsión a Italia pero también una inevitable mezcla de sentimientos: el "sentido de culpa de estar vivo" y "la responsabilidad de contarlo" en sus películas.
"Sentí la responsabilidad de ser testigo. No solo en un tribunal, como ya hice, sino también haciendo mi arte y mi cine, que es un instrumento para dar testimonio", defiende.
Bechis ha dedicado su filmografía a este trauma personal desde la ficción, como ya hiciera en su cinta más recordada, 'Garage Olimpo', en la que se adentraba en las mazmorras de la dictadura argentina, y ahora ha vuelto a esos tiempos con 'Ritorno a Buenos Aires", con la que desde este viernes compite por el León de Oro veneciano.
No refleja su historia personal, pero naturalmente hay mucho de ella: Su protagonista, Mariano Guerra (Adriano Giannini), es un médico que recibe una citación para testificar en un juicio contra exmilitares argentinos después de 33 años residiendo en Italia.
A su llegada a Buenos Aires se topará cara a cara con antiguos camaradas, recelosos desde hace décadas el trato relativamente benévolo que solo él recibió durante su cautiverio, pero también con algunos de los hombres que lo retuvieron durante más de dos años.
Mariano carga sobre sus espaldas un sentimiento de vergüenza o de culpa por haber salido ileso de las prisiones, el mismo que confiesa el cineasta, y delante del juez deberá decidir si se libera de una vez por todas de esa presión y testifica para hacer justicia.
Plasmar en su protagonista ese pesar por seguir respirando, al contrario de los muchos desaparecidos, era para el realizador "fundamental".
"Reconozco en mi cierta vergüenza de estar vivo. Mis compañeros y amigos ya no están y es una sensación que siento en mi piel. Si en algún momento siento felicidad o estoy contento, siempre hay una sombra", afirma durante la entrevista.
Pero, desde una óptima más amplia, el duro caso de este 'Ritorno a Buenos Aires' también puede ser aplicable a los damnificados por otras tragedias más contemporáneas como en las guerras de Ucrania, en la Franja de Gaza o de algún país africano, asevera el director.
"La figura del superviviente que llega a ser testigo (...) es hoy en día tristemente común y anónima, explica sobre su película, que cuenta en su reparto con las actrices Ana Celentano, Verónica Gerez u Olivia Nuss.
Bechis, como su protagonista, también voló a Buenos Aires en 2010 para declarar en un juicio contra sus represores: "todos" los que para entonces no habían muerto fueron condenados a cadena perpetua. Aquel proceso inspiró esta cinta -"solo la inspira", puntualiza- e hizo de ello el libro 'La soledad del subversivo' (2021).
El cineasta reconoce los juicios que se han hecho sobre los crímenes y desapariciones de la conocida como 'Operación Cóndor' pero lamenta el distinto fin que tuvieron sus dictadores.
"Augusto Pinochet murió rodeado de su familia; Jorge Rafael Videla, en la celda sentado en un inodoro cumpliendo su condena de por vida. En Argentina hubo un proceso que condenó y encarceló a más de mil militares involucrados en la represión. En Chile eso ha pasado en mucha menor medida", sostiene. EFE
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