Rodrigo Zuleta

Berlín, 18 sep (EFE).- La presión sobre el canciller alemán, Friedrich Merz, ha venido aumentando desde la apabullante derrota de su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU), en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt a manos de la ultraderecha, y las miradas están puestas en este domingo y en las repercusiones que puedan tener sobre el Gobierno los resultados de los comicios en los estados federados de Berlín y en Mecklemburgo-Antepomerania.

En Mecklemburgo-Antepomerania la CDU está amenazada por el peor resultado de su historia en unas elecciones regionales, ya que las últimas encuestas le dan entre el 6 % y 7 %, solo uno o dos puntos, respectivamente, encima del umbral necesario para tener representación en el Parlamento, y hay quienes consideran que el partido está en un peligro existencial.

El panorama de cara a unas elecciones generales, programadas para 2029, tampoco da motivos para el optimismo a la CDU.

La última encuesta del instituto demoscópico Forsa ve al bloque conservador, formado por la CDU y su partido hermano la Unión Socialcristiana (CSU) bávara, en el segundo lugar con un 20 %, siete puntos menos que la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).

El resultado de Sajonia-Anhalt y las perspectivas que vaticinan las encuestas han hecho que salten las alarmas dentro de la CDU y desde la segunda fila del partido se formulen propuestas radicales, que van desde una ruptura de la actual coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD) para seguir gobernando en minoría hasta un relevo de Merz en la Cancillería.

Según el diario Bild y el semanario Die Zeit, hay cerca de 30 diputados de la CDU, dentro de un grupo parlamentario con 208 escaños, que barajan esos dos escenarios como un posible golpe de efecto ante la crisis.

Merz, que calificó la derrota en Sajonia-Anhalt el pasado día 6 como la más grande sufrida por la CDU en décadas, ha convocado para el domingo una reunión de la cúpula del partido a la que pedirá un voto de confianza.

Además ha desistido de viajar la próxima semana a la Asamblea General de la ONU en Nueva York porque, según dijo el portavoz del Gobierno, Stefan Cornelius, la situación política interna exige su presencia en Alemania.

Los ocho primeros ministros regionales de la CDU, que pertenecen todos a la cúpula, se han anticipado con una declaración conjunta en la que manifiestan su apoyo a Merz, aunque sin nombrarlo, y rechazan la posibilidad de un Gobierno de minorías.

El resto de la cúpula de 25 miembros es cercano a Merz y es de esperar que también expresen su apoyo el domingo.

Sin embargo, queda todavía el reto del descontento de las bases del partido que piden una política de Gobierno más cercana al ideario de la CDU y menos compromisos con el socio de coalición.

La ministra de Trabajo, Bärbel Bas, copresidenta del SPD, se ha convertido en el blanco de los ataques de algunos cristianodemócratas que la ven como un freno en los planes de reforma de los sistemas sociales y hay quienes piden abiertamente su cese.

Una salida forzada de Bas del Gobierno llevaría a una ruptura de la coalición y la CDU/CSU se vería gobernando en minoría y dependería de la AfD en el Parlamento para aprobar proyectos, algo que iría en contra del cordón sanitario.

En Mecklemburgo-Antepomerania, aunque la cúpula regional insista en descartar coaliciones y cooperaciones con la AfD, segundas y terceras espadas se han manifestado a favor de poner fin al cordón sanitario que ha sido reafirmado constantemente por Merz.

"Tenemos que estar abiertos y buscar el socio de coalición que sea mejor para nosotros y ese socio puede ser la AfD", dijo por ejemplo, el vicepresidente de la CDU en el distrito de Greifswald, el representante más destacado de los enemigos del cordón sanitario en Mecklemburgo-Antepomerania.

La tesorera de la Joven Unión (JU), la organización de las juventudes cristianodemócratas, Clara von Nathusius, dijo a la cadena de televisión ZDF que "con este canciller ya no se pueden ganar elecciones".

Al descontento dentro de la CDU por el hecho de que las reformas no avanzan lo suficientemente rápido se suma el hecho de que muchas de las reformas tienen elementos que son rechazados por amplias capas de la población, como por ejemplo algunos aspectos del plan de reforma a las jubilaciones que implican recortes.

La mezcla explosiva se complementa con la impopularidad del propio Merz. Según una encuesta del instituto demoscópico Forsa, solo el 10 % de los alemanes está satisfecho con el trabajo del conservador. EFE

(foto)