Misiles hipersónicos, enjambres kamikaze y hasta 12 objetivos en Taiwán. En Rusia, China, Irán y Yemen dieron con el mismo ingeniero militar: Claude

Misiles balísticos de más de 2.000 kilómetros, un proyecto de vehículo hipersónico, enjambres de drones capaces de decidir cuándo detonar, sistemas navales antitorpedo o incluso un programa para localizar las defensas aéreas de Taiwán. Todos estos proyectos no tienen demasiado en común y sus responsables operaban desde Rusia, China, Irán y Yemen. Salvo por un detalle: todos habían encontrado al mismo ingeniero estadounidense para acelerar parte del trabajo. 

Era Claude, la inteligencia artificial de Anthropic.

Un ingeniero para todas las guerras. El último informe de Anthropic (la semana pasada contamos su vertiente hacia el desarrollo de armas biológicas) sobre el uso indebido de sus modelos ofrece una fotografía bastante concreta de cómo la IA generativa está entrando en el desarrollo militar. No se trata únicamente de pedir información sobre armas: los actores investigados emplearon Claude para escribir software, diseñar sistemas de control, realizar simulaciones, analizar vulnerabilidades y revisar documentación técnica. 

Anthropic detectó las operaciones y bloqueó las cuentas, pero los casos muestran algo más importante: tareas que tradicionalmente requerían pequeños equipos de ingenieros especializados pueden empezar a repartirse entre varias instancias de una IA.

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