El mundo del vino argentino está de luto tras la muerte este jueves a los 90 años de Pedro Rosell, referente indiscutido de los espumantes y fundador de Bodega Cruzat.
Rosell, ingeniero agrónomo y enólogo, fue una figura clave en la evolución de los vinos espumosos de alta gama en Mendoza. Marcó seis décadas de historia en la vitivinicultura nacional y se convirtió en un verdadero maestro para varias generaciones de enólogos.
Quién era Pedro Rosell
Pedro Federico Rosell nació en Mendoza en 1936 y creció en una familia ligada al vino. Su padre tenía una destilería y solía recordar que en una fiesta de fin de año, cuando tenía apenas cinco años, se tomó todo lo que quedaba en las copas.

Ya de joven orientó su formación hacia la enología, se graduó como ingeniero agrónomo en la Universidad Nacional de Cuyo y, en sus primeros años, integró las cátedras de Química Orgánica y Biológica y de Microbiología en la Facultad de Ciencias Agrarias.
La trayectoria de Rosell tuvo un punto de inflexión en Francia, donde se perfeccionó en el Instituto de Enología de la Universidad de Burdeos, junto al célebre enólogo Émile Peynaud.
Sobre los motivos que lo llevaron a dedicarse a los espumantes, declaró que “siempre le interesaron y le parecieron festivos y divertidos” y su elaboración “apasionante”.
A su regreso, en 1979, asumió la conducción del proyecto de espumantes de Navarro Correas.

Al analizar la historia de la industria local, señaló una de las grandes deudas históricas del sector: “El problema era que antes, en los 70, cuando los vinos tenían algún problema o defecto, lo usaban para hacer un espumoso demi sec. A un vino medio feo o avinagrado le ponían azúcar y tapaban todo. Por eso el espumoso estaba muy desprestigiado”, declaró en una entrevista con La Nación.
Más adelante, asesoró a bodegas como Salentein y Lagarde, y desarrolló una mirada enológica que combinaba el rigor técnico con la sensibilidad.
Sobre la materia prima nacional, destacaba con orgullo las ventajas y los desafíos del terroir: “Hacemos espumosos con uvas que en Europa no podrían ni pensarlo. De todos modos, las variedades que dan mejor calidad son el chardonnay y el pinot noir”.

Rosell también fue uno de los fundadores de Rosell Boher, bodega que lleva su apellido y que se consolidó como sinónimo de espumantes premium en el país.
El legado de Pedro Rosell en la industria del vino
En 2004, Rosell fundó Bodega Cruzat junto a un grupo de empresarios vitivinícolas chilenos. El proyecto nació con la premisa de elaborar espumantes de alta gama bajo el método tradicional, con segunda fermentación en botella.
“Esa visión marcó la identidad de la bodega”, afirmaron desde Cruzat. Desde el inicio, la búsqueda se centró en las mejores condiciones de suelo, altitud y clima en Mendoza para lograr vinos de larga crianza y calidad superior.
La búsqueda de la burbuja ideal
Para Rosell, la perfección de un buen espumoso residía en los detalles más sutiles.
Respecto a su estructura física en el paladar, definía con precisión quirúrgica: “La burbuja ideal debe ser muy chiquitita y en la boca debe dar sensación de cremosidad y no debe pinchar”.
Para él, la espuma debía ser “algo cremoso”, lo que se obtenía gracias a las proteínas de las levaduras.
“La peor burbuja es la del vino gasificado; salen gigantes como las de soda”, sostuvo alguna vez.
Asimismo, en cuanto al disfrute, aconsejaba evitar temperaturas extremas: “No me gusta muy frío, lo ideal es servirlo a 8 grados y tomarlo a 10, porque enseguida se calienta en la copa. Eso es para que se sientan los aromas, porque si no, uno recibe solo un shot de frío”.
La influencia de Rosell fue decisiva para consolidar una identidad propia de los espumantes mendocinos, y buscó impulcar además su consumo cotidiano al demistifcar su uso exclusivo: “Comer con espumosos es riquísimo. El espumante es un vino que no invade mucho la comida y va con carnes blancas, pescados, mariscos”.
“En el caso de los postres, salvo contadas excepciones, la textura burbujeante mejora la percepción”, también dijo alguna vez al sitio Bonvivir.
El mensaje de despedida de Bodega Cruzat
A través de un comunicado, Bodega Cruzat expresó su dolor: “Con profundo pesar, Bodega Cruzat despide a Pedro Federico Rosell, enólogo fundador de la bodega y una figura fundamental en la historia de los vinos espumosos de la Argentina”.
“En Cruzat, su conocimiento, su rigurosidad y, sobre todo, su respeto por los tiempos y los detalles quedaron impresos desde la primera botella. Pedro no solo fue uno de los fundadores de la bodega: fue quien ayudó a construir la filosofía enológica que todavía hoy guía nuestro trabajo. Hoy despedimos a un maestro, un referente y una persona profundamente ligada a nuestra historia”, concluyó el comunicado, firmado por las familias Cruzat, Barros y todo el equipo de la bodega.
A lo largo de su vida, Pedro Rosell fue mucho más que un técnico: se convirtió en un símbolo de la búsqueda de calidad y de la pasión por el vino argentino.
“Argentina siempre fue gran consumidor de espumosos, ya a fines del 1800 y principios del 1900 los champagnes franceses eran bebida corriente de la clase pudiente”, recordaba. Su aporte fue clave para cambiar esa historia y posicionar a los espumantes nacionales en el mundo y su legado seguirá presente en cada copa.



