
Luego de lidiar tres años con problemas de salud, este martes falleció en París producto de un paro cardiorrespiratorio el célebre realizador chileno Patricio Guzmán (85 años), uno de los referentes del documental latinoamericano y autor de una obra que escarba en las trágicas consecuencias que dejó la dictadura de Augusto Pinochet en el país.
Narrador fundamental de la historia contemporánea chilena, Guzmán filmó más de veinte películas que le valieron el Oso de Plata en la Berlinale, el Goya y el Ojo Dorado del Festival de Cannes, pero pasó a la historia gracias su trabajo más conocido, La batalla de Chile, monumental trilogía de 6 horas considerado el documental más importante en lengua hispana en el que registró el incendiado proceso político previo al Golpe de Estado de 1973.

Guzmán filmó hasta ese mismo día 11 de septiembre y luego fue detenido y enviado al Estadio Nacional. Sin embargo, al no estar afiliado a ningún partido político, y quizá también por haber estudiado cine en la España franquista, fue dejado en libertad 14 días después.
Durante ese tiempo, el material filmado permaneció oculto en casa de un tío suyo, y una vez libre, Guzmán logró llevarlo hasta la Embajada de Suecia y ésta, por valija diplomática, pudo embarcarlo en un buque que lo llevó a Estocolmo.
Más tarde, sus compañeros de la Escuela de Cine de Madrid le pagaron un billete para que pudiera viajar a Europa, y el documental finalmente se montó en Cuba, logrando entre muchos otros premios el de la Asociación de Críticos Cinematográficos de Francia (1976), el del Jurado del Festival Internacional de Leipzig (1976), así como los de los festivales de Grenoble (1976), Bruselas (1977) y La Habana (1979).

Su legado
En el exilio, el realizador desarrolló una prolífica labor audiovisual con obras como Chile, la memoria obstinada (1997), El caso Pinochet (2001), Salvador Allende (2004), Nostalgia de la luz (2010), El botón de nácar (2015), La cordillera de los sueños (2019) y Mi país imaginario (2022).
Por ellas recibió decenas de galardones en Europa, donde se alzó con el Premio del Cine Europeo al mejor documental por Nostalgia de la luz, y el Oso de Plata y el Premio Lumière por El botón de nácar, y en 2023 fue condecorado en el país con el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales.
De acuerdo a su filosofía de trabajo, el documental era una herramienta irremplazable a la hora de preservar la memoria colectiva y solía ejemplificarlo con una simple frase: “Un país que no tiene cine documental es como una familia sin álbum familiar”.
Con su fallecimiento, el país pierde a uno de sus cineastas más importantes, pero su filmografía quedará en la memoria por lograr una reflexión universal a partir de la reconstitución de los últimos 50 años de la historia de Chile y sus poéticas meditaciones sobre los pueblos originarios, el Desierto de Atacama o la Cordillera de Los Andes.


