Griselda Gambaro, una de las figuras fundamentales de la literatura y la dramaturgia argentina, murió este martes 15 de septiembre. Tenía 98 años y dejaba detrás una extensa obra que atravesó más de seis décadas de la cultura nacional. Nacida en Buenos Aires en 1928, Gambaro comenzó su recorrido literario vinculada con la narrativa. Publicó Madrigal en ciudad en 1963, libro que recibió una distinción del Fondo Nacional de las Artes, y en 1965 obtuvo el Premio Emecé por El desatino. Ese mismo año, la obra teatral que llevaba ese título se estrenó en el Instituto Torcuato Di Tella, con dirección de Jorge Petraglia, y significó un momento decisivo en la renovación de la escena argentina. A partir de entonces construyó una dramaturgia personal, incómoda y profundamente ligada a su tiempo. Las paredes, Los siameses, El campo, Información para extranjeros, Puesta en claro, Real envido, La malasangre, Del sol naciente y Antígona furiosa son algunas de las obras que forman parte de una producción en la que aparecieron, de manera recurrente, el autoritarismo, el sometimiento, la violencia y las distintas formas en que se ejerce el poder. Su literatura también quedó atravesada por la historia política argentina. En 1976 fue publicada Ganarse la muerte, novela que fue prohibida por la dictadura. Gambaro debió exiliarse en Barcelona junto a su marido, el artista plástico Juan Carlos Distéfano, y regresó al país en 1980. En 1981 participó de Teatro Abierto, movimiento que reunió a numerosos artistas como respuesta cultural a la dictadura. Con el regreso de la democracia, su producción continuó creciendo y abarcó tanto la dramaturgia como la novela y el cuento. Obras como Antígona furiosa, De profesión maternal, Penas sin importancia, La señora Macbeth, La persistencia y Querido Ibsen: soy Nora confirmaron una escritura que nunca dejó de interrogar las relaciones humanas y los mecanismos de dominación. Reconocida en Argentina y también internacionalmente, Gambaro recibió importantes distinciones a lo largo de su trayectoria, entre ellas el Gran Premio a la Trayectoria Artística del Fondo Nacional de las Artes y reconocimientos de Argentores y la Fundación Konex. También fue distinguida como doctora honoris causa por la Universidad Nacional de las Artes. Su nombre queda asociado a una de las transformaciones más profundas del teatro argentino del siglo XX. Desde sus primeras experiencias en los años 60 hasta sus últimos trabajos, Griselda Gambaro hizo de la escena un territorio para poner en tensión la autoridad, la violencia, la dignidad y la libertad. Una escritura que, más que ofrecer respuestas, supo formular preguntas persistentes sobre el modo en que los seres humanos se relacionan entre sí.