Si crees que la obra más larga de la historia fue la reforma del piso de tu vecino, en la que te comiste varios meses de martillazos mientras tú teletrabajabas, lo entiendo. Me ha pasado. Pero, en realidad, hay obras más largas. Y podría haberlas peores. Imagínate una en la que los materiales deben cruzar 200 millones de kilómetros hasta llegar a su destino. Es bastante tedioso. Por eso, a nadie se le ocurre acarrear ladrillos hasta el planeta rojo. Los científicos tienen más que asumido que, para construir edificios en Marte, habrá que aprovechar los materiales que ya hay allí o, como mucho, algunos que se puedan transportar fácilmente y reutilizar después.
Ahora, un equipo de científicos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong ha partido de estas dos premisas y ha añadido una impresora en 3D a la ecuación para desarrollar un método de construcción de lo más interesante. De momento, solo han construido cúpulas tamaño Pinypon, pero todo apunta a que el proceso podría escalarse hasta edificios de varios pisos.
Casi como una receta de cocina. Para construir edificios en Marte hace falta algún material rocoso que pueda sustituir a los ladrillos que normalmente usamos en la Tierra. Otra cosa no habrá en el planeta rojo, pero rocas hay de sobra. Esa parte está más o menos cubierta. Sin embargo, no podemos llevar una hormigonera rodando en una nave espacial ni fabricar cemento allí, con todo el gasto energético que supone. Se necesita otro “pegamento” para unir las rocas del regolito marciano. Por eso, estos científicos tuvieron una idea: mezclar gelatina y levadura. Parece la receta de un postre, pero el resultado fue bastante eficaz.
La levadura se modificó genéticamente para mostrar en su superficie las mismas proteínas que usan los mejillones para adherirse a las rocas. Vamos, era levadura con un extra de pegajosidad. Después, la gelatina se usó para dar cohesión a todo y, de paso, servir como alimento a las levaduras.


