
Hace tres años, la periodista y comunicadora Nerea Pérez de las Heras, sufrió un accidente en el mar de Menorca que casi le cuesta la vida y terminó con la amputación de su pierna derecha por debajo de la rodilla. Siempre dice que tuvo suerte y ha intentado mantener el optimismo frente a este episodio traumático que ahora plasma en las páginas de Fantasma (Alfaguara), un libro que va más allá de la experiencia personal y en el que también habla de los cuidados, el duelo, la sanidad pública y los límites del cuerpo
Tras el impacto de la hélice de una embarcación, la escritora fue sometida a tres cirugías de urgencia, un bypass fallido y hasta media docena de intervenciones dentro de un proceso clínico y de rehabilitación que desembocó en el uso de una prótesis.
Pérez de las Heras esperó a que pasara un “periodo de latencia” antes de escribir sobre lo que le había ocurrido para evitar que esta experiencia extrema le “nublara el criterio”. Pero, cuando comenzó a trabajar con su editora, ya tenía claro que el libro tenía que ir más allá de su vivencia individual y que, partiendo de ella, quería plantear grandes debates colectivos.
De lo íntimo a lo colectivo
“Es algo que se hace mucho en el mundo anglosajón, pero igual aquí no estamos tan acostumbrados. Gente como Naomi Klein, Barbara Ehrenreich o Jenny Odell lo hacen así y componen estructuras preciosas partiendo del elemento personal para llegar al universal”, cuenta Nerea Pérez de las Heras a Infobae España. “A mí me gusta esa manera de ver el mundo, que esté tu voz y tus emociones imbricadas en cuestiones más profundas. En realidad, todo mi trabajo es así, mis columnas, mis pódcast, mis intervenciones en programas”, cuenta la autora del monólogo Feminismo para torpes, que terminaría convirtiéndose en un libro.

La estructura de Fantasma la trabajó a conciencia. Sabía que quería hablar de la parte hospitalaria tras su accidente relacionándola con la sanidad pública, de la prótesis que tiene que llevar vinculándola con la teoría cyborg, de la belleza relacionada con lo queer, del amor y los afectos en un sentido comunitario. “El principio y el final son los únicos completamente testimoniales. Los demás capítulos siempre tienen dos caras, o incluso tres cuando introduzco alguna pretensión filosófica que de vez en cuando se me escapa o como cuando utilizo mi vida como si fuera un relato de ficción porque es demasiado doloroso”.
El resultado es un brillante ‘autoensayo’ que utiliza la simbología del ‘miembro fantasma’ para abordar con contundencia un manifiesto político contemporáneo en torno a la identidad, a la memoria, el pasado y el presente de nuestro país barrido por la precariedad, los extremismos ideológicos y el odio a lo diferente.
Un libro político y ‘movilizador’
La autora, como ‘freelance’ (dirige y presenta junto a Inés Hernand el ‘pódcast’ Saldremos mejores y Está el horno para bollos, con Judith Tiral), tuvo que incorporarse a trabajar casi inmediatamente mientras todavía se encontraba en fase de recuperación. Uno de sus primeros actos públicos fue en la presentación de la serie de Netflix Griselda, con Sofía Vergara.
“En ese momento yo estaba todavía vendada, cicatrizando y en silla de ruedas, con un medicamento que se llama pregabalina que es un potente analgésico del sistema nervioso, así que estaba medio doblada”, cuenta. “Pero era un trabajo que no podía rechazar. Estaba superbien pagado y lo necesitaba y, al mismo tiempo, aunque estuviera en una situación de bastante emergencia y shock pensé: yo quiero conocer a Sofía Vergara. Pero sí, estaba muy precaria físicamente y precisamente uno de los temas del libro es la precariedad de la vida, que te hace seguir produciendo estés como estés, porque no tienes más remedio, aunque estés recién amputada”.

Está llevando el proceso de promoción del libro con “mucha alegría”, después de dedicarle “horas de sacrificio e insomnio” y asegura que no le está acarreando ningún coste emocional, sobre todo porque nunca planteó Fantasma como una terapia. “Cuando no lo has leído lo parece, que haya querido hacer una catarsis, pero no es así, siempre ha tenido una pretensión literaria no terapéutica”.
Además, Nerea Pérez de las Heras quería hacer un libro político, hablar de las disidencias y de la convivencia. “Quería hacer un libro que fuera útil y movilizador, que dejara con ganas de comerse el mundo y con poca necesidad de mirarse el ombligo”.
Dada la polarización ideológica extrema en la que nos encontramos, la recepción por parte de ciertos sectores le genera mucha curiosidad. “Puede ser que se acerquen por morbo, pero a mí me da mucha esperanza. Puede que a un señor ultracatólico que se lea el libro le acaben cayéndole bien las lesbianas, eso me encantaría. Creo que cuando te comunicas desde lo humano, puedes llegar a sitios políticos muy interesantes”.
De lo que sí está convencida es que Internet se ha convertido en un sitio nocivo, todavía peor de lo que están las cosas en la calle. Sin embargo, no ha querido incluir nada de ese clima perverso en su libro. “Las redes sociales son un medio antinatural de comunicación. Todo está distribuido en blanco y negro, en zascas a favor o en contra. Y luego, la vida real está llena de matices. Todos nosotros estamos polarizados en realidad, estamos en convivencia perpetua con cada bando, que es como tiene que ser”.
El cine y la literatura de terror como inspiración
Lo que sí inunda Fantasma es la pasión de Nerea Pérez de las Heras por la cultura popular como modo de expresión. En ese sentido, hay muchas referencias a la literatura y el cine de terror y ciencia ficción. “Me encantaban antes y ahora. Octavia Butler, Arthur C. Clarke, son mis lecturas favoritas. Mariana Enriquez, Agustina Bazterrica... me sentía cómoda antes con el gore y eso me ayuda a mirar el cuerpo de otra manera cuando el cuerpo se convierte en algo monstruoso, herido, sanguinolento, curando. Si estás alimentada por esas imágenes, creo que lo vives de otra manera”.
Cuenta que había leído hacía tiempo Nuestra parte de la noche, de Mariana Enriquez, donde hay una secta en la que los amputados tienen un estatus superior. Cuando lo recuperó tras el accidente y entrevistó a la autora le dijo: “Gracias a tu imaginación, me has dado un lugar en el que soy ‘glamurosa’, en el que mi cuerpo es bonito y poderoso y se mira desde otro sitio”.
Hablamos del ‘cyberpunk’, de los híbridos entre hombre y máquina, de Mad Max: Fury Road, de la teoría de la Nueva Carne de los años ochenta y de David Cronenberg, Clive Barker, de Titane, de Julia Docournau. “El feminismo me pertrechó para relacionarme mejor con mi cuerpo, pero este mundo de imaginación me ayudó a verme guay”, ríe.
En ese sentido, la riqueza de texturas y de tonos que componen el texto resultan de lo más ricos y pertinentes. Cuenta la autora que es algo que fue cambiando durante el proceso de escritura. Había bloques muy científicos con conversaciones con su neuróloga y fisioterapeuta que no funcionaban y tuvo que modificarlos. “Yo quería ser muy precisa en esa parte, tenía miedo de equivocarme, pero lo solucioné”. Desde entonces ha recibido mensajes de médicos diciéndole lo bien que la logrado expresar con palabras conceptos sobre el dolor y la comunicación con el paciente. “Gracias por dibujar las emociones con palabras que la ciencia no explica”, dice uno de los mensajes. “Es de lo que más estoy orgullosa”.




