
Imágenes satelitales de Landsat de la NASA y el Servicio Geológico de Estados Unidos revelaron que varias colonias de pingüinos emperador existen desde hace décadas y que algunas lograron sobrevivir a cambios en el hielo marino en la Antártida.
La especie depende del hielo oceánico fijo, adherido a la costa, para reproducirse, criar a sus pichones y mudar el plumaje. Ese hábitat quedó bajo presión en los últimos años por la reducción registrada desde 2016, según una publicación de Nature, que advierte que podría desaparecer hacia 2100 si las condiciones se vuelven inhabitables.
De acuerdo con Phys.org, los relevamientos satelitales recientes estiman que hay cientos de miles de estos animales no voladores distribuidos en 66 colonias a lo largo de las costas congeladas y remotas de la Antártida.
Poblaciones más antiguas de lo que se creía

Uno de los estudios de 2026 usó observaciones de varias décadas tomadas por los satélites Landsat para cubrir vacíos de información sobre la historia de muchas colonias.
Como esos satélites no permiten distinguir a cada ave por separado, los investigadores identificaron los grupos a partir de las manchas de guano que quedan donde se agrupan miles de ejemplares.
Ese análisis publicado en Remote Sensing in Ecology and Conservation y realizado por investigadores de la Universidad de Friburgo concluyó que 18 colonias ya existían antes de su identificación inicial y que su antigüedad previa promedió 17 años. Este satélite registra imágenes continuas de la Antártida desde la década de 1980.

Entre las más antiguas estudiadas figura la de Smyley Island, en el mar de Bellingshausen, con unos 6.000 pingüinos y presencia confirmada al menos desde 1989, dos décadas antes de lo que se sabía hasta ahora.
También aparecieron con una existencia previa de 20 años o más las agrupaciones de Barrier Bay, Brownson, Luitpold Coast, Ragnhild, Smith y Verdi Inlet.
Michelle LaRue, ecóloga de fauna silvestre de la Universidad de Canterbury, explicó que “hay poca información de referencia sobre lo que se considera ‘normal’ para la mayoría de estas colonias”. Esa falta de antecedentes dificultó las proyecciones de población.
Qué pasó tras los cambios

La publicación recordó que, tras el mínimo histórico de hielo marino antártico alcanzado en 2022, investigadores del Servicio Antártico Británico informaron fallas reproductivas “catastróficas” en colonias del mar de Bellingshausen.
A pesar de ese panorama, los nuevos trabajos muestran que algunas agrupaciones persistieron durante décadas y que los pingüinos emperador tendrían más capacidad de adaptación de la que se suponía.
El caso de Isla Smyley quedó bajo observación estrecha porque integra el grupo de colonias que pudo haber sufrido una falla reproductiva total en 2022.

Las imágenes satelitales mostraron que el conjunto se dividió y que parte de los animales se desplazó a un gran iceberg varado cerca de la costa.
Pese a las malas condiciones persistentes del hielo oceánico desde entonces, la población siguió apareciendo en los registros. Suele establecerse cerca de icebergs ubicados en el borde de la plataforma de helada, y la observación más reciente corresponde a diciembre de 2025.
“Estamos observando cierta resiliencia en la colonia de la isla Smyley”, señaló LaRue, quien agregó: “Parecen estar bien ahora, y continuaremos observándolas para aprender más sobre su comportamiento”. También sostuvo que un mal año reproductivo, incluso uno con fracaso total, no marca por sí solo el final de un grupo.
Traslados temporales y regreso a sitios previos

Un segundo estudio publicado en Antarctic Science, encabezado por Grant Macdonald, científico de percepción remota de la Universidad de Durham, analizó casi 40 años de observaciones de Landsat, del instrumento ASTER del satélite Terra de la NASA y de otras fuentes.
El equipo revisó tres colonias afectadas por desprendimientos de icebergs o por ruptura temprana del hielo marino y encontró nuevas evidencias de flexibilidad en la conducta de la especie.
Según la investigación, los pingüinos de las poblaciones Mertz y SANAE respondieron a esas alteraciones con traslados temporales hacia icebergs cercanos, ensenadas o plataformas de heladas, antes de volver a sus lugares habituales de reproducción.

La colonia de SANAE fue registrada por Landsat por primera vez en 1984, asentada sobre una superficie estable junto a una bahía protegida de la región de Queen Maud Land, en la Antártida oriental.
Tras un gran evento de desprendimiento en 2011, que dejó esa zona más expuesta al viento, el grupo se trasladó a una grieta helada dentro de una ensenada situada a 11 kilómetros al sur.
Una parte de la población se movió hacia otro punto cercano y otra regresó al lugar original de cría en 2016. En la temporada reproductiva 2016-2017 se observó una conducta inesperada: pese a que el sector conservaba condiciones estables, los ejemplares que habían vuelto avanzaron hasta la plataforma helada, se agruparon y se reprodujeron.
Lo que todavía no cambia el panorama general

Para 2022, tras casi una década de movimientos y división entre distintos puntos, toda la colonia SANAE había vuelto a su zona original de reproducción. Desde entonces, siempre según la publicación, crió allí cada año.
En el tercer conjunto analizado, la de Astrid, situado sobre la plataforma de hielo Vigridisen, las aves siguieron regresando a su sitio original incluso después de un gran desprendimiento ocurrido en 2006.
Los investigadores consideran probable que eso haya sido posible porque quedó algo de hielo fijo y porque había icebergs cercanos que ofrecían resguardo.

Macdonald afirmó que moverse y, a veces, reproducirse sobre superficies alternativas como plataformas de nieve, icebergs o hielo de grieta es “más común y factible de lo que se pensaba”.
También indicó que esa disposición a cambiar de lugar podría representar una “adaptación útil” frente al aumento de la temperatura del océano.
Aun así, el propio investigador advirtió que esa flexibilidad de comportamiento no bastará necesariamente para compensar los efectos de largo plazo de una pérdida continua del hielo fijo.
LaRue reforzó esa idea y dijo: “Aún nos queda mucho por aprender sobre los pingüinos emperador”. Además, remarcó el valor de los satélites para seguir el futuro de colonias tan remotas y difíciles de alcanzar.