Cada 31 de agosto, Argentina y buena parte de América Latina celebran la labor de parteras y parteros y reconocen a las mujeres embarazadas. Pero la fecha también es una oportunidad para hablar de un fenómeno silenciado durante décadas: la violencia obstétrica, una forma de maltrato que la ley argentina reconoce y sanciona desde hace más de una década, pero que sigue naturalizada en consultorios, guardias y salas de parto.