La historia de vida de Oscar Jensen sin lugar a dudas está atravesada por la producción ovina. Criado en un campo con ovinos en Sarmiento, plena meseta patagónica chubutense, Oscar estuvo ligado a estos animales desde siempre. Y lo sigue estando, pero de otra manera.

Oscar se fue a estudiar veterinaria a Buenos Aires, y llevó consigo su otra pasión: la filatelia. Heredada su papá, el joven aspirante a veterinario mantenía – a la par de los ovinos- la pasión por la colección de estampillas, los sellos postales. En esos años, plena década de los ´80, a Oscar alguien le dijo que si quería tener algo realmente importante como coleccionista, debía buscar algo propio y hacer su propio camino, es decir, que no coleccione todas las estampillas, sino que busque un tema.

Por decantación, Oscar comenzó a especializarse en los sellos postales con imágenes ovinas. Según explicó a Bichos de Campo, de un universo de 1 millón y medio de sellos postales en el mundo, unos 2.500 tienen referencias a ovejas, corderos o carneros.  Fue así que comenzó este periplo que lleva más de 40 años.  Hoy, Oscar tiene unas 200 estampillas de este estilo, representando una alta cantidad, pues muchas de ellas ya fueron discontinuadas, se perdieron o fueron muy escasas.

La paradoja es que el patagónico, además de experto en la hidatidosis -enfermedad parasitaria grave que se transmite de los perros a los animales y a las personas – fue productor ovino. Las viscicitudes del crecimiento urbano de Sarmiento hicieron que deba abandonar la actividad. Fue así que pasó de un rebaño de 50 ovejas reales, a casi 200, pero de papel.

Pero antes de llegar a las estampillas, hubo ovejas de verdad. Muchas. La relación de Oscar con la producción ovina comenzó desde chico, en el campo familiar. “Yo soy criado en un campo en la provincia de Santa Cruz con ovejas, pude estudiar gracias a las ovejas”, contó. Incluso cuando decidió estudiar Veterinaria en Buenos Aires, lo hizo pensando en continuar ligado a esos animales. “Fui a estudiar veterinaria pensando en trabajar con ovejas. Siempre fue todo, mi movimiento fue planeado así”.

Fue durante sus años de estudiante de Veterinaria, en la década de 1980, cuando comenzó formalmente la búsqueda. En aquel momento no había Internet ni plataformas especializadas donde rastrear piezas de todo el mundo. Oscar iba a una plaza cercana a Retiro, donde los coleccionistas se reunían durante los fines de semana para intercambiar estampillas, y preguntaba directamente si alguien tenía alguna con ovejas.

“Yo iba y preguntaba cuáles tenían ovejas y, bueno, la mayoría de las veces me daban algún álbum que tenía fauna para que hojeara, hojeara, hojeara hasta que apareciera alguna”, recordó. La búsqueda tenía una dificultad adicional.

Con el tiempo, la colección fue creciendo hasta llegar a casi 200 piezas. Australia y Nueva Zelanda son los países que más estampillas de ovinos emitieron, mientras que Argentina tiene una cantidad mucho menor. Oscar asegura que tiene prácticamente todas las argentinas y también conserva una cantidad importante de piezas provenientes de Australia y de las Islas Malvinas.

Entre todas esas estampillas hay algunas que tienen un valor especial para él. Una de ellas es argentina y data de 1935. Está dedicada al merino argentino, una raza que, según explicó, ya desapareció del país pero que tuvo un papel importante en la expansión de la producción ovina en la Patagonia.

“Es una estampilla que me gusta bastante”, contó Oscar. También guarda una pieza uruguaya de 1901, conocida como “La Ovejera”, y una que hasta ahora considera la más antigua de su colección, emitida en 1864 en la entonces Colonia del Cabo, en Sudáfrica, con la figura de un carnero merino.

Esa última pieza llegó a sus manos gracias a otro apasionado por las ovejas. Oscar había encontrado la estampilla en los catálogos y descubrió que un ingeniero agrónomo santacruceño, Carlos Nuevo Freire, la tenía. “Le escribí diciéndole de esa estampilla y él la tenía. Así que ahora también tengo esa estampilla del año 1864”, relató.

La colección también tiene una pieza bastante más reciente y de un lugar inesperado. Se trata de una estampilla del Vaticano que muestra al papa Francisco con un cordero sobre sus hombros, en una representación del buen pastor. La imagen tiene además una conexión particular con la historia profesional de Oscar, dedicado durante buena parte de su vida al control de la hidatidosis.

“Cuando tenía 20, 21 años, lo operaron de tres quistes hidatídicos en los pulmones”, explicó sobre Francisco. Para Oscar, la aparición del entonces papa argentino en una estampilla junto a un cordero terminó cruzando nuevamente sus dos grandes pasiones, las ovejas y la hidatidosis.

Internet modificó radicalmente la forma de conseguir nuevas piezas. En el último año, Oscar incorporó unas 50 estampillas a su colección gracias a las plataformas de compraventa y al correo internacional. “Hoy es mucho más fácil. Hay páginas que se dedican a la venta de estampillas y, bueno, ahí tenés que buscar esta estampilla muy rara, que es la de las ovejas”, explicó.

La logística también cambió. Una estampilla comprada en Europa puede llegar a la Argentina en cuestión de semanas. Para un coleccionista que durante décadas tuvo que rastrear las piezas en plazas, negocios especializados y catálogos, el salto tecnológico fue enorme.

Pero la colección de estampillas terminó ocupando también el lugar que dejaron las ovejas reales. Oscar tenía una pequeña majada en su chacra de Sarmiento, pero la cercanía con el pueblo terminó haciendo incompatible esa actividad con la tranquilidad que buscaba para su vida cotidiana.

“Los perros sin dueño del pueblo me dejaron sin ovejas. La última vez nos limpiaron en una sola noche las 40 ovejas que teníamos”, contó. El episodio fue el golpe definitivo para una actividad que ya venía siendo complicada.

“Lo dejamos de hacer con mucha bronca, con mucha angustia. Lloramos mucho”, recordó. Durante las noches, él y su esposa Roxana vivían pendientes de los perros que podían ingresar a la chacra. “De noche escuchábamos un perro y te levantabas con la linterna, te levantabas con el rifle, a buscar dónde estaban los perros. Hoy escuchamos un perro y nos damos vuelta y seguimos durmiendo”.

Con el tiempo, Oscar llegó a una conclusión. La chacra les daba las comodidades del pueblo, pero mantener allí una majada significaba enfrentarse permanentemente con una realidad difícil de modificar. “Nos fuimos dando cuenta de que ganamos en tranquilidad y no fuimos contra algo que es casi imposible de hacer. Si quisiera criar ovejas, me tendría que ir más lejos de donde estoy”, explicó.

Así, el rebaño cambió de forma. Las ovejas siguen presentes en su vida, pero ahora aparecen en estampillas, exposiciones, encuentros y charlas con productores. Oscar continúa participando de actividades vinculadas con la producción ovina y lleva consigo su colección para mostrarla.

“A veces alguna sociedad rural de Córdoba te invita y, con las ovejas de verdad, puedo llevar mis ovejas virtuales”, contó con humor.

Incluso encontró una nueva forma de acercar esa colección a las generaciones más jóvenes. Oscar participará en las Olimpíadas de Escuelas Agropecuarias que se realizan en Catamarca, una competencia en la que los estudiantes ponen a prueba sus conocimientos sobre el manejo de los ovinos. Este año, según contó, participarán unas 30 escuelas de Argentina y también instituciones de Chile, Uruguay, Paraguay, Colombia y posiblemente Francia.

Allí volverá a llevar sus estampillas. “Yo voy a llevar mis estampillas virtuales para que los chicos, los jóvenes de nuestro campo, de toda Argentina, puedan ver que también las ovejas están representadas en las estampillas”, explicó.