Un equipo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria está trabajando en una herramienta para acelerar el mejoramiento de la soja frente a la sequía, la misma fue validada en invernadero y en campo, y facilitó la identificación de genotipos promisorios para la selección de nuevas variedades. Los programas de mejoramiento genético de la soja tienen una nueva herramienta que permite identificar materiales con mejor respuesta al déficit hídrico desde las primeras etapas del cultivo.

El trabajo fue llevado a cabo por las investigadoras Mariela Monteoliva y María Carla Guzzo, que son especialistas del grupo de Fisiología del Estrés Hídrico y Microorganismos (MEBA) del IFRGV, en donde evaluaron el comportamiento de distintos genotipos de soja frente a la sequía, tanto en invernaderos como en campos.

Los resultados mostraron que los materiales tolerantes activan mecanismos de protección más eficientes, mantienen mejor su estado hídrico y registran menores niveles de daño oxidativo durante los períodos de restricción de agua. “Entre las respuestas observadas, la acumulación de prolina fue uno de los indicadores más relevantes”, subrayó Monteoliva, bióloga del IFRGV-INTA y Conicet.

Si bien esta noticia no deja de ser algo novedoso, el INTA no es el primero en hacerlo ya que la empresa Bioceres, compañía que se enfoca en crear soluciones para la productividad agrícola y sostenibilidad, lo hizo con su tecnología HB4 que le otorgaba a cultivos como el trigo una mayor tolerancia a la sequía y el estrés hídrico. La misma fue aprobada en el año 2022 pero con los años demostró ser un fracaso ya que los ensayos con HB4 rondaban los 24 quintales por hectárea, un número que se encontraba por debajo de lo normal.

Respecto al experimento del INTA, uno de los principales aportes del trabajo es que permite identificar materiales promisorios en etapas tempranas del desarrollo. Por ende, el tiempo para evaluar grandes colecciones se reduce y así se pueden optimizar los recursos para generar nuevas variedades.

Por último, para ayudar a la investigación, el equipo aplicó esta estrategia a genotipos conservados en el Banco de Germoplasma de Soja del INTA Marcos Juárez y líneas provistas por el investigador Ignacio Vicentin de la Estación Experimental Agropecuaria Paraná del INTA. A partir de ese análisis se identificaron dos materiales con destacada tolerancia al estrés hídrico, cuyo desempeño superó al genotipo utilizado como referencia. Por eso, ambos fueron propuestos para generar nuevas líneas de soja tolerantes a la sequía.

Por su parte, Guzzo, bióloga y especialista en fisiología vegetal del mismo equipo de investigación, detalló que “las respuestas observadas en etapas vegetativas coincidieron con el comportamiento observado más adelante en el ciclo del cultivo y con el desempeño productivo registrado en el campo”. Y agregó: “Esta validación refuerza la solidez de la metodología de fenotipado y nos abre la posibilidad de aplicarla en otros cultivos como maní, trigo y maíz”.