Un grupo de jubilados de visita en una localidad con canales en Países Bajos. (Imagen Ilustrativa Infobae generada con IA)

Países Bajos ha conseguido durante tres años consecutivos convertirse en el país que encabeza la clasificación con las mejores pensiones del mundo. En 2025 obtuvo la primera posición en el Mercer CFA Institute Global Pension Index, con una puntuación de 85,4 sobre 100 y la calificación A, la máxima que otorga este índice internacional. Pronto conoceremos el puesto que obtiene en 2026. Este sistema lo que hace es comparar la jubilación en 52 economías en función de su adecuación, sostenibilidad e integridad. Detrás de los buenos resultados de este país se encuentra un modelo que combina una pensión pública universal con fondos privados de ahorro vinculados al empleo, un esquema que otros países europeos, entre ellos España, observan con atención ante el envejecimiento poblacional.

El primer pilar del sistema neerlandés es la prestación estatal AOW (Algemene Ouderdomswet), financiada mediante impuestos y concebida como una base económica mínima para todos los jubilados. Para una persona que vive sola, la cantidad bruta asciende a 1.662,16 euros mensuales desde julio de 2026, cifra que se traduce en 1.581,55 euros netos si se aplica el crédito fiscal correspondiente. Quienes conviven con otro adulto reciben una cuantía menor por persona, de 1.139,39 euros brutos mensuales.

Países Bajos encabeza el índice de pensiones de Mercer CFA Institute con una puntuación de 85,4 sobre 100 mediante un modelo que combina ahorro público y privado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La AOW no depende del salario percibido durante la vida laboral, sino de los años de residencia o trabajo en Países Bajos. Cada año asegurado entre los 15 años y la edad de jubilación suma un 2% de la pensión completa, de modo que se necesitan 50 años para acceder al 100% de la prestación. A esta base se añade una paga extra anual, la denominada asignación de vacaciones, que se abona en mayo.

La edad de jubilación se ajusta según la esperanza de vida

La edad oficial de retiro está fijada en 67 años tanto para 2026 como para 2027, y subirá a 67 años y tres meses a partir de 2028. A diferencia de un sistema con una edad fija e inamovible, el Gobierno neerlandés revisa este parámetro cada cinco años y lo vincula a la evolución de la esperanza de vida de la población. El objetivo de esta fórmula es adaptar progresivamente el sistema a los cambios demográficos y mantener el equilibrio entre generaciones, de manera que el costo del envejecimiento no recaiga únicamente sobre los trabajadores activos.

La particularidad más señalada del modelo neerlandés es su segundo pilar: los fondos de pensiones vinculados al empleo, de carácter cuasi obligatorio para la mayoría de los trabajadores asalariados a través de esquemas sectoriales. Estos fondos gestionan un patrimonio conjunto que supera 1,5 billones de euros y permiten a los empleados acumular ahorro durante toda su vida laboral, que luego complementa la prestación pública.

Una infografía detalla la reforma de pensiones en Países Bajos, donde la edad de retiro se ajustará a la esperanza de vida y el sistema pasará a aportaciones definidas para 2028. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Países Bajos atraviesa actualmente una reforma profunda de este segundo pilar. La Ley del Futuro de las Pensiones (Wet toekomst pensioenen), en vigor desde julio de 2023, obliga a los esquemas de empleo a completar la transición hacia el nuevo sistema antes de enero de 2028. Con este cambio, el modelo tradicional de prestación definida da paso a otro basado en aportaciones definidas, en el que el monto acumulado y el rendimiento de las inversiones adquieren mayor peso sobre la pensión final que las promesas fijas de pago.

El riesgo de inversión varía según la edad del trabajador

Los fondos colocan el capital en distintos activos, entre ellos renta variable, deuda corporativa e inversiones inmobiliarias. La estrategia de inversión se adapta al ciclo de vida del afiliado: los trabajadores más jóvenes pueden asumir carteras con mayor exposición al riesgo en busca de rentabilidades superiores, mientras que quienes se acercan a la jubilación migran hacia posiciones más conservadoras para proteger el capital acumulado.

Esta arquitectura de tres pilares, que se completa con productos de ahorro voluntario e individual, busca que el futuro de las jubilaciones no dependa únicamente de las cotizaciones de los trabajadores activos en cada momento, como ocurre en los sistemas de reparto puro. Al distribuir el riesgo entre el Estado, los fondos sectoriales y el ahorro individual, el esquema neerlandés logra sostener simultáneamente una alta tasa de reemplazo de ingresos y una proyección de sostenibilidad financiera a largo plazo, dos de los criterios centrales que evalúa el Mercer CFA Institute Global Pension Index.