La ganadería atraviesa una coyuntura en la que la relación compra-venta obliga a revisar las decisiones productivas en cada eslabón. Para el asesor Darío Colombatto, ya no alcanza con esperar que la inflación acomode los números: la salida pasa por producir más kilos, pero de manera eficiente y sin generar animales excesivamente engrasados que después pierdan valor.
“El origen de esta charla es ponernos a reflexionar qué hacer cuando vos tenés una encrucijada que nunca viste”, explicó Colombatto al analizar un escenario en el que productores compraron terneros a valores elevados y enfrentan perspectivas de venta del gordo sensiblemente menores.

Para el especialista, el criador es quien tiene hoy una oportunidad más clara porque puede agregar kilos con relativamente bajo costo. “El criador, para mí, es el que mejor está parado porque es el que menos riesgo a pasarse de rosca tiene”, señaló. La clave es volver a lo básico: lograr la mayor cantidad de terneros posible con la carga de vacas que puede sostener cada establecimiento, mejorar la producción de pasto y, cuando los índices ya están ajustados, aumentar el peso al destete.
En ese punto, Colombatto planteó que el creep feeding puede recuperar protagonismo. La diferencia respecto de otros años es que ahora existe una demanda por terneros más pesados para producir novillos de 500 a 540 kilos. “Hoy sí lo es porque tenés una escasez de ternero declarada y los que te lo compran muchas veces dicen: ‘Yo quiero llegar a un novillo de 540 kg en el frigorífico’”, explicó.
Pero la condición es que esos kilos no sean simplemente grasa. “Hay que ver más alimentos que tengan más que nada proteína”, remarcó. Mencionó como alternativas el grano de avena, el pellet de soja, la burlanda, la arveja y alimentos balanceados específicos. El objetivo es sumar kilos de manera eficiente durante la cría.
En la recría, el desafío cambia. Colombatto advirtió que ya no necesariamente conviene buscar la máxima carga por hectárea si eso implica resignar ganancia individual. “El gran tema hoy es máxima ganancia de peso en la recría sin comprometer un engrasamiento temprano”, afirmó.
La elección del animal también empieza a ser determinante. Para llegar a un novillo pesado sin exceso de grasa, la genética adquiere un peso creciente, junto con la sanidad y la nutrición. “Hoy más que nunca la genética empieza a ser clave”, sostuvo. Un animal que se engrasa demasiado temprano pierde capacidad de seguir creciendo a buen ritmo y puede no alcanzar los pesos que demanda la industria.
En el feedlot, el problema no está necesariamente en el margen sobre cada kilo producido, sino en el costo de entrada del animal. “Yo cada kilo que le pongan al feedlot gano plata, porque lo que me ingresa por ese kilo es mucho mayor a lo que me cuesta ese kilo. El gran tema es la compraventa”, resumió.
Por eso aparecen estrategias como la hotelería, en la que el feedlot transforma maíz en carne con hacienda de terceros, muchas veces de la propia industria. La escala también permite diluir costos fijos. Al mismo tiempo, los corrales avanzan hacia ciclos más largos y animales de mayor peso, donde empiezan a cobrar importancia las bonificaciones por peso y marmoreo y las penalizaciones por exceso de grasa.
Así, los tres eslabones quedan cada vez más conectados. “Sin una cría buena, la recría buena es poco o menos probable y, sin una recría buena, después el corral no corrige lo que no se hizo en las etapas anteriores”, resumió Colombatto.



