Paula Picco, kinesióloga: “No existe una única pisada correcta”
Salir a trotar por el parque , meterse a una cancha de fútbol cinco o pasar una hora arriba de una cinta son escenas cada vez más habituales. Pero hay un detalle que casi nadie chequea antes de calzarse las zapatillas: cómo apoya el pie en cada zancada . Ese gesto, tan automático que pasa completame
Salir a trotar por el parque, meterse a una cancha de fútbol cinco o pasar una hora arriba de una cinta son escenas cada vez más habituales. Pero hay un detalle que casi nadie chequea antes de calzarse las zapatillas: cómo apoya el pie en cada zancada. Ese gesto, tan automático que pasa completamente inadvertido, puede ser la diferencia entre disfrutar el entrenamiento y terminar con una molestia que obliga a parar.
“No existe una única pisada correcta ni una única solución para todos los deportistas”, plantea Paula Picco, licenciada en Kinesiología y Fisiatría (M.N. 18.478) y ortesista y protesista (M.N. 1282), especialista que atiende en el Centro Ortopédico Peláez y dedica buena parte de su trabajo a estudiar cómo se mueve el cuerpo durante el ejercicio. Según explica, la pisada no es sencillamente el instante en que la planta toca el piso: es el resultado de cómo trabajan juntos el pie, el tobillo, la rodilla, la cadera y el resto del cuerpo mientras uno se mueve. Y como cada organismo es distinto, no hay una fórmula única que sirva para todos.
Más que “pronador” o “supinador”
Durante mucho tiempo se acostumbró a meter a los corredores en tres cajones: pronadores, supinadores o neutros. Esa clasificación, sin embargo, quedó vieja. Hoy se sabe que esa etiqueta por sí sola no anticipa quién se va a lastimar y quién no. Lo que realmente aporta información, según remarca Picco, es mirar al deportista de manera integral: cómo se mueven sus articulaciones, qué lesiones tuvo antes, cuánto entrena y qué le exige su disciplina puntual.
En cada apoyo al correr, el cuerpo recibe un impacto que puede multiplicar por dos o tres el propio peso corporal. El pie es la primera pieza que tiene que absorber, repartir y transmitir esa carga. Cuando ese mecanismo pierde eficiencia, otras zonas de la pierna empiezan a compensar de más, y ahí aparece el terreno fértil para el dolor y las lesiones.
Cuándo conviene sumar una plantilla
No todo el que sale a correr necesita una plantilla. La indicación aparece cuando hay una razón biomecánica concreta detrás: una sobrecarga puntual, una lesión recurrente o un desgaste asimétrico del calzado, por ejemplo. En esos casos, el dispositivo cumple un rol específico: redistribuir presiones, sumar estabilidad y optimizar cómo trabaja el pie.
Muchas veces la solución requiere un tratamiento integral complementario: ajustar la técnica de carrera, modificar las cargas de entrenamiento o sumar ejercicios de fortalecimiento localizado. Cada paciente necesita, en definitiva, un abordaje profesional integral para cuidar tanto su bienestar como su rendimiento.
Un concepto que se actualiza: la ortesis plantar
Durante años, la palabra “plantilla” quedó asociada a algo prefabricado, un accesorio genérico que se compra en cualquier local. Pero el concepto avanzó bastante más. Hoy se habla de ortesis plantar para referirse a un dispositivo diseñado a medida, pensado para las necesidades puntuales de cada pie y de cada deportista.
Antes de sumar una plantilla, los expertos aconsejan una evaluación biomecánica completa.
Antes de sumar una plantilla, los expertos aconsejan una evaluación biomecánica completa.
Ese dispositivo, además, no funciona como una solución mágica ni aislada: en la mayoría de los casos actúa como una pieza más dentro de un plan de rehabilitación más amplio, donde cada herramienta cumple una función puntual. En su lugar de trabajo, el proceso arranca con un estudio biomecánico de la marcha —cámaras de alta velocidad y plataformas de presión que registran cómo se mueve el pie parado y en movimiento— y esos datos son los que después guían el diseño de la ortesis. Una vez entregado el dispositivo, la recomendación habitual es usarlo de forma progresiva, ya que cierta molestia los primeros días es esperable, y sostener un seguimiento posterior para chequear que la adaptación esté funcionando bien.
La meta, cierra Picco, no debería ser forzar una corrección solo porque el apoyo es distinto al de otra persona, sino entender cómo se mueve cada uno, qué le pide su deporte y qué recursos lo ayudan a moverse con más eficiencia y menos riesgo.