
En julio, un equipo integrado por el investigador Matthew Witt, la ecóloga Lucy Hawkes y pescadores deportivos logró en el Canal de la Mancha, frente a Inglaterra, marcar electrónicamente por primera vez un tiburón zorro en el país y en el Atlántico nororiental.
El trabajo, publicado por The Conversation y difundido por Phys.org, se apoyó en una colaboración entre los científicos y los aficionados para reunir información sobre especies cuya situación preocupa a los investigadores.
La marca colocada al ejemplar permitirá seguir sus desplazamientos y obtener datos cuando se desprenda dentro de un año, suba a la superficie y transmita la información recopilada. El propósito es conocer mejor cómo, cuándo y por qué estos animales usan las aguas inglesas, tanto en zonas costeras como en mar abierto.
La primera marca abre una nueva vía
Estos depredadores pueden medir hasta 5,8 metros y utilizan sus largas colas, descritas como similares a un látigo, para cazar de forma grupal y arrinconar bancos de peces. Ese comportamiento forma parte de las preguntas que buscan responder.

Witt relató que pasó 6 días en un pequeño barco pesquero en medio del canal sin conseguir una captura junto con Hawkes y 2 pescadores con amplia experiencia en esta especie.
Pese a ese comienzo sin resultados, las salidas continuaron hasta que, en el viaje número 14, llegó el momento que el grupo buscaba desde hacía tiempo.
Sobre ese episodio, el autor afirmó que la alegría, la emoción y la euforia del equipo fueron muy superiores a las de los integrantes del sector recreativo acostumbrados a tratar con estos animales. También señaló: “Esperamos con ansias noticias de nuestro tiburón zorro”.
La experiencia de los pescadores
Uno de los ejes es el valor del conocimiento acumulado por los pescadores deportivos: muchas de las personas con las que trabajan los equipos saben dónde van, por qué y cómo ha cambiado eso a lo largo de las décadas, en referencia a los movimientos de los peces y a las transformaciones observadas con el paso del tiempo.

Ese saber no siempre es reconocido con facilidad por los científicos ni por los gobiernos, aunque puede resultar clave para interpretar cambios en los ecosistemas marinos. Los aficionados a la pesca conocen temporadas de llegada, tamaños habituales, pautas de alimentación y la frecuencia de jornadas exitosas o sin capturas.
El investigador sostiene que, cuando esa información empieza a tratarse como datos y no como simples anécdotas, la cooperación se vuelve más útil. En ese marco, destacó la colaboración con la base de datos de Pat Smith, un registro histórico de capturas de ejemplares que se remonta a 1953 y que ahora está en internet.
La Universidad de Exeter informó que la iniciativa está financiada a través del Programa de Recuperación de Especies de Natural England, una propuesta que apoya acciones específicas para más de 350 especies amenazadas en toda Inglaterra como parte de un programa gubernamental de 3 años, entre julio de 2026 y marzo de 2029.
Se centra en el tiburón azul, el marrajo sardinero y el cazón en aguas inglesas. La iniciativa prevé colocar 75 marcas electrónicas, realizar entrevistas y talleres con al menos 45 pescadores deportivos en puertos como Looe, Falmouth y Brightlingsea, e incorporar estudios con ecografías no invasivas para detectar hembras preñadas y posibles áreas de cría.
Ciencia y pesca, enfoques distintos

Los científicos y pescadores usan herramientas distintas para observar a los mismos animales. Por un lado, la ciencia de la conservación emplea seguimiento por satélite, modelos y programas de muestreo. Por otro, estos últimos construyen su mirada a partir de años de presencia reiterada en los mismos sitios.
Witt explica que los tiburones viven en un entorno cambiante, condicionado por mareas, estaciones y variaciones interanuales. En ese contexto, los instrumentos de investigación ofrecen “instantáneas” de sus vidas, pero pueden tener dificultades para captar el contexto ambiental a la escala de un individuo.
Además, hay entre 2 y 3 millones de pescadores en todo el Reino Unido, que pasan miles de horas en ríos y costas, según NERC Open Research Archive. Esa continuidad, repetida año tras año, permite construir una visión de largo plazo sobre cómo cambian los ecosistemas y de qué manera responden los animales.
La conservación buscará apoyarse en puertos, muelles y laboratorios
El especialista plantea que reunir a pescadores deportivos y conservacionistas permite obtener una visión más completa para gestionar de forma sostenible el medio marino.

Ambas comunidades comparten un objetivo general: mantener poblaciones de tiburones sostenibles a largo plazo, aunque difieren en la forma de equilibrar protección, restricciones y uso responsable.
De todas maneras, el científico reconoce que para algunas personas la prioridad es capturar el pez, mientras que otras intentan reducir al mínimo el daño. A su juicio, ninguna de esas posiciones es simple, porque ambas implican decidir entre el aprovechamiento de un recurso y su resguardo.
En ese marco, sostiene que una conservación eficaz requiere “escuchar, reconocer con honestidad las limitaciones de nuestro conocimiento y resistir la tentación de generalizar sobre los demás”.
Según el investigador, trabajos previos con pescadores del Reino Unido ya mostraron cómo se comportan estos ejemplares después de ser liberados; afirmó que “es un dato que los científicos no podrían obtener por sí solos”.



