
Muchas personas se despiertan con escenas nítidas de lo que soñaron, mientras otras apenas conservan una sensación difusa o directamente no recuerdan nada. Ahora, un estudio identificó qué factores influyen en la capacidad de recordar los sueños al despertar y mostró que esa diferencia no depende solo del azar, sino también de la edad, ciertos rasgos mentales y la forma en que transcurre el descanso durante la noche.
La pregunta tiene impacto más allá de la curiosidad cotidiana. Recordar o no lo soñado es una experiencia universal, pero durante años la ciencia no logró explicar con precisión por qué algunas personas pueden reconstruir escenas, emociones o imágenes con facilidad y otras solo perciben que soñaron sin recuperar ningún detalle.
La nueva investigación, publicada en la revista Communications Psychology, analizó a 217 adultos sanos de entre 18 y 70 años y concluyó que la actitud hacia los sueños, la tendencia de la mente a divagar y ciertos patrones del descanso nocturno se asocian con una mayor probabilidad de despertar con recuerdos de lo soñado. También encontró que la edad y la vulnerabilidad a la interferencia ayudan a explicar cuánto contenido puede conservar cada persona.
Ese último factor refiere a la facilidad con que los recuerdos de un sueño son desplazados por estímulos inmediatos al despertar: la luz, el ruido, la actividad física o incluso el pensamiento consciente pueden interrumpir el proceso de fijación en la memoria antes de que el contenido quede consolidado.
Recordar sueños: entre rasgos personales y cómo fue la noche

Para llegar a esas conclusiones, los investigadores siguieron a los participantes durante 15 días. Cada mañana debían registrar si recordaban haber soñado y, en caso afirmativo, qué nivel de detalle podían recuperar. Al mismo tiempo, el equipo reunió información demográfica, psicológica, cognitiva y del sueño mediante dispositivos de monitoreo y pruebas específicas.
Según se detalla en el estudio, las personas con una actitud más atenta hacia los sueños y con mayor tendencia a la divagación mental tenían más probabilidades de recordar lo soñado al despertar. La divagación mental es la inclinación de la mente a apartarse del foco inmediato y encadenar pensamientos de manera espontánea. En este caso, ese rasgo apareció asociado a una mayor frecuencia de recuerdo onírico.
El trabajo también distinguió entre dos experiencias diferentes. Una es recordar el contenido del sueño: escenas, acciones o sensaciones.
La otra es tener la impresión de haber soñado sin poder reconstruir nada concreto, lo que se conoce como “sueño blanco”, es decir, despertar con la certeza de que algo ocurrió durante la noche, pero sin ninguna imagen ni detalle recuperable. Esa segunda experiencia fue más frecuente en ciertos grupos y ayudó a mostrar que soñar y recordar lo soñado no son exactamente lo mismo.
La estructura del descanso y la posibilidad de recuperar el contenido del sueño

Otro de los hallazgos centrales fue la relación entre el recuerdo de los sueños y la organización del descanso nocturno. Los autores observaron que quienes presentaban episodios de sueño más largos, con menor proporción de sueño profundo N3 y mayor presencia de fases más livianas, tenían más posibilidades de despertar con memoria de una experiencia onírica.
El sueño N3 es la etapa más profunda del descanso y se asocia con procesos de recuperación física y cerebral. Las fases más ligeras, en cambio, parecen ofrecer condiciones más favorables para que la experiencia vivida durante la noche quede disponible al despertar. El estudio indica que la probabilidad de recordar un sueño por la mañana estuvo vinculada tanto a diferencias individuales en los patrones del descanso como a variaciones de una noche a otra.
Es decir, no se trató solo de una característica fija de ciertas personas, sino también de un fenómeno sensible a cómo durmió cada participante en una noche puntual. Esa combinación entre rasgos estables y variaciones cotidianas ayudó a explicar por qué el recuerdo de lo soñado puede cambiar incluso en un mismo individuo a lo largo de distintos días.
El hallazgo tiene una implicancia concreta: el recuerdo onírico no es una capacidad fija que se tiene o no se tiene. Depende de una combinación de factores, algunos estables como la edad o la tendencia a divagar, y otros variables como la calidad del descanso de cada noche, que interactúan de forma diferente en cada persona y en cada ciclo de sueño.




