
Envejecer es inevitable, pero no ocurre igual para todos ni avanza de manera lineal. Aunque suele pensarse como un proceso constante, nuevas investigaciones muestran que el paso del tiempo se manifiesta de forma desigual en el cuerpo. Más que una línea recta, el envejecimiento aparece como un rompecabezas marcado por cambios biológicos y señales hormonales.
Una investigación publicada en Nature Aging y dirigida por Sanju Sinha en el Instituto Sanford Burnham Prebys de California, Estados Unidos, halló que distintos tejidos siguieron ritmos propios y que varios compartieron picos de cambio estructural asociados con señalización hormonal e inflamación. El hallazgo es importante porque sugiere que el cuerpo no tendría un único reloj biológico, sino varios relojes tisulares que podrían acelerarse en momentos distintos de la vida.
El doctor Eric Topol, referente mundial en Longevidad, destacó este hallazgo en su cuenta de X: “Envejecimiento de nuestro cuerpo, órganos y tejidos: de casi 1000 donantes de 21-70 años, el seguimiento post mortem del envejecimiento indicó 2 períodos de aceleración a principios de los 30 y en los 50 y deterioro coordinado caracterizado por inflamación elevada”.
Cómo es el envejecimiento, según el estudio

El estudio analizó más de 25.000 muestras de tejido post mortem de 970 donantes de entre 21 y 70 años y abarcó 40 tipos de tejido. Los autores advirtieron que trabajar con muestras obtenidas tras la muerte pudo influir en la edad aparente de los tejidos, sobre todo en personas jóvenes, y señalaron que no todo cambio ligado a la edad implica deterioro funcional, ya que parte de esas variaciones podría reflejar remodelación adaptativa o cambios neutros.
Para medir esos patrones, el equipo desarrolló un sistema computacional llamado PathStAR, diseñado para examinar la arquitectura microscópica de los tejidos en imágenes patológicas de rutina. A diferencia de otros enfoques orientados a estimar edad cronológica, el método se centró en la estructura física del tejido.
Las arterias mostraron cambios rápidos a los 30 años

Las arterias estuvieron entre las primeras estructuras en envejecer según la investigación, con su período de cambio estructural más veloz durante la década de los 30.
Ese patrón coincidió con registros patológicos que mostraron un aumento más marcado de la formación temprana de placa en esos años antes de estabilizarse después.
El estudio también observó que quienes presentaban envejecimiento estructural más acelerado en las arterias tenían mayor probabilidad de padecer aterosclerosis. En este caso, la acumulación de placa en el interior arterial apareció asociada con el endurecimiento de esos vasos.
El sistema reproductivo siguió ritmos distintos

En el cuerpo femenino, el útero y la vagina permanecieron relativamente estables al comienzo de la adultez y mostraron sus mayores cambios estructurales entre los 50 y 55 años, en coincidencia con la transición a la menopausia. Esas modificaciones incluyeron atrofia tisular y adelgazamiento del endometrio, en línea con la disminución de los niveles de estrógeno.
Los ovarios siguieron un patrón diferente: en lugar de un cambio gradual, el tejido ovárico presentó un envejecimiento estructural acelerado entre los 35 y 40 años y otro entre los 55 y 60 años.
Los autores pudieron ver esos dos picos en la estructura física del tejido, aunque análisis comparables de expresión génica y de metilación del ADN no reprodujeron el mismo patrón bifásico.
Varios órganos compartieron un envejecimiento bifásico

Nueve de los otros 14 tejidos con trayectorias de alta confianza mostraron un envejecimiento “bifásico”, con dos períodos de cambio estructural acelerado que por lo general ocurrieron entre los 30 y los 50 años. Entre ellos estuvieron el esófago, el estómago, el colon y el intestino delgado.
En los hombres, la próstata y los testículos también siguieron ese esquema. La investigación indicó además que las personas con envejecimiento estructural acelerado en colon y esófago tendían a presentarlo también en la próstata, un dato que reforzó la idea de sincronía entre órganos que no están necesariamente próximos entre sí.
Más de la mitad de los tejidos estudiados siguieron el patrón de envejecimiento estructural de los ovarios, según explicó Sinha. Por esa razón, los autores consideraron a ese órgano una posible clase de marcapasos del envejecimiento corporal.
Las hormonas aparecieron como posible vínculo común

La investigación propuso que las hormonas podrían explicar parte de esa sincronización porque actúan como moléculas de señalización en todo el cuerpo y no solo en el sistema reproductivo. Los autores informaron que las caídas más pronunciadas en la capacidad de señalización hormonal se produjeron en tejidos gastrointestinales.
Ese resultado concordó, según el artículo, con la expresión conocida de receptores de estrógeno en el epitelio digestivo y con su papel en el mantenimiento de la barrera mucosa. El hallazgo ofreció una posible explicación para que intestino, útero o próstata envejecieran a ritmos parecidos.
El estudio describió además un rasgo compartido entre varios órganos con envejecimiento estructural acelerado: mayor inflamación junto con menor producción de energía, menor proliferación celular y un descenso en los sistemas de control de calidad celular. Esa combinación apareció como una firma común del deterioro en tejidos distintos.
Qué se descubrió y qué podría implicar

El trabajo sugirió que el cuerpo humano no envejece como una sola unidad, sino mediante trayectorias tisulares diferentes que pueden acelerarse en etapas concretas, sobre todo al comienzo de los 30 y durante los 50. El mecanismo que más claramente emergió en el estudio fue una coordinación entre órganos asociada con cambios en la señalización hormonal y con un aumento de la inflamación.
Esa observación podría modificar la forma de pensar futuras intervenciones contra el envejecimiento, según los autores. En lugar de tratarlo como un proceso uniforme, el artículo planteó que podría resultar más razonable enfocarse en órganos específicos durante los períodos en que parecen más vulnerables.
“Al desarrollar terapias para proteger contra el envejecimiento reproductivo, vemos el potencial de proteger muchos otros órganos y aumentar la esperanza de vida saludable en general”, dijo Sinha.
Los investigadores afirmaron que el cambio no siempre implica envejecimiento: “No todos los cambios asociados a la edad implican un deterioro funcional; algunos pueden reflejar una remodelación adaptativa o una variación neutra”, señalaron.
La investigación también tuvo otra limitación metodológica: utilizó rangos de edad relativamente amplios, de modo que no permitió establecer con precisión cuándo comienzan esos cambios en un individuo.



