Los desiertos son fríos durante la noche porque el aire seco, la escasa nubosidad y los suelos con poca humedad aceleran la pérdida de calor (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando cae el sol, los desiertos pueden perder calor con gran rapidez y registrar descensos térmicos de decenas de grados en pocas horas. Aunque suelen asociarse con jornadas de calor intenso, muchas zonas áridas presentan una amplitud térmica diaria marcada, con tardes muy calurosas y noches frías. La explicación está en una combinación de aire seco, escasa nubosidad, suelos con poca humedad y reducida cobertura vegetal, factores que favorecen el calentamiento veloz durante el día y el enfriamiento acelerado después del atardecer.

El comportamiento no es igual en todos los casos. Hay desiertos cálidos donde las mínimas nocturnas siguen siendo altas en verano, y también existen desiertos fríos capaces de registrar valores bajo cero. En todos ellos, sin embargo, el rasgo común es la falta de precipitaciones, una condición que define a estos ambientes con más precisión que la temperatura.

La falta de humedad y nubes acelera el enfriamiento nocturno

Durante el día, la radiación solar calienta de manera directa la superficie. En regiones con poca vegetación y baja disponibilidad de agua, una parte importante de esa energía eleva la temperatura del suelo y del aire cercano. Como hay menos humedad para amortiguar el intercambio térmico, el terreno responde con rapidez a los cambios de radiación.

Al anochecer, ese proceso se revierte. La superficie terrestre libera hacia la atmósfera y el espacio la energía acumulada en forma de radiación infrarroja. En un ambiente más húmedo, el vapor de agua contribuye a retener parte de ese calor. A eso se suma el efecto de las nubes, que actúan como una barrera parcial para la pérdida de energía.

La National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) explica que en las noches despejadas la superficie irradia más calor hacia el espacio, mientras que la nubosidad reduce esa pérdida y vuelve más templado el ambiente nocturno.

En la misma línea, la NOAA señala que las nubes limitan la radiación saliente y funcionan como una “manta” que frena el enfriamiento de la superficie.

La amplitud térmica diaria en los desiertos puede alcanzar valores extremos por la combinación de suelos secos, baja humedad y vegetación escasa (Imagen Ilustrativa Infobae)

La amplitud térmica diaria puede ser extrema en regiones áridas

La combinación entre baja humedad, cielos despejados, suelos secos y vegetación escasa favorece diferencias muy marcadas entre la temperatura máxima y la mínima de un mismo día. En términos meteorológicos, eso se conoce como amplitud térmica diaria. En varios desiertos del mundo, esa oscilación puede ser muy grande porque casi no hay elementos que moderen el calentamiento y el enfriamiento de la superficie.

Las nubes reducen la diferencia térmica diaria en áreas terrestres al limitar el calentamiento diurno y atenuar la pérdida de calor nocturna. Por eso, los ambientes áridos, con poca nubosidad y humedad, tienen variaciones más pronunciadas.

Otro estudio respaldado por la National Science Foundation identificó que algunos de los mayores valores de amplitud térmica diaria observados en el planeta se concentran en paisajes desérticos. El trabajo menciona un máximo global de 81,8 ℃ en la cuenca de Qaidam, en China, un dato que ilustra hasta dónde puede llegar la oscilación térmica en zonas extremadamente secas.

No todos los desiertos tienen arena; muchos son rocosos, de grava o de suelos compactos. Lo que define al desierto es cómo la aridez afecta el balance de energía entre suelo y atmósfera.

No todas las noches del desierto son heladas

El hecho de que un desierto se enfríe rápido no implica que todas sus noches sean frías en sentido absoluto. En varios desiertos cálidos, sobre todo durante el verano, las temperaturas nocturnas pueden mantenerse elevadas por efecto del relieve, la circulación del aire o el calor acumulado en superficie a lo largo del día.

En otros casos ocurre lo contrario. Los desiertos fríos de altura o de latitudes más extremas pueden registrar mínimas por debajo de 0 ℃ e incluso descensos cercanos a -10 ℃ o -15 ℃ en determinadas condiciones. Esa diferencia confirma que el concepto de desierto está vinculado ante todo a la escasez de lluvias y no a la presencia permanente de calor.

Las oscilaciones térmicas afectan a animales y plantas. Muchas especies adaptadas a estos ambientes reducen su actividad en las horas de mayor insolación y se desplazan al atardecer o de noche, cuando la temperatura baja. Las plantas desarrollan mecanismos para limitar la pérdida de agua en un entorno donde cada cambio de temperatura altera el equilibrio hídrico.

El contraste térmico día-noche es el mismo proceso: la superficie del desierto recibe mucha energía solar bajo cielos despejados y luego la libera rápido por falta de humedad y nubes. Así, el calor intenso de la tarde puede dar paso en pocas horas a una noche fría.