Un estudio de la Universidad de Manchester halló que las suspensiones escolares en secundaria afectan más a alumnos con desventajas socioeconómicas, necesidades educativas especiales y experiencias negativas en la escuela (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio de la Universidad de Manchester halló que las suspensiones escolares en secundaria se concentran con más frecuencia entre alumnos con desventajas socioeconómicas, necesidades educativas especiales y experiencias negativas en la escuela, un patrón que, según la investigación, obliga a mirar más allá de la disciplina para entender qué apoyos pueden evitar la exclusión temporal del aula, informó el portal científico Phys.org.

El análisis, publicado en British Educational Research Journal, examinó datos de 19.064 estudiantes de los cursos 8 y 10 en 69 escuelas secundarias ordinarias de Hampshire y Southampton durante el año académico 2023-24. Cerca del 6% de los alumnos del estudio había sido suspendido al menos una vez en ese período.

La investigación combinó respuestas de encuestas con registros administrativos para rastrear no solo si los estudiantes fueron suspendidos, sino también con qué frecuencia ocurrió. El trabajo utilizó información del programa #BeeWell, una iniciativa de medición del bienestar juvenil encabezada por la Universidad de Manchester junto con la organización Anna Freud, dedicada a la salud mental infantil, y la Gregson Family Foundation.

La encuesta #BeeWell recoge información sobre el bienestar de los jóvenes y sobre condiciones que pueden influir en él, entre ellas la experiencia escolar, conductas de salud, relaciones con pares y familiares y características del vecindario. Esas respuestas pueden vincularse con datos administrativos conservados por las autoridades locales participantes, lo que permite cruzar trayectorias escolares con información sobre suspensiones y exclusiones.

La investigación analizó a 19.064 estudiantes de secundaria de 69 escuelas de Hampshire y Southampton y registró que cerca del 6% fue suspendido al menos una vez en 2023-24 (Imagen Ilustrativa Infobae)

Necesidades especiales y pobreza, mayor riesgo de suspensión

Según el estudio, los estudiantes que recibían apoyo por necesidades educativas especiales tenían más del doble de probabilidades de ser suspendidos que quienes no contaban con ese apoyo. El mismo patrón apareció entre quienes tenían un plan de Educación, Salud y Cuidados —un documento formal que establece apoyos específicos para alumnos con cuadros más complejos—, con idénticas probabilidades de suspensión.

Además, se identificó un riesgo más alto entre los alumnos con derecho a comidas escolares gratuitas, un indicador de desventaja económica. En ese grupo, la probabilidad de suspensión fue casi dos veces y media superior a la de los estudiantes que no reunían ese requisito.

Entre los factores vinculados con una mayor probabilidad de suspensión aparecieron además la presión de pares, las experiencias de acoso escolar y el consumo reciente de sustancias. Los alumnos que admitieron haber consumido alguna sustancia en los últimos 30 días tuvieron casi tres veces más probabilidades de ser suspendidos que quienes no reportaron consumo reciente, en parte porque ese comportamiento puede constituir por sí mismo un motivo de suspensión bajo la guía del Departamento de Educación.

Pertenencia, vínculos y regulación emocional reducen suspensiones

El estudio detectó varios elementos ligados a una menor probabilidad de suspensión: el apego a la escuela, la satisfacción con el propio rendimiento académico, las relaciones positivas con el personal escolar y una mayor capacidad de regulación emocional.

Un adolescente se sienta solo y cabizbajo en el suelo de un pasillo escolar, con su mochila a un lado, mientras otros estudiantes caminan a lo lejos, simbolizando el aislamiento y el impacto del bullying. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La autora principal, la doctora Stephanie Cahill, precisó que la suspensión “no se explica simplemente por lo que ocurre en un aula individual ni por la conducta de un joven de manera aislada”, y afirmó que “las experiencias de desventaja, las relaciones con compañeros y personal, el sentido de pertenencia y las necesidades educativas adicionales forman parte de un panorama mucho más complejo”.

Cahill sostuvo que, si el objetivo es reducir las suspensiones, hace falta ir más allá de las respuestas disciplinarias y considerar qué apoyo necesitan los jóvenes para seguir vinculados con la escuela. Los investigadores subrayaron la importancia de la intervención temprana y del apoyo preventivo, en especial para estudiantes que viven situaciones de desventaja o requieren apoyos educativos adicionales.

El estudio advirtió además que no existe una única trayectoria que conduzca a la suspensión y que una respuesta uniforme difícilmente funcione para todos los casos.

Más estudio y más apoyo estatal, los próximos pasos

Los autores aclararon que los resultados muestran asociaciones y no relaciones causales. La investigación, por lo tanto, no prueba que uno de esos factores produzca por sí solo una suspensión, sino que identifica patrones que requieren más estudio para comprender qué mecanismos intervienen y cómo pueden responder las escuelas con mayor eficacia.

El profesor Neil Humphrey señaló que el contexto educativo actual obliga a muchos docentes a trabajar en condiciones muy exigentes y que, por falta de capacidad, suelen aplicarse enfoques generales a todos los alumnos. “Para asegurar que se pueda hacer más trabajo para entender trayectorias individuales y prevenir suspensiones, tiene que haber un mayor apoyo del gobierno a las escuelas”, enfatizó.