Los medicamentos cardíacos suelen combinarse para controlar la presión arterial, el colesterol LDL, los coágulos, el ritmo cardíaco y la retención de líquidos según el cuadro clínico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Después de un diagnóstico cardiovascular, recibir indicaciones para tomar varios fármacos puede abrir una duda habitual: qué función cumple cada uno y por qué a veces se prescriben en conjunto. La respuesta varía según el estado de salud, los antecedentes y las necesidades de cada paciente.

Una guía de la Cleveland Clinic señala que los medicamentos para el corazón se utilizan para controlar factores como la presión arterial, el colesterol, la formación de coágulos, el ritmo cardíaco o la retención de líquidos. Cada uno actúa sobre un aspecto distinto de la salud cardiovascular.

La cardióloga Leslie Cho afirmó que “en conjunto, estos medicamentos salvan vidas al prevenir infartos y accidentes cerebrovasculares”, según la institución. La especialista explicó que el profesional tratante define la combinación y las dosis a partir del diagnóstico.

La Cleveland Clinic indicó que los medicamentos para el corazón actúan sobre riesgos distintos y que la combinación y las dosis dependen del diagnóstico y los antecedentes (Imagen Ilustrativa Infobae)

La presión arterial alta exige reducir la carga sobre el corazón

Entre los factores que pueden requerir tratamiento, la hipertensión ocupa un lugar central. La presión elevada obliga al corazón a trabajar con mayor esfuerzo para llevar la sangre a todo el organismo y, si se mantiene en el tiempo, puede dañar el músculo cardíaco y los vasos sanguíneos. Ese proceso se vincula con un mayor riesgo de insuficiencia cardíaca, infarto y otras complicaciones.

Para controlarla existen distintos grupos de fármacos. Los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina, conocidos como inhibidores de la ECA, reducen la producción de angiotensina II, una hormona que estrecha los vasos. Al disminuir los niveles de esa hormona, los vasos sanguíneos se relajan y la presión puede bajar. Suelen indicarse en casos de hipertensión o insuficiencia cardíaca.

La hipertensión obliga al corazón a trabajar con más esfuerzo y puede aumentar el riesgo de insuficiencia cardíaca, infarto y otras complicaciones cardiovasculares (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los antagonistas de los receptores de angiotensina II, o ARA-II, actúan sobre ese mismo sistema de otra manera: impiden que la hormona ejerza su efecto. De este modo, también buscan facilitar la dilatación de los vasos y reducir la presión arterial.

Además, los betabloqueantes atenúan la acción de la adrenalina, con lo que pueden disminuir la frecuencia cardíaca y la exigencia sobre el corazón. Se utilizan en determinados cuadros de insuficiencia cardíaca y alteraciones del ritmo.

Según la guía de la institución, los bloqueadores de los canales de calcio completan las alternativas disponibles y, de acuerdo con el medicamento, pueden relajar los vasos, bajar la presión o desacelerar el pulso.

Las estatinas buscan bajar el colesterol LDL y el riesgo vascular

El objetivo de los tratamientos destinados a reducir los lípidos va más allá de modificar un valor de laboratorio. Según la guía, bajar el colesterol LDL, conocido como “colesterol malo”, disminuye la probabilidad de eventos cardiovasculares.

Con ese propósito, las estatinas figuran entre los fármacos más utilizados. Pueden indicarse después de un infarto, un accidente cerebrovascular, una cirugía de bypass o la colocación de un stent, y también como medida preventiva en personas con determinados factores de riesgo. La guía añade que pueden contribuir a reducir la inflamación.

Las estatinas se utilizan para bajar el colesterol LDL y reducir la probabilidad de infarto, accidente cerebrovascular y otros eventos cardiovasculares (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si las estatinas no logran el descenso esperado o no pueden administrarse, el equipo médico puede evaluar otras opciones. La ezetimiba y los inhibidores de PCSK9 actúan por vías diferentes para disminuir el LDL u otras grasas presentes en la sangre.

Los anticoagulantes y antiagregantes no deben confundirse

Un coágulo que bloquee la circulación hacia el corazón o el cerebro puede causar un infarto, un accidente cerebrovascular u otra complicación grave. La Cleveland Clinic indica que ciertas enfermedades cardíacas y procedimientos incrementan este riesgo, por lo que el equipo médico puede indicar medicamentos para reducir su formación.

En el lenguaje informal se los conoce como “diluyentes de la sangre”, aunque esa expresión no describe con precisión su mecanismo. Estos fármacos interfieren en distintas etapas de la coagulación.

Uno de los grupos es el de los antiagregantes plaquetarios, que dificultan la unión de las plaquetas, células que participan en ese mecanismo. La aspirina y el clopidogrel son ejemplos de esta clase.

La aspirina puede recomendarse a personas con enfermedad cardiovascular ya diagnosticada. Sin embargo, la guía advierte que, en general, no se emplea para prevenir un primer evento sin una evaluación individual, que debe considerar los beneficios esperados y el riesgo de sangrado.

La aspirina puede indicarse en personas con enfermedad cardiovascular ya diagnosticada, pero no suele usarse para prevenir un primer evento sin evaluación individual (Imagen Ilustrativa Infobae)

Otra categoría relevante es la de los anticoagulantes, que intervienen en una fase diferente del proceso de coagulación. Entre ellos se encuentra la warfarina, uno de los medicamentos más antiguos de esta clase. Para tratar coágulos en piernas o pulmones, sin embargo, ya no suele ser la primera alternativa, explicó Leslie Cho.

En esos casos se utilizan con frecuencia anticoagulantes orales más recientes, como apixabán y rivaroxabán. La warfarina, de todos modos, conserva indicaciones en ciertas afecciones de las válvulas cardíacas.

Aunque actúan de manera diferente, los antiagregantes y los anticoagulantes pueden aumentar el riesgo de hemorragias. Por eso, no deben iniciarse, suspenderse ni modificarse sin la indicación de un profesional de la salud.

El control del ritmo y de los líquidos completa el tratamiento

El tratamiento también puede extenderse al ritmo cardíaco y al manejo del exceso de líquido. De acuerdo con la guía, las arritmias requieren una evaluación específica, ya que el medicamento se elige de acuerdo con la alteración identificada. Los antiarrítmicos buscan regular la actividad eléctrica del corazón y, en determinados pacientes, los betabloqueantes pueden integrar esa estrategia.

Los antiarrítmicos y los diuréticos completan el tratamiento cardiovascular, mientras el seguimiento médico ayuda a ajustar dosis, evitar interacciones y mantener la seguridad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los diuréticos se indican cuando el organismo acumula más líquido del necesario. Favorecen la eliminación de sodio y agua a través de la orina, lo que puede aliviar la congestión vinculada con la insuficiencia cardíaca. En el lenguaje cotidiano se los conoce como “pastillas de agua”.

El seguimiento médico evita errores en tratamientos que pueden cambiar

La cardióloga Leslie Cho recomendó que los pacientes mantengan una lista actualizada de los medicamentos, sus dosis y la razón de cada indicación. Esa información resulta útil durante consultas, internaciones o cambios de profesional tratante.

También aconsejó respetar la pauta indicada, aun cuando la persona se sienta bien. Si se olvida una toma, la recomendación general del centro médico es tomar el medicamento cuando se recuerde, salvo que esté próximo el horario siguiente. En tal caso, se debe omitir la administración pendiente y retomar la pauta habitual; nunca debe compensarse con una cantidad doble sin autorización médica.

La revisión periódica de dosis, interacciones y controles clínicos permite adaptar el tratamiento y reducir riesgos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los suplementos, los productos de venta libre y otros tratamientos recetados pueden generar interacciones. Por eso, todo medicamento nuevo debe ser consultado con el equipo de salud, incluidos los suplementos herbales. Los controles de presión arterial, los análisis de sangre y las revisiones periódicas permiten verificar si el tratamiento sigue siendo seguro y adecuado para cada paciente.