¿Pueden las baterías usadas del coche eléctrico tener una segunda vida como almacenamiento de renovables? Asturias dice sí

Una batería puede haber dejado de ser lo bastante buena para un coche eléctrico y, sin embargo, todavía tener mucha vida por delante. El informe de la Fundación Asturiana de la Energía (FAEN) Recuperación de materiales estratégicos de las baterías dentro del sector Automovilístico: Modelos de economía circular y su implementación en Asturias plantea una posibilidad muy interesante: dar una segunda vida a las baterías convirtiéndolas en sistemas estacionarios de almacenamiento de energía. Y mejor si esa energía procede de fuentes renovables.

Un mercado al alza. Según datos del último Global EV Outlook 2026 de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), este 2026 se van a vender 23 millones de vehículos eléctricos. Una cifra que hace apenas unos años costaba imaginar, pero que hoy, con los bandazos de los precios de los combustibles y una mayor conciencia medioambiental, parece más natural que nunca. 

Esto va a conllevar, según el mismo documento, un crecimiento de la producción de baterías de hasta cuatro veces de aquí a 2030, y, por tanto también una intensa competencia por asegurarse el acceso a minerales críticos como el litio, el cobalto y el níquel. Sin embargo, el acceso a estos componentes se está volviendo cada vez más complejo, a múltiples niveles, desde el operativo al geopolítico. De ahí que resulte crucial optimizar todo el ciclo operativo de las baterías y evitar su descarte prematuro.

Esto que parece un edificio a medio construir en China es una batería gigante que funciona con gravedad
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