Dicen que el hombre es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra. Acá vamos de nuevo: ¿Cuántas veces un gobierno puede toparse con una piedra tan grande, tan pesada y tan delicada como el tema de la discapacidad?
Un año después, estamos insólitamente otra vez en el mismo lugar. El Gobierno ya se la había pegado contra la pared con este tema: hubo marchas, hubo críticas, hubo consenso social, hubo heridos. Y se había llevado una moraleja: hay cuatro cosas con las que no se jode: la discapacidad, el Garrahan, las universidades y los jubilados.
¿Qué pasa de golpe? Aparece este martes 13, totalmente innecesario.
- Problema 1: Buscan suspender la actualización automática por inflación de los aranceles a los prestadores: terapeutas, acompañantes, etcétera.
- Problema 2: Quieren mandar menos dinero de lo acordado a las universidades.
- Problema 3: Apuntan a suspender la actualización automática por inflación de la AUH.
Tres temas recontra sensibles. Tres dolores de cabeza sin ninguna necesidad. Y, sobre todo, tres temas que ya estaban saldados y que le trajeron al Gobierno un costo político altísimo.
Recuerdo lo que pasó aquella noche de viernes con Luis Juez. Otra vez no. Aprendan de los errores. No hay lugar para estas pavadas. No empiecen de nuevo a fusilar a todo aquel que no acompañe el ajuste a las prestaciones de discapacidad. Por favor, no sean brutos.
Este Gobierno se ha dado por lo menos cinco tiros en los pies en los últimos meses:
- El caso $LIBRA.
- La corrupción en ANDIS (caso Spagnuolo).
- El caso Espert.
- La pelea con las universidades.
- El caso Adorni.
No sigan. ¿Por qué Patricia Bullrich sale a cruzar así al Gobierno? Porque lleva 50 años haciendo política y no es boba. Tiene el olfato bastante refinado y se da cuenta cuando un gobierno mete la pata.
Su trayectoria habla por sí sola: fue diputada nacional del PJ con Menem, ministra de la Alianza con De la Rúa, socia de Lilita Carrió en la Coalición Cívica, ministra de Seguridad de Macri, presidenta del PRO y ministra de Seguridad de Milei.
Cada vez que Bullrich salió a diferenciarse es porque el tema fue lo suficientemente delicado. Acá un breve repaso.
El caso de Espert, ¿cómo terminó? Lo bajaron. Después hizo lo mismo con Manuel Adorni y esa situación fue absolutamente insostenible. Más adelante, se opuso al gobierno por el veto a la jueza María Verónica Michelli y, al final, dieron marcha atrás y fue nombrada jueza.
Ahora sale de nuevo Bullrich y dice: “La gente va a pensar que el gobierno es insensible”, “No pueden enviar esta bomba atómica” y “No me traten de tonta”.
Humilde recomendación: escúchenla, porque el horno no está para bollos. La gente no está para bancarse otro ajuste en discapacidad, universidades y AUH. Y menos en año electoral.

Una encuesta de Zentrix lo confirma: el 87,4% afirma que su ingreso no le gana a la inflación; el 86,6% dice que para llegar a fin de mes necesita dos o más empleos; dos de cada tres argentinos agotan sus ingresos a lo sumo el día 20 de cada mes; y solo el 9,3% afirma que llega a fin de mes con alguna capacidad de ahorro.
Es un momento donde el Gobierno debe mostrar sensibilidad, empatía, cercanía y escucha activa. Y esto lo decimos con ánimo de construcción, y nunca de destrucción. Si lo quieren ayudar al presidente, alguien se lo tiene que decir.
Hay dos formas de pararse en este momento frente a la realidad. Ser un alcahuete y decirle al Presidente: “Tiene razón”, “Muy bien”, “Lo aplaudo”, “Está todo bárbaro”, “Siga así”, “No toque nada”, “No se preocupe”, “Les ganamos caminando”, “Lo felicito”, “Qué buen discurso”. O ser realista y decir la verdad. Pero decir la verdad no para molestar, sino para que las cosas cambien para bien.
¿Cuál es la verdad? Se divide en tres aristas: la gente la está pasando mal, la clase media está haciendo un esfuerzo descomunal y hay mucha morosidad en expensas, colegios, prepagas y servicios. Y la paciencia, lógicamente, llega a un límite.
No es momento de tirar de la cuerda, y menos con temas tan sensibles como estos. No es momento para pasar la motosierra con la AUH, con las universidades y con la fórmula de prestadores en discapacidad.
La respuesta que suele dar Milei es: “Acelero en la curva”, “No voy a escuchar a los periodistas de mierda”, “Me voy a atar al mástil”, “El equilibrio fiscal no se negocia”.
Señor presidente: ese mástil al que se ató Ulises para no escuchar el canto de las sirenas no sirve de nada si la intransigencia lleva a que vuelva el kirchnerismo. ¿Sabe por qué? Porque Kicillof va a tardar exactamente cinco minutos en destruir todo el esfuerzo que hizo la sociedad para alcanzar el superávit. Porque son bestias que destrozan todo lo que tocan.
Un solo ejemplo del gasto público de Kicillof: hoy tiene 15 ministerios, el doble del Gobierno nacional. El gasto en el Ministerio de Mujeres y Diversidad pasó de $217 millones en 2020 a $21.660 millones en 2026: un aumento del 9881% en seis años. Casi 100 veces en seis años.
Señor Presidente Milei, con todo respeto: si el Gobierno sigue cometiendo estos errores delicados, le va a facilitar la vuelta a esos personajes nefastos. Y todo el esfuerzo que hizo la sociedad habrá sido en vano. No sean amateurs de la política. Y, sobre todo, no le den argumentos al kirchnerismo.
Que el kirchnerismo ahora tenga argumentos para hablar de “sensibilidad” es responsabilidad entera del Gobierno. Grave error. Tomémonos un segundo para hablar de la empatía de estos progres:
- La jubilación mínima cayó durante todo 2023: empezó en enero en US$ 132 y terminó en US$ 88 en diciembre.
- Ese mismo mes, la AUH cayó a US$ 17 —y hoy está en US$100—.
Ellos no pueden hablar de Estado presente. Y, por supuesto, no tienen ninguna autocrítica del desastre que hicieron. ¿Autocrítica por Insaurralde? No. ¿Por los fajos de billetes? No. ¿Autocrítica por las SIRA? No.
Cuando no hay autocrítica, no hay aprendizaje. Y cuando no hay aprendizaje, se repiten los horrores del pasado. Si vuelven, van a hacer exactamente lo mismo que hicieron en los cuatro gobiernos anteriores: cepo, control de precios, ley de góndolas, ley de medios, expropiaciones, retenciones, Precios Justos, ley de alquileres, dólar soja, dólar Qatar, dólar trigo, dólar Coldplay, Mesa del Hambre.
Por lo tanto, el Gobierno no puede ser tan necio, tan obcecado, tan terco, tan rígido, tan dogmático, tan ciego y tan enamorado de su propio diagnóstico.
No le regalen el regreso a estos nefastos. Rectificar no es rendirse. Porque una cosa es tropezar con una piedra. Y otra muy distinta es correr derecho contra ella.
Opiniones libres, hechos sagrados.




