La emoción de estrenar una obra nunca es igual cuando sobre el escenario está una hija. Romina Richi vive días de orgullo y sensibilidad al frente de Julieta y Romeo, un proyecto que nació como un desafío artístico y terminó siendo una aventura familiar. Margarita Páez, su hija con Fito Páez, es quien encarna a Julieta en una puesta coral que también protagoniza Balthazar Murillo, pareja de la joven artista. El cruce entre lo profesional y lo íntimo atraviesa cada ensayo, cada función y cada charla, y madre e hija lo compartieron con naturalidad y complicidad en su paso por Infobae a las 9 (Infobae en Vivo) de cara al estreno de este jueves por la noche en el Polo Cultural Saldías.

La convivencia laboral entre ambas fue, desde el primer día, natural y armónica. “Somos 30 en escena, así que mi mamá tiene que manejar un barco enorme y yo soy una más, soy parte de eso”, comentó Margarita sobre cómo la dinámica ayuda a que la energía no recaiga únicamente en ella. A su vez, asegura que, en el teatro, sigue siendo “mamá”, nunca “Romina”. El vínculo familiar se mantiene intacto, pero en el escenario, la autoridad y el respeto por la directora están siempre presentes. Romina lo confirma con humor: “Yo le digo ‘hija’ y ella nunca me dijo ‘Romi’. Me muero si me decís ‘Romi’”.

Para Romina, el desafío de dirigir a su hija es, sobre todo, una fuente de emoción. “Es increíble, una experiencia inolvidable. Lloro. Lloro aparte por lo que es Romeo y Julieta, porque ya de por sí es muy conmovedora. Y cuando la veo a ella en ese rol, es mucho más fuerte, muy hermoso, muy emocionante”, aseguró frente a las cámaras. La obra, que surgió como un impulso después de su formación en el Teatro Colón, tomó forma rápidamente. “Esto empezó en abril, todo fue medio en tiempo récord. Un día me senté con Lucas Pombo, el dueño del Polo Cultural Saldías, y le dije que quería hacer algo, aunque no sabía bien qué. Era un momento para unir gente, armar algo nuevo con actores, músicos, artistas con ganas de mostrarse. Tenía el estudio, el espacio, y dije: ‘¿qué estoy haciendo?’”, recordó con emoción.

Romina y Margarita, madre e hija, se embarcan en un proyecto donde unen su talento tanto arriba como abajo de las tablas (Captura de video)

Así nació la convocatoria para el casting, buscando talentos, aunque fueran desconocidos, y dándoles oportunidad de lucirse. “En el segundo año del Colón estudié todo Shakespeare, entero. Así que elegí seis personajes, no solo Romeo y Julieta: están Cleopatra, Ricardo, Calibán…”, comentó Richi. Y resumió el espíritu de la obra: “Todo está atravesado por el deseo. Es el deseo el que manda, el que viene a contarnos que no es la vida la que te lleva, sino el deseo el que decide”.

El armado de la obra fue artesanal y colectivo, a pulmón y con la ayuda de amigos. “La fotografía la hizo Guido Adler, que es amigo de hace años. El vestuario fue una aventura: no teníamos plata ni producción, así que fui la productora. Gus de La Polilla Vestuarios, que ha ganado premios, y el Teatro Argentino de La Plata nos prestaron prendas. Todo fue posible gracias a una red de colaboración y entusiasmo”, detalló Romina.

Ser madre siempre fue central para ella, más allá de su oficio sobre las tablas: “Me encanta ser mamá, lo disfruto un montón. Soy muy madre. Creo que tengo más recuerdos de madre que de hija, porque a los 20 ya tuve a Valentina. Nunca lo dudé, me hace muy feliz”. También mencionó a Bethania, la más chica de la familia, a quien llamó con cariño “la terremota”.

La reconocida artista y su hija, fruto de su relación con Fito Páez, ahora unen sus talento para una nueva versión de Romeo y Julieta (Instagram)

Por su parte, Margarita dejó en claro que agradece cada palabra y reconoció que el desafío es grande: “Nunca había hecho una obra así. Lo trabajé en clases, pero esto es otra cosa. Estoy muy feliz, siento que es una obra que me desafía mucho como actriz y lo estoy aprovechando al máximo”, destacó la joven artista.

El proceso es una mezcla de orgullo, admiración mutua y mucho aprendizaje. Margarita valoró que, aunque su madre sea la directora, las decisiones se toman pensando en el conjunto y que el trato es tan profesional como cálido. Romina, por su parte, se emocionó con cada avance y cada función: “Romeo y Julieta ya es fuerte, pero cuando la que está ahí es tu hija, es mucho más. Es hermoso, movilizante, una felicidad difícil de describir”.

De esa manera, Julieta y Romeo es mucho más que una obra. Es el resultado de un deseo compartido, de la necesidad de crear y de dar lugar a nuevas voces en el escenario. Romina resalta la importancia de abrir espacios a talentos jóvenes, de permitir que quienes no tienen visibilidad encuentren su lugar. Margarita, mientras tanto, disfruta cada paso y siente que crecer junto a su madre en esta aventura es un privilegio y un honor.

El estreno marca el cierre de una etapa y el inicio de otra, en la que madre e hija celebran el poder del arte y del vínculo familiar, y se preparan para emocionar al público con una puesta atravesada por la pasión, el deseo y el amor. Para Romina, el teatro es un espacio de encuentro y transformación donde el deseo marca el rumbo. Para Margarita, es el escenario donde explora y comparte su vocación junto a su mamá. Así, ambas celebran juntas un estreno que, más allá de las luces y los aplausos, ya es imborrable para las dos.

Entrevista completa a Romina Richi y Margarita Páez

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