En mayo de 2024, dos años después de la invasión de Rusia a Ucrania, el Gobierno de Estados Unidos se alió con SpaceX para bloquear el uso no autorizado de sistemas de banda ancha basados en satélites Starlink por parte del ejército ruso. Si bien la compañía de Elon Musk no había dado acceso en ningún momento a su sistema de satélites, las fuerzas armadas del Kremlin había estado incluso equipando drones con terminales de Starlink adquiridos en el mercado negro. Después de que Ucrania alertase sobre la situación, desde el país norteamericano se pusieron manos a la obra para llevar a cabo un bloqueo que ha culminado este mismo año con la definición de una lista blanca, según la cual solo los terminales verificados y registrados oficialmente podrían operar en territorio ucraniano. Rusia perdió la baza de Starlink, así que apostó todas sus cartas a su propio sistema satelital: Rassvet. Ahora, tras un primer análisis de su puesta en marcha, sabemos que la jugada no le salió precisamente bien.
Dos tandas... El sistema de satélites Rassvet ha sido desarrollado por la compañía rusa Bureau 1440, como respuesta de Rusia a Starlink. Tras la publicación de la lista blanca en febrero, se lanzó una primera tanda de 16 satélites en marzo, seguidos de otros 16 en julio. Rusia espera disponer de 300 satélites de este tipo en 2027 y 924 en 2035. Sin embargo, no van por muy buen camino.
... y muchos fallos. De los 32 satélites, ninguno ha alcanzado la órbita operativa prevista de 800 km. Varios se han estancado en altitudes de entre 300 y 550 kilómetros y otros ni siquiera han logrado elevarse. De hecho, un satélite del primer lote nunca llegó a colocarse en órbita y fue perdiendo altura hasta regresar de nuevo a la Tierra en junio. En el segundo lote hubo dos que posiblemente corran el mismo destino.




