
La fruta ocupa un lugar destacado en una alimentación saludable, pero no siempre llega a nuestra mesa en las mismas condiciones. Fresca, congelada o deshidratada, cada presentación tiene sus particularidades y elegir una u otra puede depender de factores como la temporada, el tiempo que lleva almacenada o la forma en la que se conserva.
La fruta congelada, en contra de lo que muchas veces se piensa, puede ser una alternativa nutricional especialmente interesante. En el caso de los frutos rojos, además, el tiempo de transporte y almacenamiento puede jugar en contra de la fruta fresca, mientras que la deshidratada plantea otra cuestión: la concentración de azúcar.
La doctora Sara Marin, conocida en redes sociales como @uncafecontudoctora, ha explicado las diferencias entre estas tres opciones y ha defendido especialmente el valor nutricional de la fruta congelada como “una de las mejores opciones nutricionales que existen”, señala. Según explica, puede incluso superar a la fresca en determinadas circunstancias.
Una de las principales ventajas de la fruta congelada, según Marin, está en el momento en el que se lleva a cabo la congelación, puesto que se realiza “justo después de cogerla”. Ello que se conserve especialmente bien todos los nutrientes, fibra, minerales y antioxidantes. Por este motivo, considera que la fruta congelada puede ser una alternativa especialmente buena cuando no se dispone de fruta fresca local o de temporada. La doctora pone el foco, sobre todo, en los frutos rojos.
Arándanos, frambuesas y moras destacan entre las frutas que la doctora considera especialmente beneficiosas. “Son increíbles para tu microbiota y con muchísimos antioxidantes”, afirma. Sin embargo, también señala que son frutas delicadas que pueden perder parte de sus propiedades si pasan demasiado tiempo viajando o almacenadas. Por eso, en determinadas circunstancias, los frutos rojos congelados pueden ser una opción preferible a los frescos.
La fruta fresca sigue siendo una excelente opción
El valor de la fruta congelada no significa que la fruta fresca deje de ser recomendable. De hecho, Marin matiza que continúa siendo “una opción excelente” cuando se cumplen determinadas condiciones: que sea local, de temporada y que se consuma pronto.
El problema puede aparecer cuando la fruta procede de lejos o permanece demasiado tiempo almacenada. “Muchas se recogen verdes y maduran por el camino y eso puede hacer que pierdan vitaminas”, explica la doctora. Según apunta, algunas frutas pueden perder hasta un 30 % de vitamina C en cinco días. Eso sí, hay un aspecto en el que la fruta fresca suele imponerse: la experiencia al comerla. “Obviamente en textura y sabor suele ser la ganadora”, reconoce.
Fruta deshidratada: mejor controlar la cantidad
La tercera opción es la fruta deshidratada. Para la doctora, no se trata de un alimento que haya que descartar, pero sí de uno cuyo consumo conviene controlar. “No es mala, pero es verdad que el azúcar está muy concentrada”, explica. Por eso recomienda moderar la cantidad: “Un puñadito está bien, pero no te comas la bolsa entera”.
Con todo ello, la doctora anima a no idealizar exclusivamente la fruta fresca y a valorar también las alternativas. “Yo idealizo siempre la fruta fresca, pero tampoco le tengas miedo a la congelada. La peor fruta siempre va a ser la que no te comes”, concluye.