En Asunción, en 1887, Domingo Faustino Sarmiento habló ante una manifestación de escuelas cuando su salud ya limitaba su voz. “La audición disminuye y la voz flaquea”, dijo. Ante los niños paraguayos, expresó el deseo de que las banderas de Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay le sirvieran de mortaja, “para atestiguar que merecí bien de sus habitantes”. Sarmiento murió en Asunción el 11 de septiembre de 1888. De esos últimos días se ocupa Sarmiento, el Maestro, el corto producido por Infobae con las voces de Juan Leyrado y Carla Peterson.

El libro El maestro. Ideas sobre la educación, publicado por Infobae Ediciones con introducción del historiador Alejandro Herrero, reúne escritos de Sarmiento sobre la escuela, la lectura, la formación de maestras y las bibliotecas. El volumen incluye Instrucción pública (1849), Arte de leer, De la educación de las mujeres, el mensaje al Congreso que acompañó el proyecto de ley de bibliotecas populares, una carta a Mrs. Horace Mann, Los maestros de escuela y el discurso de Asunción.

El poder, la riqueza y la fuerza de una nación

En Instrucción pública, Sarmiento vincula la enseñanza con la organización política y económica de los Estados. “El poder, la riqueza, y la fuerza de una nación dependen de la capacidad industrial, moral, e intelectual de los individuos que la componen; y la educación pública no debe tener otro fin que el aumentar estas fuerzas de producción, de acción y de dirección”, escribe en 1849. En el diálogo que introduce el libro, Herrero explica que, para Sarmiento, leer permitía conocer derechos y obligaciones, además de intervenir en actividades del trabajo y el comercio.

El libro El maestro. Ideas sobre la educación reúne escritos de Sarmiento sobre la escuela, la lectura, la formación de maestras y las bibliotecas populares. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Herrero sitúa esa posición frente a las ideas de Juan Bautista Alberdi, de Michel Chevalier y de Juan Manuel de Rosas, quienes, según el historiador, asociaban la educación con la desobediencia o los disturbios y asignaban al trabajo una función moralizadora. Desde 1850, la Confederación encabezada por Justo José de Urquiza y Buenos Aires coincidieron en priorizar la educación, señala Herrero.

Las cifras de las fábricas sostienen su argumento sobre la alfabetización

Sarmiento incorpora en el ensayo declaraciones de fabricantes de Nueva Inglaterra para sostener que la instrucción primaria incidía en el trabajo fabril. J. Clarck informa que, entre 1.229 operarias registradas en el libro de pagos, 40 firmaban con una marca. Veintiséis de ellas trabajaban a destajo y recibían una paga media 18,5% inferior a la del resto de las trabajadoras de su departamento. Otras 50 mujeres que habían enseñado en escuelas recibían un salario medio 17,5% superior al promedio de todos los molinos y 66% mayor que el de las 26 que no sabían escribir sus nombres.

M. H. Bartlett, citado por Sarmiento, declara que estuvo a cargo de entre 400 y 900 personas durante diez años. “No trepido en afirmar que he encontrado que los más bien educados son los que más obra producen”, afirma. Sarmiento también advierte que la inmigración de trabajadores con mayor preparación podía relegar a quienes no contaran con instrucción industrial e intelectual a “las últimas clases de la sociedad”.

La educación de las mujeres y las maestras en la escuela pública

En De la educación de las mujeres, Sarmiento sostiene que la educación femenina incide en la vida doméstica y pública. Describe las pequeñas escuelas particulares dirigidas por mujeres en aldeas y barrios de las ciudades, a las que llama “Escuelita de mujer”. “La madre al desprenderse por la primera vez de sus hijuelos prefiere la escuela de mujer, llevada del instinto materno que la hace comprender que una mujer es maestro más adecuado para la inteligencia infantil”, escribe.

En De la educación de las mujeres, Sarmiento afirma que las maestras y la educación femenina cumplen un papel central en la escuela pública y en la enseñanza infantil. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El texto registra que en Massachusetts, en 1839, había 2.378 maestros y 3.928 maestras en la enseñanza pública. Sarmiento atribuye a las mujeres “aptitudes de carácter y de moral” que, a su juicio, las hacían “infinitamente superiores a los hombres, para la enseñanza de la tierna infancia”. Herrero señala, a partir de los informes del Departamento de Escuelas, que Buenos Aires fue uno de los pocos lugares del mundo donde asistían más niñas que niños a las escuelas.

La carta de 1882 a Mrs. Horace Mann se refiere a las maestras norteamericanas que el gobierno había enviado a las provincias, sobre todo a escuelas superiores y escuelas normales. Sarmiento afirma que ellas “han dejado tras sí un rastro luminoso, y sembrado una semilla preciosa que no se perderá”, tras educar a centenares de niñas e influir en quienes continuaron las tareas de enseñanza.

El maestro como vínculo con los libros y la memoria escrita

En Los maestros de escuela, publicado en 1852, Sarmiento compara a los docentes con quienes levantaron las catedrales góticas de Europa: “artesanos obscuros, de millares de albañiles, cofrades de una hermandad, que trabajaban sin salario, en desempeño de un deber, un voto o una creencia”. A los maestros les atribuye la tarea de “terminar la obra de la civilización del género humano”.

Sarmiento sostiene que la educación pública aumenta la capacidad industrial, moral e intelectual de una nación. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El maestro, escribe, no inventa la ciencia ni necesita dominarla por completo. “Él abre las puertas cerradas al hombre naciente y le muestra el camino; él pone en relación al que recibe sus lecciones con todo el mundo, con todos los siglos, con todas las naciones, con todo el caudal de conocimientos que ha atesorado la humanidad.” El libro aparece allí como memoria de la especie: permite, según el texto, recordar a Moisés, Homero, Sócrates, Platón, César y Confucio.

Doce horas de escritura en la carta a Mrs. Horace Mann

En 1882, a los 71 años, Sarmiento escribió a Mrs. Horace Mann en medio de las pruebas de imprenta de Conflicto y armonías de las razas en América. “Anteayer trabajé sin levantar cabeza con mis frescos años, doce horas que no llamaré mortales, sino gloriosas”, cuenta. El pasaje alude a su trabajo sobre los Padres Peregrinos y las instituciones libres de Estados Unidos.

Sarmiento describe su estado frente a esa tarea con una imagen que también cierra la selección: “yo mismo me sentía arrebatado por la grandeza del asunto, como se enciende el rostro del herrero que da formas al hierro candente”. La carta acompaña su relato sobre las maestras norteamericanas y el desarrollo de la educación en San Juan.