El reportaje parte de una situación que los limeños pudieron observar recientemente en las calles: los anegamientos provocados por las lluvias y el desborde de sistemas de alcantarillado en sectores de Lima Sur.
La pregunta que queda planteada es todavía mayor: si algunas zonas de la capital tuvieron problemas después de unas horas de lluvia, ¿Qué tan preparada está Lima para enfrentar un terremoto y mantener funcionando su sistema de agua y desagüe?


Las lluvias dejaron huellas en Villa El Salvador
En Villa El Salvador, las marcas del agua todavía permanecían en las calles y viviendas. El reportero mostró las huellas dejadas por el desagüe luego de que el agua rebalsara de los buzones y terminara ingresando a casas y espacios donde las familias debieron continuar con su vida cotidiana.
“Hasta ahí llegó el agua, donde está manchada la eso”, señaló uno de los pobladores mientras mostraba el nivel que había alcanzado el agua. “Bueno, efectivamente acá en las calles todavía están las huellas del desagüe, ¿no? Ha llegado hasta acá, mire. Bueno, y el olor es fuerte, ¿no? Todavía huele a desagüe”, comentó el reportero de Cuarto Poder.
El vecino explicó cómo la situación afecta a quienes permanecen en la zona. “Sí, pero tenemos que vivir acá. Tenemos que estar con las moscas, comiendo con las moscas porque no se van. Se los sacudo pequeñitos”, relató.
El recorrido permitió observar que el agua había llegado hasta el interior de algunas viviendas. “Miren hasta dónde ha llegado el agua. Ha llegado hasta acá. Prácticamente cubriendo toda la lavadora”, describió el periodista. Para los vecinos, el episodio también dejó una preocupación frente a un escenario mucho más grave. “Si todo eso ha ocurrido con solo unas horas de lluvia y han colapsado todos los desagües, no, no me imagino cómo, cómo ir a hacer el terremoto. Sería terrible acá”, manifestó otro poblador.

El crecimiento de Lima presiona una infraestructura antigua
Para explicar qué ocurrió durante las lluvias, Cuarto Poder entrevistó a José Cuellar, gestor de recursos hídricos, quien se refirió a la infraestructura que conduce las aguas residuales de este sector de la capital.
“El agua de la mayoría de este distrito va a la planta de tratamiento de agua residual Achira, que está en Chorrillos. Ahora, ¿qué es lo que ha pasado con esos colectores que distribuyen el agua residual? Es que tienen más de treinta años de haber sido implementados”, explicó.
Cuellar añadió que el crecimiento de Lima también ha incrementado la presión sobre el sistema. “La población en Lima en general ha crecido exponencialmente en los últimos años y eso hace un incremento en las aguas residuales que justamente se disponen a que sean tratadas en Achira”, señaló.

Colector Circunvalación: una infraestructura que ya quedó pequeña para Lima
Uno de los puntos centrales del reportaje fue el colector Circunvalación, infraestructura destinada a conducir las aguas residuales de importantes sectores de Lima Sur. Según lo expuesto por Cuarto Poder a partir de la información contenida en el documento de Sedapal, la capacidad del colector ha sido rebasada por la demanda de la población, generando riesgos de aniegos y posibles problemas para la salud pública.
El periodista conversó sobre este punto con Francisco Dumler, expresidente de Sedapal, quien explicó por qué una infraestructura diseñada décadas atrás enfrenta ahora una situación diferente. “Ninguna ciudad de América Latina y el Caribe ha crecido como Lima”, afirmó. “¿Y ese colector estaba pensado para otra ciudad, digamos?”, preguntó el reportero.
“Para una ciudad que tenía una expansión normal, tipo el resto de ciudades de América Latina. Esta ciudad es sui generis”, respondió Dumler. El problema, según lo presentado en el reportaje, no es nuevo. Sedapal busca financiamiento desde 2024 para reemplazar esta infraestructura. El proyecto cuenta con un expediente técnico aprobado por más de S/723 millones, pero la obra todavía no comienza porque el financiamiento requerido no estaría disponible.
Mientras tanto, el colector continúa operando por encima de su capacidad. Un eventual colapso podría afectar a vecinos ubicados en los tramos comprendidos entre Surco y Chorrillos.

30 mil kilómetros de tuberías recorren Lima
La magnitud de la infraestructura que permanece debajo de Lima también fue explicada por Dumler.
“Debajo de nosotros, en Lima, hay treinta mil kilómetros. Es mucho más que Tokio o que Seúl, porque son ciudades verticales, ¿no? Debajo de nosotros corren treinta mil kilómetros de tubería, más menos. Quince mil de agua y quince mil de desagüe. Treinta y cinco por ciento han pasado su vida útil”, afirmó.
El periodista preguntó si, pese a haber superado su vida útil, las tuberías continúan funcionando.
“Vida útil es cincuenta, sesenta años. Okey. Si siguen funcionando, ¿no?, quiere decir que no tenemos una política de reposición de activos, ¿no? Y Sedapal está perdiendo valor. Hay colectores, ¿no?, que ya han pasado los noventa años, se acercan a los cien años”, respondió el expresidente de Sedapal.
El dato plantea una dificultad para la capital: cómo renovar una infraestructura extensa y antigua sin interrumpir el servicio y al mismo tiempo responder al crecimiento constante de la población.
Pero la preocupación adquiere otra dimensión cuando el escenario es un terremoto.
La Atarjea y el riesgo para el abastecimiento de agua
El reportaje puso especial atención en la planta número uno de La Atarjea, que comenzó a operar en 1956.
Casi siete décadas después, continúa siendo una pieza fundamental para el abastecimiento de agua potable de Lima. Según lo expuesto por Cuarto Poder a partir del documento de transferencia, las estructuras presentan deterioro avanzado y peligro de colapso.
El informe también advierte, según el reportaje, que ante un sismo de mediana intensidad podría comprometerse el abastecimiento de agua de aproximadamente 40% de la población de Lima y Callao.
La dificultad para intervenir la planta es que su rehabilitación requiere primero contar con una alternativa capaz de sostener parte de la producción mientras se realizan los trabajos.
Por ello, según lo explicado en el reportaje, Sedapal necesita construir primero la planta número tres.
La situación puede resumirse así: para rehabilitar una infraestructura antigua y vulnerable, primero se necesita construir otra que permita mantener el servicio.
Francisco Dumler explicó la importancia de La Atarjea.
“Esta planta de La Atarjea representa un setenta por ciento de la provisión de agua”, afirmó.
El reportero planteó entonces que, si la planta fallara, el impacto podría ser superior al 40% mencionado anteriormente.
“Mucho más, setenta por ciento. Ahí no hay que vives, este, aquí o que vive en Chacarillo. O sea, o sea, se paraliza, eh, Lima, ¿no? Lima tiene, eh, un consumo de veinticinco metros cúbicos por segundo de agua. Esa cantidad implica que en un par de días llenas el Estadio Nacional. Esa es la cantidad de agua para pensar, ¿no es cierto?, qué es lo que consume Lima”, respondió.
Reservorios del Amenacho tienen más de un siglo
La antigüedad también aparece en los reservorios del Amenacho.
Cuarto Poder mostró estas estructuras y señaló que tienen más de 100 años de antigüedad. Según lo presentado en el reportaje, el documento de Sedapal identifica un riesgo de colapso ante un sismo fuerte.
El dato adquiere especial relevancia porque estas estructuras fueron construidas cuando Lima era una ciudad completamente distinta a la actual.
La pregunta fue directa: ¿cuántas personas dependen de estos reservorios?
“Es todo el centro de Lima. Es cercano a, eh, más de medio millón de personas”, respondió Dumler.
El periodista preguntó entonces por qué una estructura tan importante para el centro de la capital continúa con más de cien años de antigüedad sin haber sido repotenciada.
“Por ese tema de priorización. ¿Qué pones primero? ¿Qué activo repones?”, respondió el expresidente de Sedapal.
El periodista planteó que quizá distintas administraciones fueron cambiando las prioridades.
“O sigue, eh, poniendo agua a los que les falta en Lima”, respondió Dumler.
Los riesgos también están en el Callao
El reportaje trasladó la mirada hacia el Callao, donde los reservorios R1 y R2 del Parque Internacional requieren nuevas estructuras y obras de reforzamiento.
Según lo expuesto por Cuarto Poder, Sedapal considera que estas estructuras son antiguas y presentan riesgo de colapso.
Una falla luego de un sismo podría afectar el abastecimiento de agua en Bellavista, La Perla, La Punta y parte del Callao.
El proyecto, sin embargo, no estaba incluido dentro de la priorización de inversiones señalada en el informe.
Dumler explicó que la inestabilidad en la conducción de Sedapal puede dificultar la planificación de proyectos de largo plazo.
“Cuando estuvimos ahí en Sedapal, pasaron cuatro presidentes de la República, siete ministros. El board que tenía, que era de cinco personas, cambiaron veintidós directores en tres años y pico. Eh, lo difícil que es hacer el planning, ¿no es cierto? Y volver a colocar y recolocar las prioridades, ¿no?”, señaló.
La única línea de contingencia del Callao también trabaja al límite
La preocupación no termina con los reservorios. El reportaje también identificó otro punto crítico en el sistema de abastecimiento del Callao.
La tubería construida para transportar agua superficial hacia esta zona fue afectada por huaicos. Desde entonces, el sistema ha tenido que apoyarse en una línea de contingencia conocida como línea centro.
El problema es que, según el informe presentado por Cuarto Poder, esta línea trabaja con altos caudales, lo que acelera el desgaste de sus válvulas.
Y existe un dato particularmente relevante: se trata de la única línea de contingencia para abastecer de agua potable al Callao.
“Treinta y cinco por ciento. Y una parte, eh, es muy de latino, ¿no? Como no ves lo que está abajo, no le prestas atención”, sostuvo Dumler al referirse nuevamente a la infraestructura que ha superado su vida útil.
El periodista planteó que, pese a que la infraestructura permanece oculta, quienes toman las decisiones sí conocen lo que existe debajo de la ciudad.
“Pon un presidente de Sedapal, mantenlo seis meses, que más o menos entiende cómo funciona esa organización y sácalo a los seis meses, viene otro, ¿no?”, respondió Dumler.
“Y otra vez vuelve a entender seis meses más”, comentó el reportero.
“Y lo sacan”, respondió el exfuncionario entre risas.
“Y cuando ya entendió, lo sacan”, insistió el periodista.
“Es, es trágico, ¿no?”, concluyó Dumler.
¿Con qué equipos respondería Sedapal ante un terremoto?
La infraestructura física es solo una parte del problema. Frente a una emergencia de gran magnitud, también será necesario contar con equipos y capacidad operativa para restablecer el servicio.
Según el reportaje, Sedapal reconoce la necesidad de complementar la compra y renovación de equipos destinados a atender emergencias.
Entre ellos aparecen los equipos Hydrojet y camiones cisterna que ya cumplieron su vida útil.
El informe también señala que Sedapal preparaba la adquisición de 70 grupos electrógenos, destinados a 50 pozos y 20 cámaras de bombeo.
Estos equipos tendrían una función importante en caso de que una emergencia provoque cortes de electricidad, ya que permitirían mantener operativos determinados puntos del sistema de abastecimiento.
La pregunta planteada por Cuarto Poder es qué ocurriría si el terremoto se produjera antes de que estos equipos estén disponibles.
Porque después de un terremoto, el agua no puede esperar.
El diagnóstico presentado por el programa muestra una infraestructura que combina décadas de antigüedad, sistemas que han superado su capacidad, proyectos pendientes de financiamiento y estructuras que requieren reforzamiento.
La experiencia de las lluvias en Villa El Salvador mostró cómo un sistema puede verse rápidamente presionado cuando recibe una carga adicional. Sin embargo, un terremoto plantearía un escenario mucho más complejo, capaz de afectar simultáneamente redes de agua, alcantarillado, plantas, reservorios, estaciones de bombeo y suministro eléctrico.
Por ahora, el informe de transferencia presentado por Cuarto Poder deja sobre la mesa una pregunta que involucra directamente la seguridad y calidad de vida de millones de habitantes: ¿está Lima preparada para garantizar el abastecimiento de agua después de un terremoto?
Mientras tanto, debajo de las calles continúa funcionando una red que la mayoría de ciudadanos no puede ver: 30 mil kilómetros de tuberías, plantas que llevan décadas operando y reservorios que en algunos casos superan el siglo de existencia.
El desafío no consiste únicamente en mantener abierto el caño hoy. También implica garantizar que, cuando Lima enfrente una emergencia de gran magnitud, el agua siga llegando.