
A horas de que venza el beneficio para El Salvador, familias amparadas por el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) enfrentan la posibilidad de perder la protección migratoria que les permitió residir y trabajar durante décadas en Estados Unidos. Alma Sánchez y su hija Karla Cortés relataron a N+Univisión el temor que les provoca una eventual salida obligatoria hacia un país al que no regresan desde hace varios años.
Alma Sánchez llegó a Estados Unidos hace casi tres décadas junto a su familia. Durante ese período obtuvo amparo bajo el TPS, trabajó como asistente de enfermera certificada y compró propiedades junto a sus padres y una de sus hermanas. Para ella, la eventual finalización del beneficio amenaza con alterar la estabilidad que consiguió después de años de trabajo.
“El TPS sí nos ha ayudado mucho. Ahora que estamos en este problema, siento como que una catástrofe nos ha caído encima”, afirmó al citado medio.

El temor de una familia salvadoreña
La preocupación de Alma no se limita a su situación migratoria. La mujer dijo que teme por las residencias que adquirió con su familia, por su empleo de casi 20 años en el área de enfermería y por el futuro académico de su hija.
La madre planteó que un retorno supondría abandonar bienes, vínculos y proyectos construidos durante casi 30 años. El TPS para El Salvador funcionó para muchos beneficiarios como una protección temporal, pero también permitió que miles de personas desarrollaran carreras laborales, formaran familias y compraran viviendas.
Su hija Karla tenía apenas dos años cuando llegó a California. Por esa razón, aseguró que no concibe a El Salvador como el lugar donde debe rehacer su vida. Su arraigo está en Estados Unidos, donde estudió, creció y vive con su madre.
“Si algún día voy a El Salvador, quiero ir libre, no quiero ir obligada, no quiero ir a quedarme. Quiero ir a visitarlo y quiero regresarme a mi hogar, que es acá”, expresó la joven durante una entrevista con N+Univisión.

Su testimonio expone la situación de jóvenes que, aunque nacieron fuera de Estados Unidos, pasaron la mayor parte de sus vidas en ese país. Para ellos, una eventual salida obligatoria implicaría separarse de sus redes familiares, educativas y laborales.
La angustia que describieron madre e hija también alcanza a quienes no cuentan con una vía alternativa para regularizar su estatus migratorio. Un especialista consultado por el medio explicó que los casos más complejos son los de personas sin hijos, cónyuges, padres u otros familiares cercanos que puedan iniciar un trámite migratorio a su favor.
Unos 170,000 salvadoreños se encuentran a la espera de definiciones sobre su protección migratoria. Para quienes no tienen otra opción legal disponible, el fin del TPS puede abrir un período de incertidumbre sobre su permanencia en Estados Unidos.
Para madre e hija, la espera se concentra en una misma pregunta: cómo preservar la vida que construyeron durante décadas en Estados Unidos y evitar un regreso obligatorio a un país que Karla solo conoce por los relatos de su familia, ante el fin del TPS previsto para este miércoles 9 de septiembre.




