Starship lleva años acostumbrándonos a imágenes difíciles de ignorar: un vehículo gigantesco despegando, etapas separándose en vuelo y pruebas que unas veces han terminado con avances claros y otras con pérdidas inesperadas. Lo hemos visto progresar misión tras misión, con SpaceX modificando el sistema después de cada intento. Sin embargo, esa sucesión de vuelos todavía no ha cerrado algunas de las pruebas más importantes de su desarrollo. La próxima ya está programada y apunta directamente a uno de esos objetivos que el programa lleva tiempo persiguiendo.
La fecha marcada es el 22 de septiembre, siempre que llegue la autorización regulatoria necesaria. Ese día, Starship intentará entrar por primera vez en una órbita de unos 275 kilómetros, completar aproximadamente seis vueltas al planeta y comenzar después su regreso mediante un encendido de desorbitado tras casi diez horas de misión. El plan contempla terminar con una reentrada y un amerizaje controlado en el Pacífico, al oeste de Chile. Pero el vuelo no irá vacío: SpaceX transportará 26 Starlink V3, y entre esa carga se encuentra uno de los detalles que hacen especialmente interesante esta prueba.
La misión tendrá sus propios ojos a través de satélites Starlink
Entre los 26 satélites habrá tres con una tarea que va mucho más allá de conectarse después a la constelación Starlink. Esas unidades incorporan cámaras para observar desde el exterior la etapa superior de Starship, especialmente la zona del escudo térmico, y enviar esas imágenes a los operadores de SpaceX. Así que veremos cómo algunos de los satélites que la nave lleve hasta la órbita se convertirán después en sus propios observadores. Es una imagen llamativa, pero detrás hay bastante más que una buena fotografía del vehículo flotando sobre la Tierra.
No será la primera vez que SpaceX utilice sus propios satélites para mirar a Starship desde fuera. En el vuelo de julio, seis de los 20 Starlink V3 ya llevaban cámaras con las que observaron la nave después del despliegue y enviaron esas imágenes a tierra. La diferencia ahora está en el contexto: esos ojos externos acompañarán el primer intento de mantener Starship realmente en órbita durante horas, justo antes de una reentrada especialmente importante para el programa.
La etapa superior de Starship tras su recuperación del océano | Imagen: SpaceX
La compañía quiere utilizar esa información para seguir desarrollando métodos que permitan evaluar si el sistema de protección térmica está preparado para futuros regresos al lugar de lanzamiento. Para este vuelo ha reforzado la sujeción de algunas losetas, ha introducido cambios en zonas donde se habían detectado caminos por los que el plasma podía penetrar detrás de ellas y probará zonas con un diseño de loseta curva que ya ha mostrado capacidad para reducir el calentamiento entre piezas.
Los nuevos satélites de Starlink | Imagen: SpaceX
La presencia de los V3 también ayuda a entender por qué SpaceX necesita que Starship deje de ser únicamente un vehículo experimental. En el vuelo anterior ya vimos cómo la nave liberaba satélites de esta generación, aunque aquellos siguieron una trayectoria suborbital y reentraron poco después, como estaba previsto. Ahora la compañía quiere que la carga permanezca en órbita y pueda empezar a cumplir la función para la que fue construida. El vínculo con Starlink es directo: la constelación sostiene una parte fundamental del negocio de SpaceX y Starship debería permitir desplegar mucha más capacidad en cada lanzamiento.
La recuperación de Starship permite llevar el vehículo de vuelta a tierra para analizarlo después del vuelo | Imagen: SpaceX
Todo esto adquiere otra escala cuando miramos hacia la Luna. SpaceX desarrolla para la NASA la variante Starship HLS, concebida como módulo de alunizaje para el programa Artemis, y la propia agencia utiliza la evolución del vehículo como parte de ese camino tecnológico. Eso sí, no significa que Flight 14 sea un ensayo de Artemis ni que el regreso estadounidense dependa únicamente de lo que ocurra aquí.



