Buenos Aires, 13 septiembre (NA) - En los últimos tiempos han aparecido datos que muestran que, en nuestro país, el suicidio entre adolescentes y jóvenes está creciendo hasta alcanzar e incluso superar parámetros de mortalidad vinculados con los accidentes viales. Al mismo tiempo, las muertes por suicidio llegan a triplicar las producidas por hechos violentos, particularmente los homicidios. Este escenario resulta especialmente alarmante. No solo exige profundizar las estrategias de prevención y detección temprana, sino también avanzar hacia un verdadero diagnóstico social y cultural que permita interrogarnos acerca de por qué nuestra sociedad está atravesando una problemática de semejante gravedad. Muchos de los problemas psicológicos que se describen en la actualidad tienen origen en múltiples factores. La depresión, considerada un trastorno afectivo, no escapa a esta regla. A los factores ambientales y psicológicos se agregan influencias genéticas de riesgo de bastante fuerza. Es muy frecuente contar con pacientes que presentan familiares con trastorno depresivo. ANGUSTIA Y SUICIDIO En las fiestas y durante el verano las autoagresiones pueden aumentar, aun más en la pospandemia. El ser humano es el único ser biológico que tiene una clara conciencia de que va a morir. De ahí que el filósofo existencialista Heidegger haya planteado el mayor problema del humano como la angustia de finitud. Cada año, aproximadamente 900.000 personas se suicidan en el mundo. Es la segunda causa de muerte en los adolescentes y está entre las tres principales causas de deceso entre los 18 y los 45 años. Existen situaciones que determinan una tristeza tan importante e incoercible que llevan a las personas a tomar decisiones fatales. Se sabe que existen marcadores de riesgo para la autoagresión. Uno de ellos es la edad, pues aumenta en la vejez y la adolescencia. Otro factor de riesgo detectable es padecer una enfermedad psíquica acompañante, especialmente depresión o esquizofrenia, más aún si está asociada a alguna adicción. Por ejemplo, el alcoholismo aumenta claramente el riesgo. Además, la soledad incrementa el riesgo de autolesión. En los adolescentes, la etapa de cambios hormonales explosivos desarrolla el sistema emocional, límbico, antes que la corteza prefrontal, responsable de la razón y el control. Esta vulnerabilidad incrementa accidentes y autoagresiones en este grupo etario. Factores ambientales, culturales y sociales también influyen en la vulnerabilidad autoagresiva. Las conductas imitativas, promovidas por los medios de comunicación, pueden ser un arma de doble filo, especialmente para menores y ancianos. El suicidio es una pandemia crónica y una de las mayores causas de mortalidad en adultos jóvenes, junto con los accidentes viales. Debe reconocerse la importancia de la salud pública como política de Estado. PREVENCIÓN DEL RIESGO SUICIDA Existen muchos más intentos que muertes. Por cada suicidio existirían de 10 a 20 intentos de autoagresión. Es clave la necesidad de acompañamiento en la red social de la persona, dado que la soledad incrementa el riesgo de autolesión. Se consideran marcadores los antecedentes de haber padecido un intento previo o de estar comentando o dando señales de no querer vivir más. La principal causa de suicidio es la depresión grave, pero también los trastornos de la personalidad, situaciones graves de estrés, esquizofrenia y adicciones, entre otras, son situaciones de riesgo. Especialmente en personas que se encuentren sin red social, en situaciones de estrés grave, con dificultades laborales o monetarias. También deben alertar las suspensiones o alteraciones en los tratamientos. Se debe prestar especial atención a personas con problemáticas de salud mental previas y a las personas que se encuentren solas. No intoxicarse de noticias, establecer redes sociales, redescubrir actividades antes disfrutadas, mantener una rutina diaria de actividades y buscar ayuda en otras personas o sistemas de creencias son pautas que debemos seguir. Impulsar redes sociales de contención será de gran ayuda para contener problemas graves de salud mental. Se ha reglamentado la imprescindible Ley de Prevención del Suicidio, que estuvo seis años esperando. Esta legislación implementa la promoción de la salud mental en esta temática y el acompañamiento de las personas padecientes de este problema y de su familia. LA ADOLESCENCIA FRENTE A UN MUNDO EN CRISIS La adolescencia se ha convertido en una etapa central para comprender los desafíos de la salud mental. Es un mundo en construcción, donde confluyen los cambios biológicos, emocionales y sociales más intensos del ciclo vital. El lóbulo prefrontal, encargado de planificar, controlar impulsos y tomar decisiones, alcanza su madurez recién hacia los 25 o 30 años. Mientras tanto, predomina el sistema límbico, regulador de las emociones. Esta asincronía explica la impulsividad, la búsqueda de sensaciones y la intensidad emocional característica de los adolescentes. La resiliencia es una capacidad determinante en la adolescencia. Se construye a partir de experiencias vitales y se fortalece con el apoyo social, la actividad física, el arte y una nutrición adecuada. La plasticidad cerebral se refiere a la capacidad del cerebro de reorganizarse y adaptarse según la experiencia. Existen “períodos críticos” del desarrollo donde las conexiones neuronales se consolidan o se descartan según los estímulos recibidos. La pandemia de COVID-19 fue un ejemplo claro: el aislamiento social, la interrupción de la escolaridad, la incertidumbre global y la angustia de finitud incrementaron la fragilidad emocional. Hoy nos encontramos en “peripandemia”, pues si bien el proceso infeccioso terminó, impactan fuertemente los factores sociales y culturales de la pandemia. La prevención requiere detectar marcadores de riesgo: intentos previos, señales verbales de desesperanza, aislamiento, consumo problemático de alcohol o drogas. También es fundamental contar con redes sociales de apoyo e intervenciones comunitarias. Hablar de salud mental adolescente no es solo atender síntomas, sino transformar condiciones de vida que generan sufrimiento: pobreza, violencia, inseguridad y desigualdad. INFANCIA Y ADOLESCENCIA FRENTE A LA IA: COGNICIÓN Y CONTROVERSIAS Si bien hay controversia sobre si la inteligencia artificial o los chatbots son peligrosos, pueden producir psicosis o reforzar una ya existente, son muy pocos los trabajos científicos publicados en revistas con revisión por pares. Se han reportado casos que generan alarma, pero no son definitivos. La era de la tecnología y la inteligencia artificial nos ha llevado a un punto crítico en la evolución humana, donde la subjetividad y el libre albedrío se encuentran en un delicado equilibrio con los avances tecnológicos. Nuestra subjetividad, aquello que nos hace únicos, está cada vez más influenciada por factores externos como las redes sociales, la globalización y la tecnología. La interacción entre neurodesarrollo, tecnología, cognición y subjetividad plantea interrogantes centrales sobre la salud mental infantil y adolescente. Comprender estas tensiones resulta fundamental para pensar la prevención, el acompañamiento y la lectura de los procesos cognitivos y psicosociales en etapas tempranas del desarrollo. Agencia NA