
El 11 de septiembre de 2001, dos aviones comerciales secuestrados chocaban contra las Torres Gemelas. En menos de dos horas, los dos edificios de 110 pisos de altura se derrumbaban en las calles de Nueva York y afectaban a las infraestructuras del resto del World Trade Center. El mundo entero vio desde sus casas las imágenes de la catástrofe que marcaría un antes y un después en la historia de Occidente.
Alicia Esteve Head, a unos 6.000 kilómetros de distancia, también observaba el derrumbe de los emblemáticos edificios, que culminaría con 2.996 muertos y más de 25.000 heridos. Pero al mundo le contó otra cosa: durante los meses siguientes, se construyó una identidad diferente y fue difundiendo en foros de internet la historia de Tania Head, la superviviente del 11-S que había perdido a su prometido (o su marido, según las versiones) en el ataque terrorista de Al-Qaeda.
Su mentira llegó lejos. Tania Head llegó a presidir la Red de Supervivientes del World Center, fue una de las voces fuertes del activismo de las víctimas del atentado y consiguió reunirse con Rudy Giuliani, entonces alcalde de Nueva York. El documental ‘La Superviviente’, de Kike Maíllo y Markos Goikolea y que se estrena este viernes en Filmin, recupera su historia.
Escapar de las llamas en la Torre Sur

Durante años, la propia Esteve contó a cientos de reporteros la historia de Tania Head, la decimonovena superviviente de los atentados del 11-S. Hija de un diplomático, se encontraba en el piso 78 de la Torre Sur cuando el avión chocó contra el edificio. Ella escapó de milagro y gracias a la ayuda de un joven voluntario que le salvó la vida al apagar el fuego que quemaba su ropa. Entre el caos y las llamas, un hombre a punto de morir le entregó su anillo de casado, que después devolvería a su viuda.
En la Torre Norte estaba Dave, su prometido, con el que se iba a casar tras conocerse en el hall de uno de los dos edificios. Fue la imagen de la futura boda y de ella llevando su vestido blanco lo que le dio fuerzas a Head para escapar de la escena. Pero no tardó en descubrir que su novio (en otras versiones, su marido) había fallecido en el ataque. El recuerdo quedaría grabado para siempre en su piel, en la forma de una cicatriz en el brazo.
La historia de Tania Head fue ganando popularidad en internet, donde había creado un grupo de apoyo en línea para los 19 supervivientes del atentado. Fue así como Gerry Bogacz, uno de los fundadores de la Red de Supervivientes del World Center, dio con ella. La organización le abrió las puertas en 2004 y escuchó emocionada su historia, que después contaría en charlas a estudiantes universitarios o en visitas guiadas al Centro de Visitantes Homenaje al World Trade Center, en las que participaron gobernadores y alcaldes de la ciudad de Nueva York.

La mujer fue escalando puestos y terminó presidiendo la propia asociación de víctimas. Pero algo no encajaba. Por mucho que los periodistas indagasen, nadie conseguía confirmar su historia: los familiares de Dave, que de verdad falleció en los atentados, decían no conocerla y Merrill Lynch & Company, la empresa del World Trade Center para la que decía trabajar, no tenía registros de ninguna empleada llamada Tania Head. Desde el New York Times trataron de entrevistarla hasta en tres ocasiones, pero la superviviente siempre cancelaba la cita.
Una llamada anónima a ‘La Vanguardia’
El 25 de septiembre de 2007, la red de supervivientes votó echar a Tania Head de la asociación por las discrepancias en su relato. Dos días después, el periódico neoyorquino publica sus dudas sobre la veracidad de su historia. Pero fue una llamada anónima a Marta Forn, periodista del diario catalán La Vanguardia, la que terminó por desvelar la historia. El interlocutor aseguraba que aquella mujer que salía en todos los medios no era americana, sino de Barcelona: “No me puedo equivocar, es Alicia Esteve”.
El 29 de septiembre de 2007, La Vanguardia publicaba la verdadera historia de Alicia Esteve Head. La barcelonesa nació en 1973 en el seno de una conocida familia de empresarios catalanes, que en 1992 se vio envuelta en el caso Planasdemunt, un escándalo económico por el que su padre, Francisco Esteve Corbella, y su hermano, Francisco Javier Esteve Head, fueron condenados por un delito de falsedad documental.
Antes de los atentados del 2001, Esteve trabajaba en la empresa Hovisa como secretaria para uno de sus responsables, Takeshi Hironaka. Sus conocidos describieron al periódico catalán a una persona con grandes aspiraciones, “de carácter complicado” y con ganas de ser el centro de atención, que frecuentemente contaba “historias difícilmente creíbles”.
Sobre la cicatriz que lucía en el brazo como prueba de su presencia en los atentados, sus allegados reconocieron que era una herida causada en un accidente de tráfico. Según contaba a sus compañeros, se había estrellado cuando conducía un Ferrari con su novio, a 200 kilómetros por hora. El brazo le habría salido volando y tuvieron que reimplantárselo, pero nunca pudo volver a usarlo con normalidad.
“No he hecho nada ilegal”

Tras destapar sus mentiras, Alicia Esteve desapareció del foco mediático. La barcelonesa contrató un abogado para protegerse de cualquier consecuencia judicial. En el año 2021, Esteve reapareció en Barcelona, según pudo saber el diario El Mundo, donde abrió un negocio junto con su madre, Acacia Head.
De la farsa que creó no sacó ni un céntimo, que se sepa. De hecho, según confirmó al New York Times, ni siquiera presentó una reclamación ante el Fondo Federal de Compensación a las Víctimas. “No he hecho nada ilegal”, defendió en una conversación telefónica con el medio. La propia red de supervivientes, que terminó por expulsarla, siempre reconoció su buena labor como presidenta.




