
“Verna está desordenando y rompiendo el peronismo. Lo está tratando de condicionar al Gobernador. Lo ningunea. Quiere su cuota de poder y sacar su tajada en el conflicto. Es un movimiento funcional a Milei. Pareciera que está trabajando para que el año que viene gane La Libertad Avanza”.
La contundente definición pertenece a un dirigente muy cercano a Sergio Ziliotto, el gobernador de La Pampa. El apuntado es Carlos Verna, un ex gobernador que sigue teniendo influencia en la arquitectura del peronismo provincial. La historia detrás del enojo en el oficialismo tiene otro protagonista: Luciano Di Nápoli, el intendente de Santa Rosa, y uno de los precandidatos a la gobernación que tiene el justicialismo.
El último miércoles Verna subió una foto a sus redes sociales junto a Di Nápoli, durante una reunión que tuvieron en su casa de General Pico. Junto a la imagen escribió una frase corta: “Charla entre compañeros”. El impacto de ese retrato solo es posible de dimensionar dentro del circuito político de la provincia. El intendente de la capital está distanciado de Ziliotto, al que le intentó disputar la presidencia del PJ de la provincia, y mantiene un vínculo marcado por la tensión y la desconfianza.
Arriba de la cabeza de Di Nápoli aparece un cuadro con la imagen de una mujer. Es la vicegobernadora, Alicia Mayoral, dirigente del vernismo. En el peronismo provincial la escena fue interpretada como una señal de que puede ser una eventual fórmula que respalde Verna. Interpretaciones que se dan en el medio de una discusión de poder que pone en jaque la unidad del PJ en La Pampa.

Di Nápoli tomó distancia del armado mayoritario del peronismo pampeano y camina por su cuenta hacia la etapa de candidaturas. Diez días atrás aseguró que “no hay garantías” para competir en una interna dentro del PJ, debido a que cuando lo quiso hacer, no llegó a la disputa final. La junta electoral del partido no le convalidó la totalidad de los avales que necesitaba y su lista fue impugnada.
“Dicen que lo proscribieron. Es mentira. No estaba en condiciones de competir”, dicen el gobierno pampeano. “No nos quisieron dar la discusión dentro del partido”, sostienen cerca del intendente de la capital. Los reproches están a la orden del día.
A principios de julio el intendente de Lonquimay, Manuel Feito, cercano a Verna, presentó en sociedad Fuerza Pampa, un partido político anotado en la justicia electoral de la provincia, por fuera del PJ y con capacidad para participar en las elecciones del año que viene. Detrás de ese armado estuvo Di Nápoli, aunque adelante del telón no aparezca ni su nombre ni su firma. “Sigo siendo afiliado al PJ”, dijo hace pocos días.
En los hechos, y en paralelo a la tensión creciente dentro del peronismo pampeano, la creación de Fuerza Pampa resultó ser la edificación de un puente abierto para que Di Nápoli pueda competir si no puede hacerlo dentro del PJ. “Copete” se está moviendo con decisión y seguridad para pelear la gobernación en un juego de poder desde donde también puede salir herido.
En varias vertientes del peronismo local molestó el movimiento del intendente de Santa Rosa, que ha mostrado audacia para jugar a fondo y que tiene la vocación de ir por la gobernación. Sus movimientos, inevitablemente, también condicionan a Ziliotto. Porque está dejando entrever que si no es el candidato de la unidad en el PJ, jugará por afuera de la estructura partidaria, anclado en la desconfianza que le genera afrontar una competencia interna en una PASO. Entonces, el peronismo parece entrar en un laberinto sin salida.

En ese contexto efervescente, Verna publicó la foto con Di Nápoli. Justo el mismo día en que Ziliotto recibía, junto al senador Daniel “Pali” Bensusán, a Sergio Uñac, que está de gira por el país, tratando de darle forma su candidatura presidencial. En el oficialismo provincial la foto fue tomada como una chicana al Gobernador. Creen que Verna quiere marcar la cancha y mandar un mensaje hacia adentro del peronismo, advirtiendo que las decisiones importantes pasan por él. Quiere ser el elector principal del 2027.
“¿Verna va a salir a hacer campaña por la provincia? ¿Va a salir Di Nápoli solo por todos los pueblos? Porque Ziliotto es el dirigente del peronismo que mejor mide en toda la provincia. Tiene una imagen positiva cercana al 70%. ¿Y si no hace campaña? ¿Y si se va a su casa, en vez de ocupar el primer lugar de la lista como candidato a senador nacional que le asignan?“, fue la batería de preguntas que se realizó un funcionario de primera línea del gobierno pampeano. Las preguntas retóricas fueron un mensaje en si mismo.
Mientras en algunas provincias el peronismo intenta alinearse y cerrar heridas, en La Pampa, donde la fuerza política gobierna desde 1983, ininterrumpidamente, las diferencias crecen y las amenazas cruzadas alteran la convivencia. Verna es un cacique poco querido dentro del peronismo pampeano, pero es respetado y tenido en cuenta dentro de la discusiones electorales.
En la elección de medio término, el año pasado, Verna fue a votar y convocó a una conferencia de prensa improvisada. Se sentó en un patio del colegio al que había asistido a votar y apuntó contra Abelardo Ferrán, el candidato del peronismo en esa elección. “Es un mal candidato y mentiroso”, sostuvo. Fue una afirmación insólita. Cuestionó al candidato de su fuerza el mismo día de la elección y en pleno desarrollo de la votación.

Los idas y vueltas se dan en el medio de la etapa preelectoral, donde un puñado de nombres propios empezaron a mostrar su voluntad de competir por la gobernación. En esa lista están anotados los intendentes Luciano Di Nápoli (Santa Rosa) y Fernanda Alonso (General Pico), y los legisladores Daniel “Pali” Bensusán (senador nacional) y Ariel Rauschenberger (diputado nacional).
Por estas horas de nerviosismo el mensaje que baja Ziliotto es de absoluta unidad. “Todos tienen que estar adentro”, le repite a sus interlocutores. Advierte que, al igual que en otras provincias, el antiperonismo se va a aglutinar en un gran frente. En ese esquema se mezclarán el PRO, la UCR, la Libertad Avanza (LLA) y algunos dirigentes sueltos o partidos chicos. Por eso la unidad es la clave para ser competitivos y mantener la supremacía en la provincia.
Ziliotto y Verna casi no se hablan. En el oficialismo recuerdan que el ex gobernador nunca apoyó públicamente la gestión de su sucesor. Sino todo lo contrario. Trató de limitar el alcance de su poder. “Ahora está intentando atomizar al peronismo provincial para poder tener mayor influencia en una convergencia previa a la elección”, reflexionó un armador pampeano cercano al esquema ziliottista. Y agregó: “¿Quiere llevar de las narices al Gobernador? Quiere romper el peronismo. Lo único que le importa a Verna es su cupo de poder”.
Algunos dirigentes del PJ provincial creen que estas situaciones de conflicto se dan porque no hay un diálogo político entre las cabezas del espacio. Es decir, entre Ziliotto y Verna. Lo que dificulta la convivencia y el orden de la estrategia política. El Gobernador nunca quiso romper con Verna. Mantuvo el status quo de una unidad donde las tormentas nunca desaparecen. Así conservó la mayor parte de la estructura del peronismo provincial y el control del partido. Son decisiones.
El año que viene el peronismo pampeano pondrá en juego al nuevo gobernador (Ziliotto no tiene reelección), a un senador y a un diputado nacional. Vencen los mandatos de Bensusán y Rauschenberger. En el caso del Senado la elección que se vence es la del 2021 que, tras la pandemia y la foto de la fiesta de Olivos en el gobierno de Alberto Fernández, tuvo un resultado muy malo para el justicialismo. En el 2027 el PJ apuesta a ganar dos bancas y volver a tener más peso en la Cámara alta.
En el escenario que está dibujado en La Pampa, el peronismo atravesará meses de alta tensión. Ziliotto, como suele suceder con los ex gobernadores, debería terminar encabezando la lista de senadores. Ese no es el problema. En cambio, la sucesión es lo que vuelve ríspipido el día a día. El más lanzado es Di Nápoli. El resto sigue haciendo su propio juego. Caminan, se muestran, dicen por lo bajo que quieren estar en la pelea. El camino en forma de embudo, que desemboca en el momento de la lapicera, estará lleno de espinas. También, es probable, que florezcan algunas rosas.




