Una ilustración de Mauricio Macri y el recordado

Un joven Mauricio Macri, de camisa celeste, pantalón de gabardina, zapatos y profuso bigote negro, volvía a replicar en septiembre de 2007 una estrategia de marketing político que ya le había dado resultado dos años antes, cuando fue electo diputado nacional. Todo estaba cuidado al detalle para la foto: el lugar, el sur de la Ciudad de Buenos Aires; la acción, saltar un bache, un mensaje viral aunque todavía no habían explotado las redes sociales.

Casi dos décadas después, el partido que fundó controla un aparato estatal con $17,347 billones de presupuesto anual, decenas de organismos, empresas con contratos millonarios, incidencia en el Poder Judicial, y enfrenta la elección de 2027 con todas las señales de alarma encendidas.

El PRO lleva 20 años al frente de CABA de manera ininterrumpida (dos gestiones de Macri, dos de Horacio Rodríguez Larreta y la actual de Jorge Macri) y, como nunca antes, se encamina a un proceso de campaña en una posición comprometida. La derrota en las legislativas de mayo de 2025, cuando LLA ganó con Manuel Adorni como candidato, y el PJ quedó en segundo lugar, marcó un quiebre. Un importante dirigente amarillo, ante la consulta de Infobae, lo sintetizó con una frase: “Estamos mal, en terapia intensiva”.

Esa derrota, la reconstrucción política que llevó al alcalde porteño a repensar la estrategia política de la gestión -algo que mejoró la percepción de la gestión, según las encuestas propias-, y una serie de movimientos internos, tensó la relación entre los primos Mauricio y Jorge Macri. Ambos coincidieron el 13 de agosto en la presentación del cortometraje El Libertador en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires organizada por Infobae. Un dirigente que conoce al detalle la interna amarilla señaló que, hoy por hoy, “no hay relación” entre ambos, y graficó: “Son temas más personales y de posicionamiento de quién es el que manda”.

Reunión del Gobierno y PRO en Casa Rosada: Cristian Ritondo, Lule Menem, Diego Santilli, Fernando De Andreis, y Martín Menem

El mapa de lo que está en disputa es concreto. El PRO administra una gran estructura de subsecretarías, direcciones generales y miles de cargos, seis secretarías transversales y un universo de organismos descentralizados que incluye al Banco Ciudad, a Autopistas Urbanas S.A., Subterráneos de Buenos Aires, al Instituto de Vivienda de la Ciudad, a la Lotería de la Ciudad y a la Corporación Antiguo Puerto Madero S.A., entre otros.

Un ejemplo: dentro de ese universo, AUSA ocupa un lugar particular. La empresa estatal gestiona 50 kilómetros de autopistas urbanas y tiene concesión hasta 2049. Carlos María Frugoni, designado por el propio Mauricio Macri al frente de AUSA en 2007, presidió la empresa durante casi dos décadas hasta marzo de 2025. En noviembre de 2015, la Auditoría General de la Ciudad presentó una denuncia en su contra, entre otros funcionarios, por presuntas irregularidades en la licitación del Paseo del Bajo.

En enero de 2026, el presidente Javier Milei lo designó al frente de la Secretaría de Coordinación de Infraestructura de la Nación, pero en abril de este año renunció al cargo tras la difusión pública de que tenía siete propiedades en Miami sin declarar ante la Oficina Anticorrupción y ARCA, inmuebles adquiridos entre 2020 y 2022.

Más allá del Ejecutivo, el entramado del poder porteño incluye la influencia en la designación en los organismos de control, cuyo proceso se realizó en la Legislatura el pasado jueves. Hubo negociaciones contra reloj y momentos de tensión entre los peronistas Juan Manuel Olmos y Víctor Santa María y el macrista Cristian Gribaudo (en representación de Daniel Angelici). “Se sacaron chispas buscando un acuerdo para designar los adjuntos de la Defensoría del Pueblo”, indicó a Infobae un importante dirigente parlamentario.

En el reparto, La Cámpora se quedó con las manos vacías. Así, quedaron designados Martín López Zavaleta como Fiscal General del Ministerio Público Fiscal; la peronista María Rosa Muiños renueva al frente de la Defensoría del Pueblo, mientras que los adjuntos quedaron en manos del radical Carlos Antonio Palmiotti (propuesto por Angelici), la macrista Silke Mayra Arndt (cercana al secretario de Justicia porteño, Francisco Quintana); María Graciela Giorgione y Giselle Furcada, por LLA; y Facundo Maximiliano Saez, cercano a Oscar Zago.

Esa geometría de negociaciones refleja el estado real de la Legislatura. El bloque del PRO, Vamos por Más, tiene apenas 12 bancas sobre 60 —la tercera fuerza, detrás del peronismo de Fuerza por Buenos Aires (20 bancas) y de LLA (14)—. Para las mayorías especiales de 40 votos que exigen los organismos de control, el acuerdo con el peronismo o con LLA resultó imprescindible.

El recinto de la Legislatura porteña

Negociación nacional y límites locales

La negociación macro entre PRO y LLA avanza a paso firme. El tandem Cristian Ritondo y Fernando de Andreis visitó Casa Rosada dos veces en 15 días para reunirse con Martín Menem y Eduardo “Lule” Menem, y la coordinación del jefe de Gabinete, Diego Santilli, que todavía pertenece al PRO, para repasar un plan de acción que permita formalizar un frente electoral “en toda la Argentina”, según indicaron desde ambos lados. Se prevé otra cumbre la semana próxima.

Macri, ya se dijo, está al tanto de la negociación nacional pero también le preocupa la Ciudad de Buenos Aires. Lo que espera el expresidente -que estas semanas estará con actividades en Europa- “es recuperar una confianza que está quebrada” con la dirigencia libertaria. Un paso en este sentido, insisten desde el PRO, es una coordinación parlamentaria y avanzar en la ley de Ficha Limpia. Mientras tanto, el exministro de Economía, Hernán Lacunza, continúa con la aventura de mantener su precandidatura a presidente.

En territorio porteño el tiempo apremia. Hasta fin de año, Jorge Macri tiene tiempo para definir un desdoblamiento de las elecciones. Por eso, la certidumbre de un eventual acuerdo, y las condiciones, cobra más relevancia. “Si no nos ponemos de acuerdo, si vamos solos, las posibilidades son menores; inclusive crecen las chances del peronismo”, reconoció un importante funcionario porteño. Por eso observan los pasos de Pilar Ramírez, jefa del bloque de LLA en la Legislatura porteña, que comenzó en las últimas semanas una serie de recorridas junto a ministros nacionales.

En esta línea se inscribe la especulación que hizo De Andreis en una entrevista con Luis Novaresio de una posible fórmula de consenso entre Jorge Macri y Pilar Ramírez. “Si hay un acuerdo, el candidato es el que defina el PRO”, indicó el diputado nacional. La réplica libertaria no se hizo esperar: “Cuando te quedás sin temas, empezás a hablar de candidaturas”, señalaron cerca de la legisladora.

Más allá del debate público, hay buena sintonía en privado, aunque se mantiene la desconfianza. El mejor escenario para el PRO es un acuerdo con LLA que le dé la posibilidad de Jorge Macri de reelegir como jefe de Gobierno, pero si los libertarios buscan encabezar la fórmula no hay acuerdo. “Si nos ponen a Patricia (Bullrich) como candidata, arrasan”, se sinceró un importante dirigente porteño.

El plan B que se analiza en el PRO porteño es una alianza con partidos como la Coalición Cívica y un sector del radicalismo, una suerte de reedición de Juntos por el Cambio. “Es una alternativa para Jorge Macri, pero no veo una posibilidad de un acercamiento con Rodríguez Larreta ni que Mauricio Macri sea candidato en CABA”, aseguró otro dirigente. Son especulaciones que circulan en las oficinas de Uspallata y en los despachos legislativos.