El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la primera dama Melania Trump, el presidente chino Xi Jinping y su esposa Peng Liyuan caminan por la columnata de la Casa Blanca en Washington D. C., Estados Unidos, el 24 de septiembre de 2026. REUTERS/Evan Vucci

El presidente Donald Trump dedicó buena parte de la primera visita de Estado de Xi Jinping a Estados Unidos en once años a mostrarle sus obras de construcción favoritas en la Casa Blanca, entre ellas un helipuerto de granito recién terminado y el gigantesco esqueleto de hormigón de un salón de baile todavía en obra.

El mandatario chino llegó a Washington en medio de una agenda cargada de tensiones: la inteligencia artificial sin control, Taiwán, la disputa arancelaria y la guerra en Irán, país con estrechos lazos económicos con Beijing. Tras 90 minutos de conversación en el Despacho Oval, Trump condujo a Xi hasta el jardín sur, donde su helicóptero Marine One aguardaba estacionado sobre la nueva superficie de granito.

La cumbre reunió a los líderes de las dos mayores economías del mundo en medio de una escalada tecnológica y comercial que no se resolvió del todo. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, adelantó en una entrevista con Fox News que Washington y Beijing acordaron extender la tregua arancelaria bilateral hasta el 10 de enero, según consignó la agencia Reuters. El anuncio se conoció después de un encuentro no programado entre Bessent y el viceprimer ministro chino He Lifeng.

Persisten diferencias en materia de controles a la exportación de tierras raras y semiconductores, los vínculos de China con Irán y el respaldo estadounidense a Taiwán. Trump había descrito un paquete de armas para la isla por 14.000 millones de dólares como una potencial “ficha de negociación” frente a Xi, quien intensificó la presión militar sobre el territorio autogobernado, de acuerdo con lo publicado por la cadena NBC News.

La visita de Xi a Washington, la primera desde 2015, se produjo después de que ambos países bajaran la intensidad de una guerra arancelaria que en 2025 había elevado los aranceles recíprocos a niveles de tres dígitos. La Casa Blanca aplicó en julio un arancel adicional del 12,5% a importaciones de 60 socios comerciales, incluida China, y prepara otro del 7,5% acusando a Beijing de producir más bienes de los que puede consumir razonablemente, según reportó la cadena ABC News.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de China, Xi Jinping, caminan juntos por la Casa Blanca en Washington D. C., Estados Unidos, el 24 de septiembre de 2026. REUTERS/Evan Vucci

Trump ya había anticipado durante semanas que cuadrillas de trabajadores se apresuraban para terminar el helipuerto a tiempo para la visita del líder chino, a la vez que lamentaba que el salón de baile no estaría listo. Un infante de marina abrió la puerta del Marine One y saludó cuando Trump y Xi subieron a bordo junto con un pequeño grupo de asesores y traductores. Permanecieron varios minutos conversando con los pilotos, aunque la aeronave nunca despegó.

“Tuvimos una gran reunión y él tiene un gran interés en el granito”, afirmó Trump tras mostrarle personalmente la superficie a Xi. El mandatario estadounidense agregó: “Es un experto en piedra, además de muchas otras cosas, y le encanta el buen granito”.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de China, Xi Jinping, conversan junto al Marine One en la Casa Blanca en Washington D. C., Estados Unidos, el 24 de septiembre de 2026. REUTERS/Evan Vucci

Trump señaló con entusiasmo las letras que forman el sello presidencial grabado en la superficie y tocó repetidamente el brazo de Xi, quien le devolvió el gesto una vez. La escena se dio mientras Trump construye la estrategia de campaña de su partido para las elecciones legislativas de mitad de mandato en torno a calificar a los demócratas de “comunistas”.

Trump también gesticuló hacia el salón de baile que edifica en el lugar donde antes se ubicaba el Ala Este, mientras Xi observaba las dos torres de hormigón en construcción. El presidente estadounidense vigiló de cerca la expresión de su par mientras le explicaba el proyecto, fuera del alcance de los periodistas convocados para la ocasión.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, señala mientras está junto al presidente chino, Xi Jinping, en el Jardín Sur de la Casa Blanca en Washington D. C., Estados Unidos, el 24 de septiembre de 2026. REUTERS/Evan Vucci

El recorrido había comenzado incluso antes de la sesión en el Despacho Oval, cuando Trump llevó a Xi por la columnata que conecta la residencia con el Ala Oeste, deteniéndose para señalar con gestos amplios su propio retrato. Entre los dos cuadros de Trump, uno por cada mandato, cuelga una imagen de un autopen firmando el nombre de su predecesor demócrata Joe Biden, en referencia a la frecuente acusación de Trump de que Biden no estaba en condiciones de ejercer el cargo al final de su gestión.

Un video difundido por un asesor de la Casa Blanca mostró a Trump señalando las tres imágenes y diciendo: “Trump, y luego Trump, y este es el autopen”, mientras Xi reía. “Es Biden”, agregó Trump, dándole una palmada en el brazo a su interlocutor.

Trump no dejó pasar la ocasión de exhibir las fotografías que colgó en el Ala Oeste, imágenes suyas en distintas partes del mundo enmarcadas en dorado. Le mostró a Xi una foto de ambos tomada durante su visita a Beijing en mayo. “¿Quién es ese? ¡No lo reconozco!”, bromeó Trump, según el video publicado por el asesor. “Eso es genial. Tenemos mucho respeto por usted. Tenemos esto colgado desde hace un año. Mucho respeto”, agregó. Trump también le mostró a Xi la copia de la Declaración de Independencia que instaló en la pared del Despacho Oval, de acuerdo con una imagen distribuida por la embajada china.