Una tarde familiar estuvo a punto de terminar en tragedia en Carcarañá, Santa Fe, cuando un nene de 2 años se tragó una moneda y comenzó a asfixiarse. Su mamá salió desesperada a la calle para pedir ayuda y tres vecinos intervinieron para salvarlo antes de que llegara la ambulancia.
El episodio ocurrió mientras Aquiles estaba en la casa de su abuela Olga. Su mamá, Cecilia, tomaba mates con la mujer mientras el chico jugaba con una alcancía. En un momento, advirtieron que había tragado una moneda de $1 y que no podía respirar.
“Fue demasiado angustiante. Estaba morado. Salí a pedir ayuda de inmediato”, contó Cecilia en diálogo con La Capital.
Sus gritos fueron escuchados por Fernando Beliz y Ezequiel Bento, que estaban reunidos a pocos metros, en un predio del Sindicato de la Carne. Los dos corrieron hasta la casa y, al comprender lo que ocurría, Beliz tomó al nene y comenzó a realizar maniobras para intentar liberar sus vías respiratorias.

Los primeros intentos no funcionaron. El hombre continuó durante varios minutos, hasta que comenzó a quedarse sin fuerzas. “En un momento sentí que no podía más, mis brazos no daban más y vi al nene entregado”, recordó.
Fue entonces cuando apareció Diego Muzzio, otro vecino que pasaba por la vereda y se acercó para ayudar. Reemplazó a Beliz y, después de dos movimientos, consiguió que Aquiles expulsara la moneda, que terminó entre los pastizales.
Toda la secuencia duró menos de siete minutos. Poco después llegó una ambulancia del servicio de emergencias 107 y trasladó al chico al hospital Carlos Goytia de Carcarañá. Ante la gravedad del cuadro que les habían anticipado, los médicos incluso habían comenzado a preparar un respirador.
Sin embargo, cuando Aquiles llegó al centro de salud estaba fuera de peligro. Los profesionales comprobaron que tenía un pequeño sangrado y enrojecimiento en la garganta, producto de la obstrucción, pero no encontraron lesiones de gravedad. Además, el nene nunca perdió el conocimiento.
Horas después recibió el alta y volvió a la casa de su abuela. Según contó su mamá, ya corría y hasta pedía un helado.
El reencuentro con los hombres que lo auxiliaron tuvo un detalle que sorprendió a todos: Aquiles los llamó “superhéroes”.
Cecilia recordó que, después del susto, incluso fue su hijo quien intentó tranquilizarla. “Él me contenía a mí, me pedía que no llore. Aquiles me consolaba mientras la gente aplaudía”, relató.



