Mientras el mandatario estadounidense pide acelerar la innovación para no ceder ante Pekín, la jefa del Ejecutivo mexicano impulsa controles electorales y un debate interno, con la desinformación como riesgo inmediato

Mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, minimiza los riesgos de la inteligencia artificial y llama a acelerar su desarrollo para no perder terreno frente a China, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, sostiene la postura opuesta: la IA “tiene que, de alguna manera, regularse”.

El contraste entre ambos mandatarios se da en un momento en que el debate sobre los riesgos de esta tecnología se ha intensificado a nivel global, luego de que investigadores de la empresa Anthropic advirtieran sobre posibles escenarios extremos derivados de su avance acelerado.

Trump: “Quien gane en IA, gana”

En una visita a Irlanda, el republicano minimiza advertencias sobre riesgos y afirma que su país va delante de Pekín, al tiempo que admite posibles límites sin frenar la carrera tecnológica global. REUTERS/Kylie Cooper

Este domingo, durante una visita a Irlanda, Trump comparó a los críticos de la inteligencia artificial con “fuerzas muy negativas” que, según él, plantean escenarios que no van a ocurrir. El mandatario defendió el liderazgo de su país en la materia:

“Lideramos a China en IA. Somos el país más sofisticado del mundo y, francamente, quiero que siga siendo así porque quien gane en IA, gana”, declaró a periodistas.

Trump reconoció que existe la posibilidad de imponer ciertos límites (“podríamos poner barandillas”), pero insistió en que las advertencias sobre los riesgos de la tecnología provienen de sectores que “no deberían” plantearlas.

Su postura se da en un contexto donde ejecutivos de empresas de IA han invertido fuertes sumas de dinero en las elecciones legislativas de Estados Unidos del 3 de noviembre, incluido el super PAC de Elon Musk, que ya ha destinado millones a candidatos republicanos.

Sheinbaum: regulación y etiquetado de contenido

Del otro lado, la mandataria mexicana ha llamado en distintas ocasiones a abrir un debate nacional sobre el uso y los alcances de la inteligencia artificial. Apenas esta semana, Sheinbaum reiteró que la tecnología “tiene que, de alguna manera, regularse”, y recordó que su gobierno envió a la Cámara de Diputados una propuesta —aún no aprobada— para que todo contenido generado con IA en campañas electorales se etiquete de forma visible, bajo sanción al partido que incumpla.

  • Preocupación central: la desinformación. “El problema de la inteligencia artificial en el uso de las redes no solamente es el contenido, sino cómo a través de ella se propaga una información que, en la mayoría de los casos, es falsa”, dijo la presidenta.
  • Laboratorio propio: su gobierno trabaja en la creación de un Laboratorio Nacional de Inteligencia Artificial, coordinado desde la Agencia de Transformación Digital, con el objetivo de impulsar el desarrollo tecnológico y diseñar un marco regulatorio.
  • Casos concretos: Sheinbaum ya ha sido blanco de videos y audios falsos generados con IA, incluyendo uno que simulaba declaraciones suyas sobre una supuesta postura frente a Trump.

Un mismo problema, dos velocidades

El contraste no es menor. Mientras Trump plantea que regular de más podría frenar la competitividad frente a China, Sheinbaum ubica el problema en un terreno distinto: la manipulación informativa y el riesgo de fraudes hacia la ciudadanía. La presidenta ha señalado que espera que el Congreso mexicano retome la discusión una vez concluido el debate del Paquete Económico 2027.

En el fondo, ambos gobiernos coinciden en algo: la inteligencia artificial ya es un tema de agenda pública, aunque cada uno responda a ella desde intereses geopolíticos y sociales distintos. Estados Unidos, inmerso en la carrera tecnológica contra China; México, enfocado en contener el uso de la IA como herramienta de desinformación política.

Lo cierto es que, mientras las grandes potencias definen si la IA se acelera o se contiene, países como México observan de cerca cómo esa decisión —tomada fuera de sus fronteras— también terminará moldeando su propio margen de acción regulatoria.