Andri Sibiga, ministro de Exteriores de Ucrania

Mientras los misiles rusos continúan cayendo sobre ciudades ucranianas, Kiev intensifica su ofensiva diplomática para exigir que el Congreso de Estados Unidos apruebe una ley de sanciones contra Rusia que ya pasó el Senado pero enfrenta resistencia en la Cámara de Representantes. El ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Andri Sibiga, advirtió este sábado que la presión sobre el presidente ruso, Vladímir Putin, “sigue siendo insuficiente” frente a una “campaña de terror” que no da señales de ceder.

La declaración de Sibiga llegó en un día especialmente violento: al menos cuatro personas murieron y cerca de 60 resultaron heridas en ataques rusos contra las regiones de Zaporizhzhia, Odesa, Donetsk, Dnipropetrovsk, Sumi y la capital, Kiev. El canciller ucraniano subrayó que Putin actúa así “porque la presión sobre su régimen sigue siendo insuficiente” y reclamó que Washington avance sin demora en la legislación pendiente.

“Moscú está intensificando su campaña de terror contra Ucrania, cometiendo a diario crímenes atroces contra la población civil y rechazando los esfuerzos de paz”, alertó Sibiga en un mensaje en redes sociales.

En esa línea, afirmó que “reforzar las sanciones contra Rusia es fundamental para avanzar hacia la paz”.

Un edificio de apartamentos dañado durante un ataque ruso con drones, en medio de la ofensiva de Rusia contra Ucrania, en Odesa, Ucrania (REUTERS/Nina Liashonok)

El proyecto en cuestión es la “Ley Lindsey O. Graham de Sanciones a Rusia e Irán de 2026”, impulsada por el fallecido senador republicano de Carolina del Sur. El Senado la aprobó el 7 de agosto con una mayoría aplastante de 86 votos a favor y 11 en contra, con respaldo de republicanos y demócratas, mientras el presidente ucraniano Volodímir Zelensky observaba una votación procedimental tras reunirse con legisladores para presionar por su aprobación. El presidente Donald Trump también ha manifestado su apoyo a la medida.

Si se convierte en ley, la legislación permitiría imponer aranceles de hasta el 500% sobre todas las importaciones provenientes de Rusia y tasas de hasta el 100% sobre los bienes de países que sean grandes consumidores de energía rusa, entre ellos China, India, Japón y algunas naciones de la Unión Europea (UE). La norma también prohibiría nuevas inversiones estadounidenses en el sector energético ruso, restringiría las exportaciones de energía hacia ese país y sancionaría a funcionarios del Kremlin y a instituciones financieras rusas.

Sin embargo, esas mismas disposiciones arancelarias generan resistencia en la Cámara de Representantes. Legisladores de ambos partidos y representantes de sectores industriales advierten que las nuevas atribuciones otorgadas al presidente podrían encarecer las importaciones para los consumidores estadounidenses y exponer a los republicanos a un costo político de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre.

Agentes de policía permanecen en el lugar donde un edificio de apartamentos fue alcanzado por un ataque de un dron ruso, en medio del ataque de Rusia contra Ucrania, en Kiev (REUTERS/Gleb Garanich)

En paralelo al frente diplomático con Washington, Zelenski abrió otra puerta: dijo estar dispuesto a encontrarse con Putin en los márgenes de la cumbre del G20 prevista para mediados de diciembre en Miami. Lo hizo en una entrevista con la cadena alemana DW desde la base aérea canadiense de North Bay, donde se reunió con pilotos ucranianos que reciben entrenamiento allí.

“No se trata de palabras. Lo que yo le diga o lo que él quiera decirme no importa... Importan los resultados. Eso es todo”, afirmó el mandatario ucraniano. Zelenski lleva tiempo reclamando un encuentro en persona con el jefe del Kremlin, al sostener que ciertas cuestiones —en particular el aspecto territorial, que bloquea las conversaciones de paz— solo pueden resolverse a nivel de líderes.

El Kremlin respondió con cautela: el asesor presidencial Yuri Ushakov dijo al diario ruso Izvestia que “ni siquiera hemos discutido” la posibilidad de un viaje de Putin al G20, aunque aclaró que los preparativos para la cumbre avanzan “a nivel de expertos con normalidad”. Moscú sostiene que una reunión entre ambos presidentes solo tiene sentido para sellar acuerdos ya alcanzados por sus respectivos equipos negociadores, posición que choca frontalmente con la de Kiev.

Volodimir Zelensky dijo que está dispuesto a reunirse con Vladimir Putin en la cumbre del G20 en Miami prevista para diciembre (REUTERS/Ahmed Zakot)

El presidente ucraniano también aprovechó la entrevista con DW para trazar un cuadro preocupante del balance de fuerzas en materia de defensa aérea. Rusia produce actualmente unos 140 misiles balísticos al mes, señaló, y para interceptarlos según los estándares de la OTAN haría falta el doble de proyectiles: 280 unidades mensuales.

“Entre nosotros, es un reto tremendo conseguir 100 misiles al mes. Eso es lo que quiero. Quiero tener 100-120 para estos meses difíciles, en especial los meses fríos”, dijo Zelensky, en alusión al período invernal en que los ataques contra la infraestructura energética ucraniana suelen recrudecerse. El mandatario emplazó a Estados Unidos y a los países europeos a intensificar el suministro de munición para los sistemas antimisiles Patriot.

Pese a ello, Zelensky aseguró que Ucrania se encuentra en una posición de mayor fortaleza en el campo de batalla, mientras que Rusia paga “un gran precio” por los pequeños avances que sigue logrando en el frente. En ese contexto, consideró que Kiev está en “buena posición” para negociar y calificó de “una buena señal” la reciente visita a la capital ucraniana de los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner, aunque reconoció que el encuentro no arrojó resultados concretos.