
Los murciélagos son los únicos mamíferos que vuelan de manera sostenida. Se orientan con sonidos, algunas especies viven más de lo esperable para su tamaño y varias muestran una resistencia particular a ciertas enfermedades. Un nuevo trabajo científico, liderado por la Universidad de St Andrews, propone que su origen estuvo en Europa hace unos 65 millones de años.
Durante décadas, los científicos discutieron en qué continente habían aparecido los primeros murciélagos. Asia, África y América del Norte figuraban entre las posibilidades. También faltaba establecer con claridad cómo se relacionan las familias actuales y en qué momento surgieron el vuelo y la capacidad de orientarse a través del sonido.
El estudio, publicado en la revista Nature, comparó la información genética de 103 especies actuales con el registro de 44 fósiles. La investigación reunió a 137 investigadores de 64 países dentro del consorcio Bat1K, dedicado al estudio de los genomas de estos mamíferos
Europa aparece como el origen más probable de los murciélagos
Desde ese posible punto de partida, los descendientes más antiguos se habrían desplazado primero hacia África. Luego, distintas ramas se extendieron hacia Asia, América y Australia. Esta reconstrucción cuestiona las hipótesis que ubicaban el origen de los murciélagos en otros continentes.

Para reconstruirlo, el equipo incorporó representantes de las 21 familias reconocidas y comparó su ADN con fósiles hallados en distintas regiones del mundo. Esa combinación permitió ordenar los vínculos entre especies actuales y extinguidas en un árbol de parentescos.
A partir de ese mapa, los investigadores también reconstruyeron el genoma de un ancestro del grupo. El genoma reúne toda la información genética de un ser vivo. Según se detalla en el estudio, este modelo permite aproximarse a las características de uno de los primeros mamíferos de esta línea que logró volar.
La bióloga Sonja Vernes, directora de Bat1K y autora del estudio, destacó en el comunicado institucional que los murciélagos “no dejan de sorprendernos” y que son “uno de los mayores experimentos de la evolución”. Añadió que la colaboración internacional reunió el material necesario para comprender mejor cómo se formaron sus rasgos distintivos.
La orientación por sonido habría surgido junto con el vuelo
El nuevo árbol evolutivo permite precisar cuándo apareció la ecolocalización, el nombre que recibe la capacidad de emitir sonidos y reconocer los ecos que regresan tras chocar con un objeto. Este recurso permite a muchas especies moverse y buscar alimento en la oscuridad.
La clave está en la ubicación del fósil Vielasia en el linaje más antiguo identificado por el estudio. Esa posición indica que la ecolocalización ya existía antes de que se separaran los grupos modernos de murciélagos.

Ese resultado vincula la orientación por ecos con otra adaptación decisiva, el vuelo activo. La Universidad de St Andrews señaló en su comunicado que “dos de las características que definen la biología de los murciélagos, la ecolocalización y el vuelo activo, se establecieron cerca del origen del grupo”. A diferencia del planeo, el vuelo activo requiere que el animal se impulse de manera continua mediante el movimiento de las alas.
La presencia temprana de ambos rasgos ayuda a comprender la posterior diversidad del grupo, que hoy supera las 1.500 especies. El estudio no los presenta como la única causa de esa expansión, aunque plantea que contribuyeron a su trayectoria evolutiva durante millones de años.
La posibilidad de integrar los restos antiguos con la información de especies vivas fue central para alcanzar esa conclusión. Liliana M. Dávalos, profesora de la Universidad de Stony Brook y autora del estudio, afirmó que el método utilizado “permite hacer lo que otros no pueden”. Según explicó, el enfoque identifica el grupo fósil más antiguo y establece cuándo y dónde se originaron los murciélagos.

Además de su interés científico, los murciélagos cumplen funciones relevantes en los ecosistemas. Polinizan plantas, dispersan semillas y consumen grandes cantidades de insectos que pueden convertirse en plagas. Conocer su historia evolutiva también ayuda a comprender la diversidad de un grupo con efectos directos sobre el equilibrio de los ambientes donde habita.
Los genomas ofrecen una base para estudiar la longevidad y las enfermedades
La investigación no se limita a ordenar el pasado de los murciélagos. La colección de genomas ofrece una referencia para estudiar por qué varias especies viven mucho tiempo en relación con su tamaño y por qué algunas muestran una resistencia particular frente a enfermedades.
El trabajo no propone tratamientos ni aplicaciones médicas directas para las personas. Su aporte consiste en ofrecer una base para que futuras investigaciones examinen qué genes se asocian con la longevidad, las defensas del organismo y la respuesta a las enfermedades en estos animales.

Vernes afirmó en el comunicado de prensa que el recurso genético reunido por Bat1K “por fin nos permite entender cómo evolucionó su biología”. La científica sostuvo que esa información permitirá investigar con mayor precisión las características que distinguen a los murciélagos de otros mamíferos.
Los datos incluyen especies estudiadas durante décadas en diferentes regiones del mundo, incluso familias poco frecuentes y de distribución limitada. La amplitud del conjunto permite comparar especies distantes y observar qué cambios hereditarios surgieron en cada una de sus ramas evolutivas.


